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Estrictamente personal | Raymundo Riva Palacio

La anorexia de ‘Jose’



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Josefina Vázquez Mota es una estre-lla que ya no está brillando

Lunes 24 de septiembre de 2007

La anorexia de ‘Jose’

¿Por qué Josefina Vázquez Mota no aprovechó la embestida contra su archienemiga Elba Esther Gordillo? Porque la fuerza se le ha ido, y con ella el ímpetu

Josefina Vázquez Mota es una estre-lla que ya no está brillando. Después de una entrevista hace más de tres meses durante la cual la maestra Elba Esther Gordillo se lanzó a la yugular de la secretaria de Educación Pública, la Presidencia giró órdenes de arroparla. No podían permitir, por principio, que un miembro del gabinete fuera sometido a tal ataque, y menos aún que fuera visto como presión para el propio presidente Felipe Calderón.

El secretario de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña, habló con ella, y después obligó al subsecretario de Educación y yerno de la maestra, Fernando González, a pedir perdón, mediante una codificada entrevista en el diario La Crónica, a Vázquez Mota. Era el mejor momento para la funcionaria que desparrama ambición, pero se opacó.

La entrevista de Gordillo fue el equivalente de un tanque de oxígeno que vino a rescatar a Vázquez Mota, que estaba en una espiral descendente. Aunque el Presidente la estima —“me llama Fina”, dice ella para enfatizar la cercanía— y su esposo forma parte de los equipos de futbol que regularmente juegan los sábados en Los Pinos, no le había ido nada bien. Incluso el propio Calderón la llegó a maltratar en una reunión de gabinete en la que, al estar explicando un programa educativo, utilizó el anglicismo “implementar”, lo que activó un duchazo de agua fría. El Presidente la interrumpió para hacer escarnio de ella, al decir que la Secretaría de Educación Pública tendría que darles clases a sus funcionarios, sugiriendo que “implementar”, que viene del inglés, no significa “instrumentar”. La Real Academia de la Lengua ya acepta el anglicismo, pero ni el Presidente sabía y menos Vázquez Mota, que acusó el golpe.

No causó mayor pena la bofetada presidencial, dado que el comportamiento de Vázquez Mota suele ser como el de un huracán de categoría cinco, con la característica adicional que tiende a destruirse a sí misma. Por ejemplo, son varias las veces en que, en su afán mediático, anticipa programas en materia de educación que tiene previsto anunciar en la semana siguiente Calderón, lo que le ha generado extrañamientos de Los Pinos. O como cuando, en otro caso, por razones fortuitas se quedó todo el tiempo en un gabinete de seguridad nacional que se celebra los lunes, y al día siguiente ya habían filtrado sus cercanos en columnas políticas que el Presidente la estaba considerando para reemplazar al secretario de Seguridad Pública.

Desubicada, no dejaba de increpar a la secretaria de Desarrollo Social, Beatriz Zavala, durante las primeras semanas de reuniones de gabinete, porque estaba modificando los métodos y sistemas de operación que había dejado Vázquez Mota, hasta que le colmó la paciencia a Ramírez Acuña, quien la llamó a un lado y le pidió que se concentrara en lo suyo, Educación, y que recordara que Desarrollo Social fue una cartera que había dejado tiempo atrás. Vázquez Mota, apoyada por su círculo de asesores, había estado tratando de medir sus fuerzas con el equipo presidencial, encabezado por el jefe de la Oficina del Presidente, Juan Camilo Mouriño, al que bautizó como Los Pingüinos, y reclutó, pagados por la nómina de la SEP en el rubro de asesorías, a varias plumas importantes en la prensa mexicana, repitiendo el método de cuando estuvo en Desarrollo Social: compró impunidad en el campo de la academia, a cambio de asignación de proyectos millonarios.

Mal pintaba el segundo trimestre de este año para Vázquez Mota, pero la declaración de Gordillo, contra lo que debe haber pensado la maestra, le enderezó su nave. Tras la instrucción de arroparla, vinieron las alianzas tácticas, como dejarse ver en restaurantes con Mouriño, para mandar el mensaje de que su relación con Los Pinos estaba en óptimo momento. De la oficina del superasesor presidencial le enviaron gente de confianza para que le ayudara en algunas estrategias de prensa. Ya no hicieron nada, como desmentirla dentro del gobierno, cuando presumía que era compañera de bicicleta en los paseos al alba que realiza el Presidente en el bosque de Chapultepec, sabiendo que en realidad no habían sido más de dos veces las que había salido con él. “No entiende Jose”, repetía un cercano colaborador de Calderón, cuya forma de pensar es compartida en Los Pinos, pero que, sin embargo, acató la instrucción de “cuerpearla”.

Pero Vázquez Mota, en el mejor momento para reconstruirse políticamente tras haberse convertido la maestra Gordillo en un monstruo de mil cabezas, con la espada de Damocles sobre sus más cercanos en el gobierno —su yerno y Francisco Yáñez en la Lotería Nacional—, se quedó sin aire. ¿Qué le sucedió? En columnas políticas hicieron saber sus cercanos que se trataba de una infección viral que no podían sacar de su cuerpo. La funcionaria más mediática del gobierno federal, estaba paralizada. La secretaria de Educación está enferma, pero de algo más grave. En una ocasión reciente, al ver lo poco que comía durante un viaje en el avión presidencial, Calderón bromeó con ella. “Pareces anoréxica”, le dijo. No estaba tan lejos.

De acuerdo con personas de mucha confianza de ella, Vázquez Mota dejó de comer hace casi tres años, cuando le entró la fiebre por la bicicleta fija. Su obsesión por la bicicleta ha crecido de manera exponencial, por lo cual suele levantarse entre cuatro y cinco de la mañana, según sus cercanos, para subirse una hora a pedalear, y pedir, en cada gira donde tiene que pasar la noche, que le pongan una bicicleta en su habitación. Ha dejado de dormir y de comer. En las giras, en las que suelen recibir a los altos funcionarios con antojitos, ella siempre los rechaza y pide irreductiblemente una pequeña pechuga de pollo a la plancha y verduras sancochadas. En el avión presidencial, a la hora de comer, ella saca un tupperware y come dos rebanadas de queso panela. Presume su figura, pero su piel morena se ha vuelto ceniza.

Un problema médico de un funcionario es relevante para efectos de opinión pública al tomar ellos decisiones que afectan a la sociedad. Para ella, si es anoréxica o va en camino de enfermarse de ello, es mucho más grave en función de sus aspiraciones futuras. Ella se ve, y así se lo han hecho saber personas cercanas, que para 2012 hay muy pocos aspirantes reales del PAN a la Presidencia, y que ella es una muy fuerte contendiente. Pero enferma no irá a ningún lado. Lo mejor que tiene son sus amplias dotes mediáticas, en lo que supera a todos dentro del gabinete. No tiene sustancia ni contenidos, pero tiene la imagen, atributo central en la política mexicana hoy en día. Esto es lo que ha perdido, y al dejar ir esa cualidad pierde todo. Más allá de sus aspiraciones políticas, Vázquez Mota haría bien en someterse a un tratamiento, porque la anorexia es un asunto literalmente de vida o muerte. Pero si piensa en un futuro ascendente, como es el caso, no deberá olvidar que temas de salud, sobre todo en algo tan estresante como la anorexia, que ha erizado los nervios de quienes están colgando su futuro a su estrella, puede ser la diferencia entre competir y ser dejada de lado.

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