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Detrás de la Noticia | Ricardo Rocha

Hipócritas

Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas.

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Lunes 02 de abril de 2007

Hipócritas

Hoy estamos viviendo uno de los debates mas absurdos y vergonzosos de que se tenga memoria. El aborto ha venido a polarizar todavía más a una sociedad ya de por sí confrontada por el 2 de julio y sus secuelas de rencores y odio: de un lado, quienes defienden el derecho a la vida de miles de mujeres que cada año mueren en este país por criminales abortos clandestinos; del otro, los que invocan la religión para condenar y hasta excomulgar a quienes pretenden despenalizar el aborto.

Un debate que, por supuesto, está ideologizado y partidizado: acá, priístas, perredistas y organizaciones no gubernamentales de centro-izquierda exhibiendo los extremismos del partido en el poder; enfrente, el PAN, el gobierno, la jerarquía católica y anexos desgarrándose las vestiduras pero intentando demostrar quién manda en este país.

Los argumentos por la despenalización son contundentes: es un gravísimo problema de salud pública con graves consecuencias individuales, sociales y hasta económicas para la nación; nadie puede imponerse al derecho de las mujeres a decidir sobre su maternidad; hay un cúmulo de argumentos científicos que descartan que antes de las 14 semanas de embarazo se pueda hablar de un ser humano integral; aun filósofos y teólogos como Hans Kung -de reciente visita en nuestro país- han afirmado que el embrión en esa etapa no puede ser todavía considerado como persona, que el aborto beneficia a las mujeres más pobres y que la Iglesia debería tener una posición de misericordia, porque oponerse al aborto no es una actitud cristiana.

Simultáneamente, se ha dicho una y otra vez que esta ley -ahora a discusión en la Asamblea- no obliga ni sugiere a la madre a abortar,; simplemente eliminaría las penas a quienes lo hagan. En sentido contrario, los "argumentos" son absolutamente insostenibles y se limitan a las mismas cantaletas moralinas de siempre: estar en favor de la vida; defender la existencia de inocentes o el súmmum de la nueva filosofía chespiritense de la derecha: "abortemos la ley, no la vida". Las "razones" no se quedan atrás: "habrá violencia", amenaza el cardenal Rivera; "habrá sangre", desafía el señor Serrano.

Pero lo peor para voceros y vocingleros antiaborto es que no hay uno solo que tenga calidad moral para defender una postura de seudoética pública. Y es que están contra el aborto los panistas que jamás se han molestado en protestar por Aguas Blancas, Acteal o las muertas de Juárez; que no han hecho gestos con sus alcaldes asesinos como el de Atizapán; que encubrieron el fraude de 30 millones del ya mencionado provido Jorge Serrano Limón; que ahora comulgan con don Norberto, quien está indiciado en Los Ángeles por proteger al cura Aguilar, quien afirma que "es una exageración decir que violé a 90 niños". Los mismos panistas que tienen como gurú espiritual al padre de todos los pederastas Marcial Maciel, al que el Vaticano tuvo que encerrar porque es un sujeto de alta peligrosidad.

Así, pues, con qué cara los panistas y los jerarcas católicos nos pueden hablar de caridad cristiana. Si vienen de una Iglesia que empareda por miles los fetos en los muros de sus conventos; que masacró a los cátaros porque querían regresar a la austeridad de Jesús; que sólo en los últimos 50 años y nada más en Estados Unidos ha sido acusada de más de 10 mil abusos sexuales contra niñas y niños por parte de 5 mil de sus sacerdotes, por lo que ha tenido que pagar casi 700 millones de dólares en indemnizaciones. Si en México se abrieran las denuncias, también sumarían miles.

Lo grave es que la larga agonía de esas violaciones y luego la destrucción en vida de la existencia de esas víctimas jamás ha provocado el menor rechazo o protesta de quienes ahora se asumen hipócritamente como defensores de la moral y las buenas costumbres.

En suma, si la mayoría en la ALDF se deja intimidar y amedrentar por los nuevos inquisidores malhechos, habremos retrocedido siglos de historia. Ahora sí se aplastaría el estado de derecho. No puede ni debe haber titubeos en un acto de estricta justicia.

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