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Itinerario Político | Ricardo Alemán

“¡Que se hundan Calderón y Pemex!”

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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No sabemos si por ingenuidad, ignorancia, mala leche o de plano por un afán manipulador, integrantes de la opinocracia y las llamadas “mentes brillantes” insisten en que el binomio legislativo PRI-PAN debe aceptar una amplia discusión en torno de la reforma petrolera, como lo propone el FAP, para regresar de esa manera al clima institucional

Miércoles 16 de abril de 2008

“¡Que se hundan Calderón y Pemex!”

El fondo es la venganza de AMLO contra el Presidente

El ‘gorilazo’ al Congreso es un golpe de Estado

No sabemos si por ingenuidad, ignorancia, mala leche o de plano por un afán manipulador, integrantes de la opinocracia y las llamadas “mentes brillantes” insisten en que el binomio legislativo PRI-PAN debe aceptar una amplia discusión en torno de la reforma petrolera, como lo propone el FAP, para regresar de esa manera al clima institucional.

Incluso existen quienes con toda buena voluntad han propuesto dar “una oportunidad” al diálogo —que no a la paz—, para con ello revertir el ‘gorilazo’ que PRD, PT y Convergencia dieron al Congreso. Pero lo cierto es que la realidad política mexicana —caracterizada por engaño, farsa, fanatismo, manipulación, odio y sed de venganza—, está muy lejos de la legalidad, de las reglas democráticas, la razón, la sensatez y las ideas. De esa manera se confirma que es imposible el diálogo y la política entre el agua y el aceite; entre quienes impulsan un gorilazo legislativo y aquellos que apelan a la razón y las ideas.

Si apelamos a la cordura, a la razón, podemos concluir que resulta imposible el diálogo con quienes en su propia casa son incapaces de dialogar para resolver el relevo de su dirigencia, en cuya familia la política es sinónimo de cochinero. Por eso resulta imposible un punto de acercamiento entre los golpistas, los promotores del gorilazo, y aquellos que apelan a que la política siga por la ruta de las reglas establecidas, les guste o no a los enamorados del golpista.

Aún así existen voces que justifican el golpe de Estado —sin razón alguna y hasta con montañas de mentiras—, porque dicen que “la perversa” mayoría de PRI y PAN en el Congreso pretende aprobar la reforma petrolera, como si esa expresión de la democracia fuera una perversión ilegal. Diputados y senadores del FAP lanzaron el gorilazo, “porque no les quedó otro remedio”, dicen convencidas las llamadas “mentes brillantes”, a sabiendas de que se trata de un golpe de Estado, un gorilazo lanzado por la dizque izquierda contra la democracia.

Y pareciera que nadie quiere ver el fondo de la realidad. Todos saben que el problema no está en la supuesta privatización de Pemex, y menos en la patriotera defensa de la soberanía petrolera —verdadera farsa pariente de la farsante “presidencia legítima”—; y tampoco en la ausencia o no de diálogo. En el corazón del asunto está la venganza de AMLO contra Felipe Calderón, el odio contra quien ganó en julio de 2006. Y el odio se transmite a los que hoy están con AMLO, en apoyo al gorilazo al Congreso, que son los mismos que antes de julio de 2006 ya incluso se repartían los cargos.

Hoy los congresistas de PRI y PAN pueden promover un debate de 50 días, mañana de un año y pasado mañana de tres años. Y luego de esos tiempos el jefe del golpismo, el legítimo, dirá que no, que no dan marcha atrás al golpe de Estado. ¿Por qué? Porque AMLO se cree el iluminado, el enviado por una mano divina, para hacer de Pemex lo que le plazca. ¡Claro...! Cuando él sea presidente. ¿No lo creen? Ahí va.

El 28 de mayo de 2007 así titulamos el Itinerario Político de esa fecha: “¡Qué se hunda Pemex!”. Narramos un ríspido encuentro entre AMLO y un grupo de Los Chuchos, sobre la propuesta de reforma petrolera que impulsaban, casi de manera simultánea, el gobierno de Calderón y los congresistas del PRD. Así lo dijimos: “La siguiente es una recopilación de historias obtenidas de fuentes directas, confirmadas con otros testigos y actores, de las reuniones semanales que encabeza Andrés Manuel López Obrador con dirigentes del PRD… Como es costumbre, AMLO pidió a algunos de los asistentes que se quedaran para hablar ‘en corto’. En esta ocasión los convocados a esa pequeña reunión —de no más de seis personas— fueron precisamente los que habían propuesto el asunto de Pemex en la agenda.

“Apenas cerró la puerta del pequeño despacho, López Obrador estalló furioso: ‘¿Qué les pasa… trabajan para el espurio o para el movimiento?’. Los senadores le habían explicado que estaba terminada una propuesta de reforma para fortalecer las finanzas de Pemex, para reorganizar su estructura, su relación con el sindicato, su papel en el mundo… en términos generales, para salvarlo de la quiebra. Y lo más importante, que en el proyecto estaba de acuerdo el PRI, y la reforma incluía una buena parte de las propuestas de campaña de AMLO.

“¡No, no… no se metan con Pemex, ese es mi tema! A Pemex lo vamos a arreglar cuando lleguemos a la Presidencia, reclamó agitado López Obrador. En el otro extremo no todos se quedaron callados. Los senadores Carlos Navarrete y Graco Ramírez argumentaron sobre la urgencia de recatar a Pemex, sobre la posibilidad de “jalar” al PAN, la conveniencia de arrebatarle al gobierno de Calderón “la joya de la corona” y romper el binomio PRI y PAN en el Congreso. “La discusión subió de tono. A gritos, López Obrador insistía: ‘¡No, no no… nada que fortalezca al espurio!’, mientras que los senadores insistían en que se fortalecería Pemex, al PRD y la posición pública de su movimiento. “¡No, Andrés, no podemos permitir que se hunda Pemex… Por el bien del país, por el bien de todos!”, dijo Navarrete, en abierto reto al presidente legítimo. Pero la respuesta de Obrador dejó fríos, paralizados a sus interlocutores. “¡No me importa que se hunda Pemex… si se tiene que hundir que se hunda… Si tenemos que incendiar pozos, los incendiamos...! Pero no vamos a hacer nada que fortalezca al espurio...”. Hasta aquí la cita.

¿Qué tal? ¿Qué pasa hoy en torno a Pemex? Un golpe de Estado, una abierta violación constitucional destruyen la representación popular del Congreso, dinamitan la democracia. ¿Y todo por qué? Por la venganza de un mesiánico. No habrá diálogo, porque AMLO quiere destruir al gobierno de Calderón. Y la pregunta es obligada: ¿Y los ciudadanos?

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