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Detrás de la Noticia | Ricardo Rocha

´Guerra santa´

Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas.

En 1977 cubrió por dos meses la ...

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Lunes 09 de abril de 2007

´Guerra santa´

Estos no han sido días de guardar. Al menos para los jerarcas de la Iglesia católica. Por el contrario, las semanas Santa y de Pascua han sido de una actividad frenética para urdir y sellar alianzas con otras iglesias cristianas a fin de armar un santo ejército que luche en todos los frentes contra la demoniaca amenaza del aborto. Una cruzada pues. Una ofensiva total contra la "embestida del mal" que atenta "contra los valores mas queridos de los mexicanos" según ha dicho el propio cardenal Norberto Rivera Carrera.

Para empezar, hay un problema profundo de percepción. Porque la iniciativa de la despenalización del aborto no es en modo alguno una embestida contra nadie, y -que se sepa- no es producto de rituales satánicos en misas negras. Es, en cambio, fruto de un largo debate de muchos años en una institución legal y representativa que nos hemos dado los habitantes de la ciudad de México: la Asamblea Legislativa del DF, que no tiene como propósito socavar los valores morales ni religiosos de nadie; que lo único que se propone es quitar los castigos a aquellas mujeres que en un ejercicio pleno de libertad de conciencia decidan -en el marco de la ley- poner fin a un embarazo no deseado. Y en ese empeño se han esgrimido cientos de argumentos psicológicos, fisiológicos y sociológicos que han llevado a la conclusión de que se trata de un gravísimo y doloroso problema de salud pública. Además, claro, de un ejemplo verdaderamente patético de doble moral por aquello de las mujeres con recursos que aquí y en Houston abortan confortablemente, frente a las miles que mueren condenadas por una absurda clandestinidad criminal.

Ya decíamos que la desventaja para los nuevos cruzados es que no han expuesto argumentos convincentes ni científicos ni éticos. Y, peor aún, carecen de estatura moral para condenar cualquier cosa, cuando han guardado ominoso silencio ante las trapacerías mas abusivas de los poderosos del dinero y los gobiernos. Por el contrario, en ningún lugar del mundo como en México hay una Iglesia tan impúdicamente ligada a lo terrenal, tan comprometida con los excesos, tan superficial, tan frívola. Tan distante de los pobres. Tan lejos del cielo.

Por eso no es un asunto de fe. Ni siquiera religioso. Es un asunto eclesiástico. Y no sería la primera vez que la llamada Santa Madre Iglesia se mostrase más preocupada y ocupada en sus propios intereses que en los de su feligresía. Y para nadie es un secreto que esa falta de apego y comprensión de su realidad, ha provocado una de las más graves crisis en sus 2 mil años de historia. Baste ver los templos vacíos y semidesiertas las vocaciones sacerdotales. Tampoco pueden ocultarse los ríos de desertores que en las décadas y sobre todo años recientes han vuelto su mirada a otras opciones religiosas que se han fortalecido velozmente. Sólo así se explica la estridencia que ha generado el aborto. Eso y los infames escándalos de los curas pederastas que apenas hoy son lamentados tardíamente. Puros trucos de sobrevivencia. Y es que está claro que se trata también de una trampa. Meter al mismo costal los temas del aborto y la pederastia sacerdotal bajo el signo de cero tolerancia no es lógico ni justo. En el primer caso se trata de un acto individual. En cambio, el sacerdote pederasta es un criminal flagrante que viola y destruye la vida de un niño con premeditación, alevosía y ventaja.

Pero la Iglesia necesita una causa. Aunque ésta sea desesperada. Porque, además de los argumentos, hay una opinión pública cada vez mas informada que -según la gran mayoría de las encuestas- se pronuncia por que las mujeres decidan sobre su cuerpo, su maternidad y su destino.

A pesar de todo, el clero conservador y los mas diversos grupos de derecha y ultraderecha como los de El Yunque incrustado en el panismo, han decidido satanizar una legítima demanda ciudadana. Y en eso andan, azuzando desde los púlpitos y en los atrios. Juegan con fuego y el gobierno los arropa.

Sin embargo, condenarlos sería caer en su juego grotesco de sinrazones y descalificaciones. Pero sí hay que estar atentos al riesgo. La historia dentro y fuera nos ha dado durísimas y sangrientas lecciones.

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