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Itinerario Político | Ricardo Alemán

El PRI que viene

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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A poco más de dos años de la sucesión presidencial de 2012, muchos dudan del regreso del PRI

Domingo 08 de noviembre de 2009

¿Vuelve el tricolor, o regresa el pasado?

Nos arrebataron todo, hasta la izquierda

A poco más de dos años de la sucesión presidencial de 2012, muchos dudan del regreso del PRI. Más aún, en una suerte de negación de la realidad, ensayan hipótesis en las que el partido azul se alza con la victoria por tercera ocasión o, en la apoteosis, imaginan inédita victoria de la izquierda.

Pero más allá de sueños imposibles y deseos impensables, la terca realidad muestra a un PAN fracasado —a sólo 9 años de asumir el poder presidencial— y a una izquierda destruida por sus propias guerras intestinas, y fragmentada en PRD, PT y Convergencia. Aún si hoy iniciara el renacimiento del PAN y la refundación del PRD, parece imposible una victoria azul o amarilla en 2012. ¿Por qué? Porque en la última década caminaron juntos PRI, PAN y PRD, pero lo hicieron sobre sus pasos, en reversa de la democracia electoral y de la democracia a secas que por décadas construimos todos.

MÁS QUE EL PRI, REGRESA EL PASADO

A los ojos de todos, y con la complicidad de muchos, desde 2000 el PRI se dio a la tarea de regresar no sólo al poder —lo que es razón de ser de todo partido—, sino de voltear de cabeza todo el engranaje institucional que hizo posible que los ciudadanos lo echaran del poder. Es decir, los señores del PRI entendieron que con esas reglas del juego no regresaría nunca a Los Pinos. Por eso, antes de intentar el regreso al poder, debían volver las cosas a su estado original. ¿Y cuál era ese estado?

Un PRI fuerte, una derecha e izquierda destruidas y una ciudadanía desencantada de la democracia. Y claro, todo ello edificado sobre las ruinas de las leyes que en la década previa a 2000 hicieron posible que la derecha y la izquierda se convirtieran en alternativas electorales y de poder; que los ciudadanos tuvieran en sus manos los procesos electorales y los institutos autónomos —IFE, TEPJF, CNDH, IFAI...—, y que los electores creyeran en la democracia electoral y a secas.

Frente a los ojos de todos, PRI, PAN y PRD nos arrebataron, pervirtieron y convirtieron en rapiña de sus intereses a instituciones fundamentales como el IFE, TEPJF, Cofipe, CNDH, IFAI y muchas otras, que a nivel federal y estatal hoy son manejadas como vulgares cuotas al estilo del viejo PRI.

Pero a los ciudadanos no sólo nos arrebataron esas instituciones y esas reglas, sino la esperanza por la democracia. Por eso, antes que regrese el PRI, están de vuelta las viejas reglas del juego.

COMPLICIDAD DE PAN Y PRD

Pero la gran paradoja —y el gran engaño— es que el regreso del pasado no sólo fue un deseo y una acción deliberada del PRI, sino que para ello el tricolor contó con la complicidad del PAN y del PRD, los otrora partidos opositores de la derecha y la izquierda que trabajaron por más de dos décadas “para echar al PRI del poder”, para alcanzar la alternancia en el poder, la transición democrática; para arrebatar al gobierno el control electoral para dejarlo en manos de los ciudadanos. Pero al final del día, el PAN y el PRD se aliaron al PRI para que todo regrese al mismo lugar que antes de 2000.

Y es que el PRI colonizó al PAN y al PRD —con la más cuestionable subcultura política—, y de adversarios pasaron a ser no sólo en aliados sino cómplices de la contrarreforma electoral para pervertir todo o casi todo lo que había ganado la sociedad con el advenimiento de la democracia electoral. La elección del nuevo presidente de la CNDH es el mejor ejemplo de la perversión partidista de los organismos autónomos. A ningún partido le importan las instituciones, sino el valor de ellas en tanto monedas de cambio político y electoral.

Los otrora rabiosos críticos del PRI —basta recordar el papel que jugaron el PAN y el PRD en la década de los 90 del siglo pasado—, hoy le hacen el juego al tricolor y confirman que ante esa aplastante cultura priísta, los azules y los amarillos son proyectos culturales y políticos fallidos. ¿Quién le va a rendir cuentas a la sociedad por esos fracasos?

AZULES Y AMARILLOS, FRACASO CULTURAL

¿Qué significa que el escenario para 2012 sea el de un PRI fuerte, una derecha y una izquierda debilitadas hasta la destrucción, y que la ciudadanía no crea en los partidos, los políticos y menos en la democracia electoral?

Lo anterior podría suponer a un PRI maquiavélico; audaz, calculador y eficiente. Pero no es para tanto. El regreso al pasado no fue obra sólo del PRI, sino que todos trabajaron para ello, sobre todo los gobiernos del PAN y del PRD, partidos y gobernantes incapaces de hacer crecer sus propios proyectos políticos y culturales y su fuerza para impedir el avance dentro de sus filas de lo más rancio del viejo PRI. Los ejemplos sobran.

El gobierno de Fox no sólo fue un fracaso, sino que estuvo lejos de la transición y del cambio. Se quedó en grosero “quítate tú para ponerme yo”. Al final fue una mala copia de gobiernos del PRI, al grado que no pocos añoraron al tricolor.

Algo similar ocurrió con los gobiernos del PRD en el DF y otras entidades. Los amarillos son idénticos al PRI: corruptos, transas, malos gobernantes, mentirosos, nada democráticos y sin la menor memoria de lo que significa la izquierda.

Bueno, el PRI fue tan eficaz en su estrategia, y sus aliados azules y amarillos tan brillantes en su papel destructivo, que hasta le arrebataron a los ciudadanos la esperanza por una izquierda real. ¿Quién puede creen hoy en la izquierda de AMLO, de Ebrard, Ortega, Navarrete, Dante Delgado, Anaya, Muñoz Ledo, Camacho...? El PRI llegará a 2012 como llegó a la sucesión presidencial de hace tres décadas: sin oposición, ¿o no?



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