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Itinerario Político | Ricardo Alemán

Las ´tribus´ del PAN

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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E l domingo 22 y el lunes 23 de abril pasados retomamos aquí un ensayo escrito de puño y letra por el presidente Felipe Calderón Hinojosa, en el que reivindica a Carlos Castillo Peraza como el más importante ideólogo del PAN en el nuevo siglo, y le otorga la calidad de artífice de la transición democrática

Domingo 27 de mayo de 2007

La pelea entre tres: "felipistas", "espinistas" y los nuevos "santiagos"

La ultraderecha de Manuel Espino pretende mantener el poder

E l domingo 22 y el lunes 23 de abril pasados retomamos aquí un ensayo escrito de puño y letra por el presidente Felipe Calderón Hinojosa, en el que reivindica a Carlos Castillo Peraza como el más importante ideólogo del PAN en el nuevo siglo, y le otorga la calidad de artífice de la transición democrática.

Dijimos que en el fondo, el ensayo parecía una invitación al PRI y al PRD para reeditar los acuerdos políticos alcanzados por el PAN, en su momento, con los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo, que en los dos casos llevaron como condición indispensable, el respeto a las elecciones estatales que se realizarían en esos dos gobiernos, que fueron los últimos de la hegemonía del PRI.

La mención de una eventual reedición, actualizada, de las llamadas concertacesiones de aquellos años, alteró las "buenas conciencias" entre la clase política y la "opinocracia" -como moteja Jorge Castañeda a los opinadores-, y fueron muchas las voces que, sin más, negaron siquiera la posibilidad. "¡Lo indecible!", "¡el horror!", "¡los acuerdos inconfesables!". En rigor, esos pactos no eran más que compromisos políticos -propuestos en su momento por el PAN-, para que los respectivos gobiernos en turno -de Salinas de Gortari y Zedillo- sacaran las manos de las elecciones estatales. Era la condición del llamado "aterrizaje planeado" de la transición democrática, y la señal para avanzar en reformas legislativas con los gobiernos del PRI. Si se quiere, incluso, la confirmación de las alianzas del PAN con el PRI.

En efecto, los tiempos, las circunstancias, los actores y hasta los electores de 1988 y de 1994 son muy distintos a los de 2006. Sí, pero el método, el instrumento -que no es otra cosa que la negociación política-, ha sido, es y seguirá siendo el mismo, en México y en China, entre partidos y gobiernos del signo que se quiera.

En sentido contrario a lo ocurrido en 1988 y 1994 -contrario, porque ahora gobierna el PAN-, lo cierto es que hoy el PRI le reclamó al presidente Calderón -precisamente después del ensayo de Calderón, difundido el 15 de abril-, que los gobiernos federal y estatal -los dos del PAN- sacaran las manos de la elección de Yucatán, que se celebró el 20 de mayo pasado. En respuesta, el presidente Calderón se comprometió a dejar correr la elección por la libre, sin intervenciones gubernamentales. Pero no era suficiente con la palabra presidencial, sobre todo, por la guerra existente entre Espino y Calderón, y por eso fue necesario que llegaran a Yucatán operadores de Los Pinos, para hacer respetar el compromiso de Calderón con el PRI.

Esos operadores son a los que se refirió, apenas el pasado jueves, el señor Manuel Espino, presidente nacional del PAN, quien se quejó de que actuaron en Yucatán al margen del CEN del Acción Nacional. Y en efecto, operaron al margen de la dirigencia de Espino Barrientos, por una razón elemental; porque en Los Pinos nadie confía en Manuel Espino.

Al final del día se confirmó que los gobiernos federal y estatal dejaron de operar a favor del candidato del PAN en Yucatán, lo que sumado a la ruptura de AN, por la salida de Ana Rosa Payán, a la caída de las preferencias del PRD que había jalado AMLO, al mal gobierno de Patricio Patrón y al acierto de Ivonne Ortega, produjo una tendencia ganadora para el PRI. Sí, les guste o no a las "buenas conciencias", en Yucatán operó un acuerdo político del que no existen documentos firmados, sino la fuerza de los hechos.

"Calderonistas"

Lo interesante del asunto, en todo caso -y más allá de la alianza del gobierno de Calderón con el PRI-, es que Yucatán se convirtió en la arena política donde los dos más poderosos grupos políticos que cohabitan en Acción Nacional, se enfrentaran para medir fuerzas en su batalla intramuros por el control del partido. Ante los ojos de todos chocaron "calderonistas" y "espinistas", grupos de la derecha y la ultraderecha que pelean por mantener el control del Consejo Nacional, máximo órgano de decisión, que será renovado el próximo fin de semana, en Guanajuato.

