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Itinerario Político | Ricardo Alemán

"¡Que se hunda Pemex!"

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Lunes 28 de mayo de 2007

"¡Que se hunda Pemex!"

Cada lunes en la antigua "casa de campaña" hay una pequeña guerra entre López Obrador y sus otrora "fieles"

La siguiente es una recopilación de historias obtenidas de fuentes directas, reconfirmadas con otros testigos y actores, de las reuniones semanales que encabeza Andrés Manuel López Obrador con dirigentes del Partido de la Revolución Democrática.

A las seis de la tarde de cada lunes, en la que fue su "casa de campaña", se reúnen en torno al líder una veintena de personas; los jefes del FAP, senadores y diputados federales del PRD, los principales encargados del llamado "gobierno legítimo", y los siempre infaltables, Manuel Camacho y Porfirio Muñoz Ledo. En la reunión se informa de "la girita" de Obrador por el país, se evalúa al gobierno del espurio y se discute sobre el papel del PRD en el Congreso.

Uno de esos lunes, de hace no más de un mes, llegó a la mesa el tema de la crisis de Pemex. Uno de los senadores asistentes pretendió explicar el trabajo legislativo que sobre la materia realiza el PRD, cuando López Obrador intervino y propuso cancelar la reunión. Como es costumbre, les pidió a algunos de los asistentes que se quedaran, para hablar "en corto". En esta ocasión los convocados a esa pequeña reunión -de no más de seis personas- fueron precisamente los que habían propuesto en la agenda el problema Pemex.

Apenas cerró la puerta del pequeño despacho, el señor López Obrador estalló furioso: "¿Qué les pasa... trabajan para el espurio o para el movimiento?". Los senadores le habían explicado que estaba terminada una propuesta de reforma para fortalecer las finanzas de Pemex, para reorganizar su estructura, su relación con el sindicato, su papel en el mundo... en términos generales, para salvarlo de la quiebra. Y lo más importante, que en el proyecto estaba de acuerdo el PRI, y la reforma incluía una buena parte de las propuestas de campaña de AMLO.

"¡No, no... no se metan con Pemex, ese es mi tema! A Pemex lo vamos a arreglar cuando lleguemos a la Presidencia", reclamó agitado el señor López Obrador. Pero en el otro extremo no todos se quedaron callados. Los senadores Carlos Navarrete y Graco Ramírez argumentaron sobre la urgencia de rescatar a Pemex, sobre la posibilidad de "jalar" al PAN, la conveniencia de arrebatarle al gobierno de Calderón "la joya de la corona" y romper el binomio PRI-PAN en el Congreso.

La discusión subió de tono. A gritos, López Obrador insistía: "¡No, no, no, nada que fortalezca al espurio!", mientras que los senadores insistían en que se fortalecería Pemex, el PRD, la posición pública de su movimiento. "¡No, Andrés, no podemos permitir que se hunda Pemex... por el bien del país, por el bien de todos!", dijo Navarrete en abierto reto al "presidente legítimo". Pero la respuesta de Obrador dejó fríos, paralizados a sus interlocutores. "¡No me importa que se hunda Pemex... si se tiene que hundir, que se hunda... si tenemos que incendiar pozos, los incendiamos..! pero no vamos a hacer nada que fortalezca al espurio".

Navarrete cerró la discusión con una advertencia: "No, Andrés, la discusión no está terminada, Pemex no puede seguir así". Ya en la calle, alguno de los asistentes al ríspido encuentro soltó: "Andrés ya perdió la razón". El resto sólo movió la cabeza y apretó los dientes.

Pero la anterior es sólo una de las muchas historias de "los lunes". Y es que, en efecto, cada lunes en la antigua "casa de campaña" se produce una pequeña guerra entre López Obrador y sus otrora "fieles", que paso a paso se sacuden la tutela delirante del tabasqueño. La primera gran decisión del PRD, de sus bancadas parlamentarias -senadores, diputados y asambleístas-, fue precisamente la protesta de Calderón en el Congreso, el 1 de diciembre de 2006. En esa ocasión, y sin dar muestras de debilidad, los jefes parlamentarios negociaron la llegada de Calderón a San Lázaro, contra la opinión de Obrador.

Semanas después desoyeron la instrucción de AMLO sobre la reforma al Tribunal Electoral. Otra escaramuza, también en medio de gritos y sombrerazos -que se registró en la bitácora de "los lunes"-, fue el tema nada fácil de la despenalización del aborto en el DF. "¡Ya les dije que no se metan en ese tema... ganamos aquí (en el DF), pero perdemos en el resto del país!", dijo López Obrador a los impulsores del aborto.

Otro motivo de fuerte jaloneo y de un severo cuestionamiento al gobierno de Marcelo Ebrard -al que reprueba con frecuencia- fue la contratación de Pedro Aspe, el secretario de Hacienda de Carlos Salinas, para ordenar las finanzas del GDF. "No entiende el daño que nos hace", dijo Obrador luego de una larga perorata sobre lo que, según él, se debe hacer en el gobierno capitalino.

Pero un lugar especial ocupa la llamada "reforma del Estado", que procesan desde el Congreso todos los partidos. Por increíble que parezca -y que por eso retrata el talante autoritario y nada democrático de nuestro personaje-, las más intensas y extensas discusiones entre el señor Obrador y los legisladores federales de su partido -en los encuentros de "los lunes"-, se han dado sobre el cambio del sistema presidencialista. "¡No, señores! ¿A donde quieren llevar al presidencialismo? ¡Así no vamos a poder gobernar!". Retrato de cuerpo completo.

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