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Itinerario Político | Ricardo Alemán

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Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Miércoles 11 de junio de 2008

Creel ya no era útil

¿Por qué fue removido de la je-fatura senatorial del PAN el señor Santiago Creel? Fue la pregunta que dominó el escenario político doméstico desde la tarde del lunes hasta hoy.

Y como era previsible se escuchó todo tipo de argumentos, tantos como la imaginación es capaz de producir, sin faltar aquellos que suponen una venganza de la casa presidencial y del CEN del PAN, hasta los que imaginan una claudicación frente a “horribles poderes fácticos” como los de Televisa; o aquellas versiones que imaginan que a un político vapuleado como Creel aún le puede acarrear un costo político reconocer la paternidad de una hija fuera de lo que entonces fue su matrimonio.

Pero el impacto de un relevo como el de Creel no está en las causas reales que lo propiciaron, por un lado, y menos en las realistas o disparatadas lecturas que salen de la “opinocracia”, por el otro. El asunto de fondo, las repercusiones reales, el recuento de daños, se deberá hacer a partir de la lectura que hace la sociedad. Es decir, de las conclusiones que saca el hombre de la calle, el ciudadano de a pie, el que en muchos casos se guía sólo por el olfato.

Por eso, y más allá de que las razones que provocaron la salida de Creel hayan sido producto de un frío y pragmático cálculo político —el costo de mantener a Creel era mayor al beneficio de removerlo—, lo cierto es que la voz popular lo ve como una crisis interna del PAN y del gobierno, si no es que como una derrota de un sector del partido —el de la extrema derecha que fue la corriente que impulsó a Creel y que lo sostuvo hasta hace no mucho— y como parte de las señales que muestran una guerra intramuros.

Y ese, el de la realista y/o disparatada percepción social ante las decisiones de gobierno, es un problema que no han visto y menos resuelto el propio presidente Calderón y mucho menos su escudero en el PAN, Germán Martínez. Y es que en Los Pinos y en la colonia Del Valle actúan de la misma manera que lo hacía el PRI y que lo hacen en el PRD; quitan y ponen servidores públicos al antojo y a las ocurrencias del jefe en turno, sin explicar a los ciudadanos las razones de esa mudanza y los motivos para llamar a otros colaboradores.

Y para bien o para mal, frente a esos cambios sin explicación, el gobierno y los partidos —en este caso el de Calderón y el PAN— estimulan las versiones disparatadas que, al no tener un contrapeso o la respectiva aclaración, se convierten en regla, en verdad absoluta. Hoy, mañana o en los meses próximos serán tomadas como verídicas las versiones de que Creel dejó la coordinación porque el PAN de Germán Martínez o el gobierno de Calderón retrocedieron a las presiones “de los poderes fácticos como los de Televisa”; porque Creel fracasó en la negociación de la reforma petrolera o, ya en el delirio, porque le afectó la imagen de reconocer de manera pública una hija fuera del matrimonio.

¿Cuál de las muchas versiones tiene asideros? En Televisa dicen que no metieron la mano, “porque Creel tropezaba consigo mismo”, a pesar de que durante meses su imagen no apareció en pantalla, y menos en lo relativo a la reforma petrolera. En el PAN aseguran que es falso el rumor de una venganza o una reacción timorata por el reciente reconocimiento de su paternidad —por cierto, Germán Martínez no es ejemplo de religiosidad— y que la decisión no es más que “una reestructuración para buscar una mayor eficacia, porque 2009 es una prioridad”. En el PAN se sintetiza así la decisión: “Santiago se fue porque ya no era útil”. Y en la casa presidencial, de voz del propio Presidente, se dice que “es tiempo de trabajar por un mismo objetivo”. ¿A quién debemos creerle?

Lo cierto es que sólo los que cerraron los ojos no vieron lo que venía y lo que viene en el PAN y en el gobierno federal. En el Itinerario Político del jueves 29 de mayo dijimos: “El presidente Calderón, dicen algunos de sus cercanos, está molesto, malhumorado porque las cosas no salen como el jefe de las instituciones lo imagina. La incomodidad es de tal nivel que algunos apuestan a que en áreas estratégicas de la administración calderonista pronto se producirá no sólo un cambio de ruta, sino hasta de tripulación”.

Apenas el pasado viernes 6 de abril, en Los Pinos, el presidente Calderón reunió a un millar de colaboradores —todo lo que se conoce como el gabinete formal y ampliado, y otros sectores del gobierno— a quienes en un inédito discurso de hora y media les leyó la cartilla. Les dijo, palabras más o menos, que su gobierno tiene un solo jefe, un solo objetivo, una sola meta; que más que ambiciones personales está por encima hacer realidad el México que se propone el PAN. Empleó la fórmula discursiva —a la mexicana, claro— del pastor y defensor de los derechos civiles, Martin Luther King: “Vemos a México en el 2030…”, y hasta recordó las enseñanzas doctrinarias de su padre.

El mensaje parecía claro. El rumbo del gobierno, según el Presidente, es el correcto. Y todos sus colaboradores deben hacer su parte. Los que no lo entiendan, los que no sean útiles, simple y sencillamente se van.

Y el primero en irse fue precisamente Santiago Creel —quien se va de la coordinación, pero sigue como senador, como presidente de la Mesa Directiva del Senado, y como panista—, a quien, a querer o no, se le debe buena parte de la caída de la ley Televisa y la expulsión de los medios en los procesos electorales, con todas sus inconveniencias.

La salida de Creel se debe, en resumen, a un conjunto de situaciones políticas, personales, mediáticas, operativas que, sumadas, lo convirtieron en un político que ya no era útil para el proyecto del gobierno del presidente Calderón y del dirigente del PAN. Y en política, como en la casa de todos, un fusible que se funde, que ya no sirve para su objetivo de origen, se debe cambiar por uno nuevo. Pragmatismo elemental.

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