Pero esa disputa no es entre dos, sino entre tres. En efecto, al más puro estilo del PRD -que por definición es su principal adversario político-, en el PAN se vive una fragmentación tripartita que era inédita en los más de 60 años de vida de ese partido y que también puede ser motejada como la confirmación de la cultura "tribal"; grupos políticos que caminan bajo el mismo "paragüas" de las siglas del azul y blanco, pero que en el fondo no sólo representan intereses de grupo -muchas veces alejados de la doctrina del partido-, sino que se identifican con el patronímico de sus jefes.

Así, no es una novedad hablar de los "felipistas" o "calderonistas", formación política que se identifica con Felipe Calderón, el militante panista que lleva el azul y blanco en la sangre -porque su padre, Luis Calderón Vega, fue uno de los fundadores del PAN-, y que heredó una buena porción del "establo" que en su momento fundó y jefaturara el desaparecido Carlos Castillo Peraza, yucateco al que se identifica como el moderno ideólogo de Acción Nacional, como artífice de los acuerdos políticos con el PRI, y arquitecto de la transición democrática que -desde la lógica del PAN- hizo posible que ese partido llegara al poder.

Los "felipistas", como todos saben, fueron relegados de los grandes reflectores desde 1998, cuando el entonces imbatible candidato presidencial Vicente Fox le arrebató el partido a Felipe Calderón -para colocar en la presidencia del partido a Luis Felipe Bravo Mena, lo que marcó la llegada al control del partido de la ultraderecha identificada con el yunque-, repliegue que resultó táctico, porque los "calderonistas" lograron sobrevivir y mantener su influencia en la estructura del partido, hasta que regresaron "por sus fueros" en la contienda presidencial de 2006.

"Espinistas"

Hoy los "calderonistas" ocupan la "joya de la corona", la Presidencia de la República, pero van por el control del partido, que está en manos de otra de las "tribus" ampliamente conocidas por todos, los llamados "espinistas", cuyo jefe es el locuaz presidente del PAN, Manuel Espino, heredero del control panista en los tiempos de la ultraderecha yunquista de Luis Felipe Bravo Mena y de Vicente Fox. En realidad, el señor Manuel Espino es un panista de escaso lustre en el partido, pero dotado de habilidad y talento, lo mismo para el golpeteo y el golpismo, que para la intriga palaciega y el pragmatismo.

De oscuro burócrata de la política, Espino pasó a eficaz operador político, y de golpe y porrazo se hizo de la presidencia del PAN -en los meses previos a la elección presidencial de 2006-, cuando el grupo en el poder, el de Fox, requería a un aliado incondicional y golpista, capaz de contener a Felipe Calderón, y de impulsar la candidatura del señor Santiago Creel, delfín foxista que, sin embargo, "se desinfló" a la hora buena y resultó derrotado por los "calderonistas", debido a que el preferido del foxismo estaba lejos de las preferencias de las bases del partido.

Nadie duda de las habilidades políticas de Manuel Espino, las que confirmó al convertirse en el jefe real de un poderoso grupo político -articulado bajo su tutela en el interior del PAN-, que coagula a los más extremos de la derecha partidista, sobre todo a los hijos del yunque, quienes se han propuesto impedir que los "calderonistas" les arrebaten el control del partido, es decir, la presidencia del PAN y de su Comité Ejecutivo Nacional, que son los centros reales de poder y el trampolín para los jugosos puestos públicos. Hasta hoy, ante analistas y observadores de la política mexicana, todos hablan de la lucha entre Felipe Calderón y Manuel Espino por el control del partido. Pero nadie ha reparado en una tercera "tribu" en disputa, de muy reciente formación y que amenaza con convertirse en "el fiel de la balanza".

"Santiagos"

Y nos referimos a la fuerza real que encabeza Santiago Creel, el derrotado precandidato presidencial que era visto como parte de los "espinistas", pero que a partir de los previos a la renovación del Consejo Nacional del PAN, se deslindó de la ultraderecha y de los yunquistas, y se ha propuesto crear su propio grupo, al que motejan como los "santiagos". El jefe de la nueva corriente panista se ha dado a la tarea de recorrer el país, de visitar los comités estatales, donde alcanzó simpatías en la interna del PAN para elegir candidato presidencial, y ha logrado impulsar a más de uno de sus aliados al consejo, al grado que los números que se barajan en los días previos a la "encerrona de León", señalan que la nueva composición del Consejo Nacional panista será tripartita.

