Del Tezontle al Centzontle
Viernes 17 de octubre de 2008
Hace cosa de tres años el Fondo de Cultura Económica lanzó una nueva colección de libros que se sumó a las muchas de las que consta su ya vasto catálogo. Esta nueva colección, que lo mismo acoge autores ampliamente reconocidos que a otros menos nombrados e incluso jóvenes, lleva por nombre Centzontle y ya cuenta con al menos 33 títulos de diversos géneros y temas: poesía, ensayo, cuento, crónica, historia, filosofía, política, biografía, epistolario, teatro, etcétera. Lo curioso es la historia editorial que hay detrás de este nombre.
Como muchos saben, cenzontle es un ave canora y el término es de origen nahua (centzuntli) que significa “cuatrocientas voces”, es decir el ave de las cuatrocientas voces. El Diccionario de la Lengua Española de la RAE define al cenzontle (o cenzonte) como “pájaro americano de plumaje pardo y con las extremidades de las alas y de la cola, el pecho y el vientre blancos”, añadiendo que “su canto es muy variado y melodioso”.
El Diccionario del español usual en México (El Colegio de México, 1996) admite, al igual que la RAE, cenzontle, pero también sus variantes centzontle y zenzontle, y María Moliner, en su Diccionario de uso del español, agrega sinsonte, variante igualmente registrada por Francisco J. Santamaría en su Diccionario general de americanismos (1942), donde agrega, además, de cenzontle, cenzoncle, zenzoncle, zenzonte y centzontlatole.
Guido Gómez de Silva, en su Diccionario breve de mexicanismos (Academia Mexicana / Fondo de Cultura Económica, 2001) no registra centzontle pero sí cenzontle, sensontle, sinsonte y zinzontle, con lo cual se demuestra que esta ave canora no sólo es la de las 400 voces sino la de los mil nombres.
Pues bien, la colección Centzontle del Fondo de Cultura Económica surgió de algún modo para reparar una errata que no deja de ser graciosa en el mundo editorial. La historia la refiere Francisco Giner de los Ríos en la reseña de la colección Tezontle que está en las páginas del Libro conmemorativo del 45 aniversario (1980) de esta casa editorial, la cual fue fundada en 1934 (y que el año próximo celebrará su 75 aniversario).
Cuenta Giner de los Ríos: “Tezontle nació en mayo de 1940 [...]. La primera ‘Edición Tezontle’ fue mi Rama viva, libro de poemas que me regaló un grupo de amigos. El Fondo contribuyó con papel de suficientes kilos y la generosa distribución de la mitad de sus 500 ejemplares. El nombre de la hermosa piedra de México se introdujo como pie editorial en forma bastante pintoresca. En uno de sus escasos momentos líricos, [Daniel] Cosío Villegas propuso que se pusiera al libro como pie Centzontle, por aquello de la poesía y del ruiseñor. Dictada por teléfono a la imprenta la palabra, las zetas españolas debieron ser tan sólidas que el pájaro se trasmutó en piedra. Creo que la equivocación fue afortunada en todos sentidos y que el nombre resultó un acierto. Lo que tenía alas de origen y hubiera sido quizá volandero y transitorio, encontró entonces, en su solo nombre, sillar en que fundarse”.
En Tezontle aparecieron libros de autores como Octavio Paz, León Felipe, Carlos Pellicer, Alfonso Reyes, Luis Cernuda, Max Aub y un gran etcétera como las 400 voces del cenzontle. Hoy, los libritos de la colección Centzontle están en formato de bolsillo y con delicado diseño. Sus autores van de George Steiner y Jürgen Habermas a Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y Alfonso Reyes, entre los más ilustres.
Esta historia editorial no deja de ser divertida y es, de algún modo, uno de los escasos testimonios de la errata feliz.


