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Itinerario Político | Ricardo Alemán

Que hablen los hechos, no el bla bla

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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¿Cuál es la capacidad del Estado para enfrentar al narcoterrorismo?
El reto es del tamaño de la respuesta que esperamos los ciudadanos


Jueves 18 de septiembre de 2008

Parece quedar claro para todos —a regañadientes en algunos casos— que está en juego no sólo la seguridad nacional, sino la supervivencia misma del Estado y de la naciente democracia.

Ante el terrorismo criminal, parece saludable la capacidad de indignación social, el impensable reflejo unitario de los actores políticos, la solidaridad mostrada con todas las víctimas del crimen, la arenga para no dejarse vencer por la adversidad, el llamado a cerrar filas, la promesa de castigo a los responsables —gobiernos estatal y federal—, las buenas intenciones respecto a impedir que reine la impunidad… buenos discursos, sensibilidad impecable entre gobiernos, partidos, instituciones y clase política. Pero existen interrogantes que no encajan. ¿Y luego? ¿Qué pasará el día después?

Y no, no se trata de jugar el papel de “ave de mal agüero” ni de asumir el de “abogado del diablo”. No, en todo caso parece haber llegado el tiempo de ver con frialdad el formidable reto que supone para el Estado, los tres órdenes de gobierno y las instituciones en general, la presencia en nuestra vida institucional y cotidiana del “narcoterrorismo”, flagelo que ya acabó con libertades básicas —como el tránsito libre y seguro, la confianza en el Estado, no tener miedo a ser secuestrado, asesinado o morir despedazado—, que nos ha hecho rehenes del miedo y que toma mal parados tanto al Estado como a sus gobiernos y gobernantes.

Hablando en plata: ¿Cuál es la capacidad del Estado, gobiernos e instituciones para hacer frente al narcoterrorismo? ¿Cuál es el potencial tecnológico, científico, de inteligencia, capacitación y adiestramiento para enfrentar una guerra como la que plantean los terroristas que ya están entre nosotros? ¿Cómo hacer frente al terror, a sus cualidades de clandestinidad, sorpresa, fuerza y potenciales desconocidos, si como Estado hemos sido incapaces de resolver secuestros que nos avergüenzan, ofenden e insultan? ¿En qué parte del mundo ha sido derrotado el terrorismo?

Hace bien el presidente Calderón al reclamar unidad, que todos dejen de lado la mezquindad y arengar fortaleza en torno del Estado; advertir que el Estado no está ni estará de rodillas ante los criminales, a los que promete detener, enjuiciar y castigar. Muy bien. ¿Pero luego qué sigue? Pregunta pertinente porque —frente a las notorias deficiencias institucionales— está claro que se requiere mucho más que palabras, promesas y buenas intenciones. Es hora de que hablen los hechos.

Y es que frente a una emergencia extraordinaria como la que vivimos —que si bien nadie imaginó, algunos la advirtieron—, Felipe Calderón está obligado a realizar mucho más de lo que pensó cuando soñó con el cargo presidencial; si quiere pasar a la historia como aquel estadista, líder capaz de la moderna independencia y revolución —a 200 años de la primera y 100 de la segunda— está obligado a multiplicar esfuerzos, ideas, talento, talante y olfato para sublimar a un gobierno que en ocasiones se ve paralizado y en otras rebasado.

Ante la emergencia y frente a una responsabilidad inédita y también formidable, parece obligado a recurrir a los mejores hombres y mujeres, del origen político y partidista que sea —y más allá de sus amigos y fidelidades—, porque también él, el Presidente, debe anteponer la fortaleza, salud y supervivencia del Estado y la República a su visión única y acaso reducida, a las cuestionadas capacidades de su grupo. ¿Son los mejores para hacer frente a la emergencia? Los hechos muestran que no. Aquí de nueva cuenta hablan los hechos.

Y es que el reto que enfrentan Calderón y su gobierno —que también medirá a gobiernos estatales, municipales, partidos, políticos, legisladores, líderes, empresarios y medios— es del tamaño de la respuesta que esperamos los ciudadanos, y será del tamaño que quiera alcanzar Calderón frente a la historia. Hoy es depositario del mandato de los ciudadanos que, vale decirlo, somos los mandantes. Pero también es cierto que Calderón puede decidir seguir como hasta ahora; entonces será recordado por lo que dejó de hacer más que por lo que hizo e hizo bien.

Pero también es tiempo de congruencia y del “¡fuera máscaras!” de los adversarios de Calderón. Condena AMLO todo acto “de violencia que transgreda la estabilidad política y social del país”. Otra vez los hechos hablan, y dejan a López Obrador no sólo en calidad de incongruente, sino de mentiroso. Y Marcelo Ebrard llama a “cerrar filas en torno al Estado”. ¿A cuál Estado? ¿Al que jefatura Calderón? Tercos, los hechos también lo desmienten. Y es que los hechos dicen más que mil palabras.



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