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Itinerario Político | Ricardo Alemán

Medios: narco y ´manotazo´

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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E l cierre de un medio de comunicación -prensa, radio, televisión y hasta en línea-, sea de la tendencia editorial que se quiera, resulta siempre lamentable, ya que se traduce en la limitación y hasta la cancelación de libertades y derechos fundamentales

Miércoles 30 de mayo de 2007

En los casos de RCTV y ´Cambio´ queda claro que la información y la crítica molestan e incomodan a los poderosos

E l cierre de un medio de comunicación -prensa, radio, televisión y hasta en línea-, sea de la tendencia editorial que se quiera, resulta siempre lamentable, ya que se traduce en la limitación y hasta la cancelación de libertades y derechos fundamentales.

Pero resulta más preocupante cuado un medio cierra sus puertas por alguno de los extremos posibles: por el manotazo autoritario de un gobierno como el de Hugo Chávez en Venezuela, que camina hacia una dictadura bananera -y que canceló la concesión a la televisora privada RCTV-, y por presiones del narcotráfico, cuyos sicarios atentaron en dos ocasiones contra el diario regional Cambio de Sonora, que se negó a seguir siendo blanco de las batallas entre el crimen organizado y el gobierno de Eduardo Bours.

En los dos casos queda claro que la información y la crítica molestan e incomodan a los poderosos: al nada democrático presidente venezolano, que recurrió al manotazo autoritario para silenciar a la televisión que más cuestionó sus afanes totalitarios, y al poder del narcotráfico, que en México, en Sonora y otras entidades del país sentó sus reales y puso la mira en el mensajero, en los periodistas y en los medios.

En el caso mexicano, el cierre del diario Cambio de Sonora puede ser visto como novedoso, ya que es el primer ejemplo de un medio que cierra sus puertas -luego de presiones gubernamentales y comerciales que motivaron su venta al poderoso grupo de "los soles" de Mario Vázquez Raña- al no resistir el riesgo de ser blanco del crimen organizado. Pero tampoco se trata de un caso aislado. En años recientes, muchos diarios y frecuencias radiales han recurrido a la autocensura -no informan sobre las actividades del crimen organizado o presentan como anónimas las informaciones sobre el narco- como única respuesta posible a las amenazas de muerte a periodistas y directivos, si no es que como reflejo elemental de supervivencia ante la estadística creciente de periodistas muertos.

Pero el caso venezolano no es o no debiera ser novedad para políticos, periodistas y sociedad mexicana en general, pues aún está presente en la memoria colectiva el "golpe" a Excélsior, la intervención autoritaria y grosera del gobierno populista de Luís Echeverría, que no toleró crítica e independencia informativa y que en su delirio de poder ordenó el "golpe" al que en ese momento era el más influyente e independiente diario mexicano. Está claro que no es lo mismo Excelsior de 1976 y Echeverría, que RCTV de 2007 y Hugo Chávez en Venezuela. Son circunstancias y momentos distintos, pero en el fondo la acción y los objetivos son lo mismo: la intervención grosera, despótica y autoritaria contra libertades y derechos fundamentales de los ciudadanos.

En ningún caso se pretende justificar, en este espacio, ideología, líneas editoriales o el carácter empresarial de los medios que cerraron -que pudieran o no ser cuestionables-, sino que el asunto de fondo -como en el caso Excélsior- es que se da un golpe a libertades como las de expresión y a derechos como los de prensa, entre otros, que quedan a contentillo de los poderes que los cancelan: un autócrata como Chávez y al poder fáctico, violento e ilegal del narcotráfico.

Pero lo que supera los límites de la sorpresa es que algunos de los sectores de la llamada izquierda mexicana -la del PRD y otros partidos que se dicen de esa tendencia- no sólo hayan guardado silencio frente al cierre de un periódico como Cambio -que canceló su circulación como resultado de la presión de la violencia criminal del narcotráfico-, sino que hayan aplaudido al gobierno chavista por el golpe a RCTV; que líderes como el ex guerrillero Camilo Valenzuela, que fue víctima del autoritarismo del viejo PRI, el mismo que sometía y cerraba medios mediante el más vulgar autoritarismo, respondan con ideas como las siguientes: "Tenemos que aprender de Venezuela". ¿Habla en serio Camilo Valenzuela?

Si es así, tendremos que concluir que con los años encima sectores de esa izquierda que se dice democrática, congruente y moderna aplauden hoy lo que en sus mocedades cuestionaron y hasta padecieron. Confirman que son víctimas del "síndrome de Estocolmo".

Más allá del aplauso del PRD al autoritarismo de Hugo Chávez, el asunto deja ver otras incongruencias y mentiras. En los previos al 2 de julio se documentó, en medios críticos del PRD y de su candidato presidencial, una estrecha relación del gobierno venezolano con ese partido y su candidato. Siempre lo negaron. Hoy lo confirman. Pero además, aquí se documentó que la ley Televisa se gestó a partir del temor de los capitanes de esa empresa a la llegada de AMLO al poder. Si llega, decían, "nos quitará la concesión". Hoy políticos y ex guerrilleros de esa izquierda democrática, como Camilo Valenzuela, confirman que esos temores no eran infundados. Y seguramente los jefes del duopolio festejan: "De las que nos salvamos".

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