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Itinerario Político | Ricardo Alemán

AMLO: rebasado por la izquierda

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Durante los meses previos al proceso electoral del 2 de julio de 2006, algunas voces se alzaron en torno a la aparición de evidentes signos de que el férreo control que mantenía sobre su partido el entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, su estrategia electoral y hasta una buena parte de su programa se identificaban más con la derecha que con la izquierda mexicana que decía representar

Miércoles 12 de diciembre de 2007

AMLO: rebasado por la izquierda

A ‘Marcos’, a Cárdenas y a todos los críticos del “mesías tropical” se les dijo “traidores”

‘Los Chuchos’ y otros grupos siempre lo consideraron un político más proclive a la derecha

Durante los meses previos al proceso electoral del 2 de julio de 2006, algunas voces se alzaron en torno a la aparición de evidentes signos de que el férreo control que mantenía sobre su partido el entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, su estrategia electoral y hasta una buena parte de su programa se identificaban más con la derecha que con la izquierda mexicana que decía representar.

Por supuesto que en esos tiempos de fanatismo a toda prueba, del predominio del corazón por sobre la razón, esas voces fueron aplastadas y hasta satanizadas por todos aquellos que se asumían como seguros ganadores de la contienda presidencial. Una de las voces críticas a ese predominio de las prácticas de la derecha en una candidatura dizque de izquierda como la de AMLO fue la del subcomandante Marcos, el mítico guerrillero zapatista —hoy casi actor de fotonovelas—, que acertadamente calificó la campaña presidencial de Obrador y al propio líder tabasqueño “como el brazo derecho de la izquierda”.

Esa definición marcó el rompimiento definitivo entre AMLO y el sub Marcos, al tiempo que al jefe militar zapatista —igual que a Cuauhtémoc Cárdenas y a todos los críticos del “mesías tropical”— se le endilgó el sambenito de “traidor”. Lo curioso del caso es que muchos de los que hace meses defendieron con uñas y dientes la candidatura de AMLO, y que se sumaron a la condena contra los “traidores” que no pensaban igual que el tabasqueño y hasta criticaban sus desplantes de derecha, hoy son los que alzan la voz precisamente para advertir del “peligro” para el PRD que significa el liderazgo de AMLO.

Sí, por increíble que parezca, el grupo mayoritario en el PRD, ese que pudiera quedarse con el control del aparato partidista de los amarillos, alertó sobre el riesgo que corre la izquierda mexicana —léase el PRD— ante un liderazgo autoritario, de derecha, que cultiva el culto a la personalidad, como el de López Obrador.

“Nos enfrentamos a la visión de la derecha que alienta el individualismo, el personalismo, el culto a la personalidad… debemos tener cuidado de que en un partido de izquierda, y en el PRD, penetre como humedad la visión más conservadora del pensamiento de derecha, que hace a un lado y margina la acción social y la acción colectiva… ya que las profundas transformaciones sociales y económicas son resultado de la acción colectiva, no obedecen al mérito de un individuo, por más carismático y por más liderazgo que tenga; es mérito de la acción del pueblo, de las masas”.

¿Quién cree usted que dijo eso? Sí, el señor Jesús Ortega, el aún jefe del FAP, líder del poderoso grupo político Nueva Izquierda en el PRD y candidato a presidente de los amarillos. ¿Y a quién cree usted que dedicó tan delicadas acusaciones? Pues sí, al señor Andrés Manuel López Obrador. Pero Jesús Ortega dijo más, para los que tengan dudas: “Peligrosamente penetra una visión de pragmatismo y de utilitarismo al interior del partido, con el afán de alcanzar propósitos individuales y objetivos particulares… cortémosle la cabeza a esa perversidad que se está colando al partido”.

En realidad nadie se debe llamar sorprendido por las declaraciones de Jesús Ortega o de otros de los líderes de Nueva Izquierda contra el ex candidato presidencial, como tampoco debe asustar a nadie la campaña emprendida por el señor López Obrador contra sus compañeros de partido, Los Chuchos, a los que ha acusado de todo, desde que cambiaron “el morral por una Suburban” hasta “traidores”, pasando por calificativos como los de “simuladores” y encubridores”. Y es que todos en el PRD, y fuera de ese partido, saben que el de Nueva Izquierda y otros grupos amarillos siempre consideraron a AMLO un político más proclive a la derecha que a la izquierda. Pero siempre se quedaron callados, en todo el sexenio anterior, porque pensaron que lo importante no era si llegaba al poder un hombre de derecha, con la piel de oveja de la izquierda, sino que lo importante era que las siglas del PRD alcanzaran el poder.

Pero como esa posibilidad se perdió, y como hoy el grupo de Los Chuchos vive su momento político —y la posibilidad de alcanzar el control del partido—, hoy dicen lo que siempre pensaron de AMLO, como el tabasqueño dice lo que siempre pensó de Nueva Izquierda. En realidad, el señor López Obrador “está siendo rebasado por la izquierda” de su propio partido, o por lo menos por uno de los grupos políticos que más se identifican con esa doctrina dentro del partido amarillo.

El problema de fondo, el choque entre grupos antagónicos del PRD —y la enseñanza fundamental para los ciudadanos—, es que en las luchas de y por el poder los políticos, sean de PAN, PRD o PRI, o de la doctrina que se quiera, son capaces de aliarse con el diablo si es necesario para acceder al poder, o de negar a Dios, si con eso consiguen el poder. El grupo de Los Chuchos y la camarilla de AMLO siempre han sido como el agua y el aceite, pero a ratos caminan juntos, como en 2006, porque juntos pueden acceder al poder, y a ratos pelean, como ahora, porque no caben juntos en la dirección de un partido como el PRD.

Y la declaración de Ortega, vista en retrospectiva, confirma que la carta de AMLO a los coordinadores parlamentarios —en la que rechaza la reforma electoral y al Cofipe—, la propuesta de Carlos Navarrete de formar un solo partido con las franquicias del FAP y los insultos del tabasqueño a los legisladores de Nueva Izquierda no son más que parte de la guerra que se libra por el control de la dirigencia del PRD, donde AMLO pretende seguir con el mando del partido, y Los Chuchos creen que esa etapa del caudillo se acabó. Lo demás no es más que espectáculo, circo político.

En el camino

Por cierto, se aprobó el Cofipe a pesar del voto de AMLO en contra. Lo curioso es la rapidez con la que se aprueba la reforma electoral. ¿Qué dieron unos y otros a cambio? Ya lo sabremos.

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