Es decir, habría una primera minoría de "felipistas" -en realidad sería la mayoría-, que se calcula entre 40 y 50% de los consejeros, una segunda minoría formada por los "espinistas", de entre 30 y 40% de los consejeros, y la tercera -la de los "santiagos"-, cuya fuerza se calcula entre 8 y 12% de los consejeros. ¿Cuál es la estrategia de Creel? Sin duda se trata de un movimiento inteligente y audaz, ya que frente a la polarización de las dos grandes "tribus", la aparición de una tercera cobra una importancia no sólo aritmética, sino geométrica, sobre todo por su peso coyuntural para la formación de mayorías o para impedir los mayoriteos.

Así, en la hipótesis de que los "santiagos" puedan sumar, por ejemplo, un simbólico 10% de los consejeros, esa corriente contaría con la fuerza suficiente para operar a favor o en contra de cualquiera de las dos grandes "tribus". En pocas palabras, los "santiagos" aliados con los "felipistas" harían una mayoría capaz de someter a los "espinistas". Pero en sentido contrario, los "santiagos" aliados con los "espinistas" podrían bloquear a los "felipistas" y, con ello, impedir los mayoriteos. Es la estrategia del "divide y vencerás", donde la "tribu" que jefatura Santiago Creel se convertirá no sólo en el "fiel de la balanza", sino en el verdadero grupo ganancioso; en el que podrá imponer condiciones y el único capaz de hacer mayorías o de impedirlas. Una posición de privilegio que redundará, sin duda, en posiciones reales de poder.

El objeto del deseo

¿Qué pelean los panistas? En términos coloquiales, como todos saben, la pelea es por el poder a secas. No buscan el fortalecimiento de su partido, la depuración de oportunistas, y menos intentan construir proyectos que resuelvan los grandes problemas nacionales. La del PAN es una grosera pelea por el poder. ¿Pero cuál poder, si ya tienen el poder presidencial?

El Consejo Nacional del PAN es el máximo órgano de dirección de ese partido -lo integran más de 270 consejeros-, que será renovado el fin de semana próximo. El consejo es la "casta divina" del panismo, que en marzo de 2008 elegirá nuevo presidente del partido, por cuya deliberación pasan los procesos internos para elegir candidatos a puestos de elección popular, incluido el candidato presidencial. El grupo panista que alcance la mayoría en el consejo, se podrá acreditar la dirigencia nacional -de la que dependen, por ejemplo, la designación de los coordinadores parlamentarios-, y podrá reformar los estatutos para impulsar a lo suyos. Eso es lo que está en disputa.

En 2004, a pesar de que la ultraderecha mantenía el control de la dirigencia del partido, los "calderonistas" lograron mayoría en el Consejo y lograron que en los estatutos, la elección de aspirantes a puestos de elección popular se hiciera mediante un proceso interno en el que sólo participarían los militantes y adherentes. Esa definición estatutaria le ganó a Felipe Calderón la candidatura presidencial. Hoy, el señor Manuel Espino quiere un cambio estatutario, para que el aspirante presidencial sea electo por los ciudadanos en general. ¿Por qué? Porque la ultraderecha tiene más respaldo fuera del PAN que entre su militancia, así de simple.

Una perla

Y esa ultraderecha autoritaria, intolerante, nada democrática, está en todas partes. Un ejemplo es la delegación Benito Juárez, del DF, donde despacha el ultraderechista Germán de la Garza -otrora subordinado de José Espina, en la misma demarcación, hoy brazo derecho de Manuel Espino en el PAN-, quien todos los días muestra su intolerancia.

Resulta que la delegación Benito Juárez estableció un convenio de publicidad con el periódico delegacional -circulación gratuita-, Libre en el Sur, que se edita desde hace años. Pero en abril, el periódico publicó una entrevista con el diputado local panista, Alfredo Vinaley, en la que hace señalamientos críticos al delegado Germán de la Garza. Días después, el 18 de abril, la publicación recibió la notificación de cancelación del convenio de publicidad. ¿Por qué? Porque a De la Garza le molesta la crítica, la democracia. Sobre la Ley de Transparencia, se aventó la siguiente perla: que sólo fomenta "demandas que derivan del ocio o de intereses particulares". ¿Qué tal? La ultraderecha que pretende mantener el control del PAN.

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