La familia Barbachano
Viernes 13 de julio de 2007
Nos escribe don Eugenio Barbachano Losa, miembro de la familia que tiene posesión jurídica de una parte de los predios de Chichén Itzá, para aclararnos varias cosas, entre ellas, que la compra que yo pongo como “harto sospechosa” en los años 20 de la zona arqueológica a particulares tiene una explicación muy clara, y además que de la familia Barbachano sólo es uno el que se resiste a devolverle a la nación lo que a la nación pertenece, lo cual es la única posición moralmente viable, lo cual celebramos.
Don Eugenio nos dice:
“Alejandro:
"....al predio que de manera harto sospechosa adquiriera su familia hace dos generaciones."
“Me gustaría compartirte que aunque en algunos puntos su escrito es atinado, en este definitivamente no lo esta.
“Mi bisabuelo, Fernando Barbachano Peón, compró los terrenos durante la década de los 20s (mucho antes de la existencia del INAH, que él apoyó en crear) a varias familias yucatecas y extranjeras, entre ellas la familia del arqueólogo y gran saqueador de Chichén, Thompson.
“Las compró con todas las letras de la ley, al igual que las de Uxmal, que también continúan en manos de la familia. Tanto la Hacienda Chichén, como la Hacienda Uxmal, fueron las únicas dos haciendas en la península que no fueron expropiadas por Lázaro Cárdenas, ya que decía que la familia Barbachano le estaba enseñando una industria nueva a su gente, y creando los mejores empleos de la región. No estaba equivocado.
“Cuando las compró Fernando Barbachano Peón, la parte donde se encontraban los vestigios estaba en el peor de los estados, ya que habían sido abandonadas por sus habitantes desde mucho antes de la llegada de Cortés.
“A Thompson le hacía mucha gracia que a sus animales, en especial a sus vacas, les gustaba pastorearse en la parte superior de la pirámide de Kukulkán, que en ese entonces se encontraba llena de vegetación, y semidestruida.
“Cuando mi familia empezó a trabajar las zonas y a promoverlas, a la gente que le importaba se les podía contar con una mano. Lo tachaban de loco. Mi bisabuelo ofreció las zonas donde habrían ruinas en donación desde 1944 (¿a cuánta gente conoce en el país que le haya donado algo a la nación?), y se tienen algunos documentos oficiales al respecto, pero la responsabilidad de aclarar esa situación le recae al INAH, ya que a ellos se les dio. Lo que es un hecho es que la zona arqueológica visitable de Chichén Itzá, está en posesión pública, pacífica y continua del INAH desde hace más de medio siglo.
“Con la excepción de un individuo, toda mi familia quiere ver cumplidos de una vez por todas los deseos de nuestro antepasado de donarle al pueblo lo que es justamente de todos los mexicanos, y esperamos que se le recuerde como el promotor y pionero de lo que hoy es la segunda industria más grande del país, el turismo. Hoy ya está empezando a trabajar en la industria la quinta generación de sus descendientes, algo que por sí solo es un logro poco común.
“Le pido que si va a escribir de mi familia, en especial de Fernando Barbachano Peón, lo haga con datos sustentables. No es justo que por culpa de un mercenario buscando provecho, el honor, prestigio y esfuerzo de una familia a través de ya casi cien años se vayan por la borda. No se vale.
“La historia es muy larga y un poco compleja, pero sin lugar a duda sumamente interesante.
“Quedo a sus ordenes por si le interesa saber más del tema, ya que por el momento sólo quería aclararle lo más elemental.
“Sinceramente. Eugenio Barbachano Losa”
Hasta aquí la puntual carta de don Eugenio, que expone lo que piensa la mayoría de la familia sobre el tema, y que coincide con lo que las autoridades de turismo nos habían expresado puntualmente.
No falta, el “prietito en el arroz”, Hans Thies Barbachano, que pretende lucrar con patrimonio nacional, culturalmente invaluable, para sacarle hasta 750 millones de pesos el erario nacional, no de indemnización, pensamos, sino como rescate.
No hay que darle vueltas, procede la expropiación.
ajimac@yahoo.com


