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Agenda del debate | José Carreño Carlón

Zozobra: la devastación de la confianza

José Carreño Carlón: Premio Nacional de Periodismo por artículo de fondo, director de la oficina presidencial de comunicación, son algunos ...




El sacrificio del niño Martí, luz sobre miles de víctimas de la inseguridad
O habla ahora la sociedad civil o “calla en la mutilación de la metralla”


Jueves 07 de agosto de 2008

La agenda de la semana refuta el reproche a los medios de que se ocupan de las tribulaciones o los éxitos de los actores sociales prominentes, a costa de la atención de los sufrimientos y las luchas de la gente común. Porque la centralidad mediática alcanzada por el sacrificio del niño Fernando Martí ha lanzado luz sobre los padecimientos de los mexicanos de todas las clases sociales ante el descontrol de la seguridad pública.

El drama de esta familia asociada al carisma institucional de Deportes Martí puso en el centro de la atención pública el crecimiento exponencial del secuestro de personas —de las más diversas condiciones sociales— y la identidad de los criminales como miembros de las policías, en este caso, las del DF. Pero además trajo a las mentes de audiencias y lectores la situación límite en que viven en nuestro país millones de seres humanos expuestos al asalto y a la muerte en sus casas y en las calles, en el entorno de las más variadas y brutales formas de extorsión policial.

Sin duda, la relevancia social de las personas es uno de los principales factores que agregan valor a las noticias. De allí la intensidad con que los medios colocaron el dolor de la familia Martí a la cabeza de la agenda de la conversación y el debate públicos. Pero de allí también los fuertes efectos simbólicos que desencadenó en la colectividad la destacada exposición de las circunstancias en que se produjo este acto de barbarie.

La alta visibilidad del padre de la víctima, Alejandro Martí, su liderazgo social y su compromiso con una serie de causas buenas, le dieron una impactante visibilidad al crimen. Aquí deja de ser un eufemismo la jerga policial que clasifica este hecho entre los “secuestros de alto impacto”, porque ha sido devastador —y lo será todavía más con el correr de los días— el impacto en la confianza pública la colocación de estas realidades en el primer plano de la preocupación de las personas y de las familias.

Las imágenes de Fernando Martí en su último viaje a la escuela terminarán de instalarse en el imaginario colectivo. Y todo aquel que se tope con un retén de fuerzas públicas tenderá a ver en él un dispositivo de secuestro ante el cual no sabrá si enfrentarlo, tratar de huir o simplemente encomendar el alma al cielo. Y por esta vía, todo agente policial —e incluso todo exponente gubernamental— llegará a ser sospechoso de pertenecer a las bandas que han creado esta zozobra social. Porque la pregunta más escuchada desde el sábado en la esfera pública nacional es: “¿Hasta dónde habrán llegado las complicidades?”.

En nada contribuye a construir respuestas convincentes a esa pregunta el descubrimiento de ayer de que está vivo el escolta de Fernando que la Procuraduría del DF dio por muerto el día del secuestro. Como tampoco aporta nada a restaurar la confianza la foto, circulada también ayer, del jefe de Gobierno del DF entregándole su ascenso como comandante de la Policía Judicial al sospechoso mayor del crimen, unos días después de consumado el secuestro.

La centralidad de la tragedia de la familia Martí pone a su vez en el centro de las percepciones públicas una zozobra asumida como hundimiento de la confianza social en las autoridades, como fracaso de las instituciones y como símbolo de la inquietud de una población que se percibe gravemente amenazada.

“La impotencia invade a la sociedad civil”, lamenta un mensaje de Alfredo Harp e Isabel Grañén. Pero del encauzamiento que se dé a la indignación y la consternación dependerá establecer si estamos en camino de “El retorno maléfico” de la Zozobra de López Velarde, “al edén subvertido que se calla/en la mutilación de la metralla”. O si —como parecería haber condiciones— surge un elocuente movimiento social de unidad contra la delincuencia y sus redes infiltradas en las instituciones.



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