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Un pez gordo en la reforma de Pemex



COLUMNAS ANTERIORES


    Domingo 20 de abril de 2008

    UN PEZ GORDO EN LA REFORMA DE PEMEX

    (Tiene dedos largos y no es pianista)

    Qué corta es la memoria.

    Pemex y su reforma entrampada. El capítulo podría llamarse “La paraestatal, en manos de sus verdugos”. Tragicomedia en la que aparecen viejos personajes vinculados a esta empresa, pero con nuevos ropajes, algunos con disfraz de cordero.

    Uno de ellos es el presidente de la Comisión de Energía del Senado, Francisco Labastida Ochoa.

    Es responsable de conducir los trabajos para la reforma a Pemex que el Ejecutivo mandó al Senado.

    Una pequeña visita a su pasado político nos lleva al lugar común: al inevitable “La Iglesia en manos de Lutero”.

    El historial

    Entre los máximos galardones del ahora senador priísta están haber sido secretario de Energía, de Gobernación y candidato a la Presidencia en 2000; contienda ésta que perdió ante el panista Fox, a quien acusó, por cierto, de llamarle “mandilón” y “Lavestida”.

    Pero el brillante en su corona está en que fue el beneficiario de uno de los mayores fraudes documentados en la historia política del país: el Pemexgate. Y como el nombre lo delata, el delito fue en agravio de la paraestatal: más de mil millones de pesos del patrimonio de la empresa petrolera desviados a la campaña de Labastida Ochoa.

    Pero ahora resulta que el señor Labastida, con ropaje de salvador de la patria, es el que dirigirá las tareas para definir el futuro de Petróleos Mexicanos. Así de corta es la memoria.

    MÁS LEÑA

    A LA HOGUERA

    Parecía un buen comienzo. La autocrítica había llegado… Quizá un poco tarde; a dos años de administrar al país, sin embargo, despertaba la esperanza de que es posible recomponer el paisaje arrasado de la relación con la izquierda luego de la refriega por la Presidencia de la República en 2006.

    Bíblico, Felipe Calderón lanzó en un acto en Cancún: “Cuando se siembra odio, cuando se siembra división, cuando se siembra cizaña, se recoge también encono y división”. Palabras que anunciaban el mea culpa presidencial ante las heridas políticas que no cicatrizan tras el 2006 de la guerra sucia, encono del cual fue beneficiario.

    Pero el desengaño desembarcó pronto. No había sido un acto de contrición, sino una nueva diatriba presidencial contra su pesadilla, su Frankenstein, que amaga con mantener cercos y acosos.

    En fin, más gasolina al fuego.

    Tolerancia a la derecha

    Ante la toma de las tribunas en el Congreso y las protestas de las adelitas, el gallardo senador panista Felipe González Alcocer se subió al pancracio y mostró el mejor rostro de la tolerancia: pidió el uso de la fuerza pública para acabar con las acciones de la oposición. Y advirtió a la tropa del FAP que no permanecerán con la cabeza gacha. “No nos tienten. La violencia genera violencia”. Cuentan que luego de lo dicho sacó su pistola de chinampinas y quemó varias tiras del explosivo al aire…

    Y las voces de ese otro extremismo que aún se resiste a decir su nombre claman por un golpe de fuerza que frene “los atentados contra la democracia mexicana”; exigen acabar ya con ese problema muy serio: el “líder moral” de la izquierda golpista y sus seguidores, cómplices. El clamor llega a la tv también en formato de spots: antes, acabar con el peligro para México; ahora, acabar con la amenaza a la paz. El ruido crece.

    EL TERRORISMO DE URIBE

    Los hechos:

    1. Álvaro Uribe, presidente de Colombia, ordenó un bombardeo contra un campamento de las FARC ubicado en territorio de un país vecino (Ecuador).

    2. La información fue presentada como un parte de guerra. Se habló de que habían dado de baja (léase asesinado, matado, aniquilado) a un grupo de guerrilleros. En tono triunfal, mostraron el trofeo: la muerte del segundo hombre en importancia de las FARC, Raúl Reyes, el “canciller” del grupo armado.

    3. El gobierno colombiano justificó el ataque, dijo que fue “cerca de la frontera con Ecuador” y apelaba a la comprensión de las autoridades de ese país. Todo era fiesta a ritmo de ballenato.

    4.Pero el acordeón desafinó cuando el presidente de Ecuador ordenó una investigación.

    5. La información corrió y, como si mecha fuera, detonó la crisis entre ambos países, de la que México no ha estado ajeno, aunque sus autoridades, en un principio interesadas en mediar en el conflicto, han querido evadir el ya espinoso tema.

    6. El hallazgo: el bombardeo no fue “cerca de la frontera”, sino en territorio de Ecuador y sin su consentimiento; más de una veintena de hombres y mujeres muertos, al menos tres sobrevivientes.

    7. El factor mexicano: una joven sobreviviente y cuatro universitarios asesinados por la metralla colombiana.

    8. Vino la condena internacional al bombardeo, incluso de la OEA. El ataque bien pudo ser considerado causa de guerra.

    9. Ante los reclamos, el terrorismo verbal de Uribe. Todos son culpables: Chávez, Correa, la guerrilla, el narco, los muertos, los sobrevivientes. Todos, claro, menos él, que fue quien ordenó la matanza.

    10. Y sobre los mexicanos, su respuesta: si murieron, se lo merecían; quién los manda estar en Ecuador cuando él, un colombiano, ordena a su Ejército atacar en suelo ajeno. Y con él, un coro de mexicanos en contra de esos “seudoestudiantes” amantes de la violencia.

    11. Y ahora, sin pruebas de por medio, Uribe estigmatiza aún más a los mexicanos asesinados y a la sobreviviente. Los llama narcotraficantes, guerrilleros, terroristas.

    Esto me recuerda la historia de aquel borracho que causa mil y un estropicios y en su defensa alega la culpabilidad de las víctimas. Vaya cruda la que le espera.



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