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Estrictamente personal | Raymundo Riva Palacio

La dislexia del procurador



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Lunes 29 de enero de 2007

La dislexia del procurador

La sobreexposición de Eduardo Medina Mora en los medios no impide ver los primeros fracasos de su gestión en la lucha contra el narcotráfico

I nquilino temporal de un hábitat de marquesi nas y reflectores, el procurador general Eduardo Medina Mora ha venido girando como reguilete por todos los medios electrónicos regalándoles sound bites . Es un torbellino mediático, asumiendo la voz cantante del gobierno federal como cabeza en el combate contra el crimen organizado. Tiene neutralizado como vocero al encargado de ello, el secretario de Gobernación, aplastado al secretario de Marina, cuyos cuerpos especiales son parte importante de los operativos nacionales, y opacado al de Defensa, que juega una de las funciones torales del plan global. En conferencias y sesiones legislativas narra las primeras historias de éxito del gobierno de Felipe Calderón, colgándose, antes que nadie, las medallas. Curioso. De todas, a él, que las quiere todas, le corresponden las menos.

El procurador general suena hueco. De hecho, de sus dichos casi nada hay propio. En su reciente comparecencia ante una comisión legislativa, habló con detalle de las funciones policiales en los operativos contra el narcotráfico. Sin embargo, por disposición presidencial y sin que prestara la más mínima resistencia, desde los primeros días de la administración todas las policías que tenía la PGR pasaron al mando unificado del secretario de Seguridad Pública. Si se revisan con cuidado sus intervenciones públicas, Medina Mora se ha venido adornando con sombreros ajenos. Lo único concreto que ha hecho es la extradición de más de una decena de narcotraficantes, incluidos cuatro que son jefes de cárteles.

La iniciativa tuvo una aclamación de apología en Estados Unidos. "Acciones sin precedente", "momento monumental", "giro histórico", son algunas de las frases con las que el gobierno y la prensa estadounidense recibió la medida que se dio con un timing peculiar: la visita a México, días antes, del procurador general de ese país, Al Gonzales. Las críticas de que la extradición es resultado de una petición expresa de Gonzales, no tienen fundamento. La realidad es peor. México entregó a los capos y sus secuaces sin petición expresa -más allá del eterno reclamo- de por medio. La decisión con carácter unilateral sí es un asunto a discutir, sobre todo si, viendo el espejo colombiano, una medida de esa naturaleza provocó un disparo en la violencia en Colombia y que se ampliara la guerra entre el gobierno y los cárteles de la droga a la población inocente, ajena de todo, que pagó con sangre la política de las extradiciones.

La decisión del gobierno de Calderón ha sido envuelta como parte de un mensaje de que el combate al narcotráfico va en serio, y que los operativos no son el fin sino el principio de esa nueva política. Medina Mora vendió la entrega asesorado por su superconsejero Óscar Rocha, que de la oficina de propaganda en Los Pinos durante la primera parte del gobierno de Carlos Salinas, se dedicó a estudiar asuntos de seguridad nacional y se convirtió en una de las personas de mayor confianza y acceso en México en esas delicadas áreas en Washington.

Al oído de Medina Mora le canta la voz de un hombre muy preciado y apreciado en Estados Unidos, que fue quien le trajo a Gonzales y ha empujado al procurador a una agenda internacional. Un topo, pues, anima al procurador mexicano. De Estados Unidos le mandaron muchos besos a Medina Mora, que poco necesita para insuflarse. Se vio en su viaje a Colombia este fin de semana, donde fue él, sólo él, quien apareció en primer término en los medios, desplazando por completo al secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna, quien es el cerebro intelectual y operativo de la batida contra el narcotráfico en el país.

Lo único concreto que ha hecho Medina Mora en casi dos meses de nuevo gobierno, puede ser, paradójicamente, lo que será un enorme dolor de cabeza. Las extradiciones lo van a meter en un problema legal y político. Ante las primeras acusaciones de ilegalidad en el proceso de las extradiciones, se argumentó que se cumplió con lo establecido en el tratado existente entre los dos países, firmado en 1978, y en acatamiento a la Convención de Palermo, como se llamó a la Conferencia de Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Transnacional en 2000.

Pudiera caber una interpretación sobre lo expedito que sugiere la Convención de Palermo al actuar entre naciones, pero donde no cabe interpretación alguna es en la violación expresa de Medina Mora del artículo 15 del Tratado de Extradición con Estados Unidos, que establece que se puede entregar "temporalmente a una persona que haya recibido sentencia condenatoria", lo cual no sucedió con prácticamente todos los extraditados hace poco más de una semana. ¿Cómo lo librará Medina Mora?

El hábitat protegido que ha buscado en los medios electrónicos, no podrá ser duradero. Medina Mora ha declarado, como justificación de la medida, que los capos de las drogas habían penetrado fuertemente al Estado mexicano, en un acto de cinismo quizás involuntario. Durante el gobierno anterior, el actual procurador estuvo poco más de cuatro años al frente del Cisen, el órgano de inteligencia civil que forma parte de las instituciones que defienden, precisamente, la seguridad nacional del Estado mexicano. El resto del sexenio encabezó la Secretaría de Seguridad Pública, una de las instituciones responsables de salvaguardar la seguridad del Estado mexicano. A Medina Mora no se le puede aplicar la dialéctica, sino la dislexia. Encabeza una iniciativa -la de extraditar a los capos de la droga- para evitar que sigan vulnerando al Estado mexicano -acto que se hizo mientras él observaba cómo le hacían ¿sin hacer nada?-. ¿A quién está respondiendo realmente el procurador mexicano?

Desde Estados Unidos hubo declaraciones públicas que la medida fue tomada porque el gobierno mexicano era incapaz de evitar que los capos dirigieran el narcotráfico desde las cárceles de máxima seguridad donde estaban presos. Desde el sexenio anterior los penales son responsabilidad de la Secretaría de Seguridad Pública. Una vez más, el área a cargo de Medina Mora, que no supo cómo evitar que fuera vulnerada. El nombramiento de Medina Mora en el gabinete de Felipe Calderón fue altamente cuestionado por sus fracasos durante el sexenio anterior.

Hoy, el procurador general está demostrando que las críticas tenían todo el sustento, robándose el crédito que no le pertenece y metiendo al gobierno en un problema jurídico, siendo precisamente su experiencia en el campo la que le ganó el nuevo cargo. La exposición mediática le brinda una cobertura política inicial, pero no impide ver la ligereza de su empaque y, quizás en el gobierno, donde se estará revisando continuamente a todo el gabinete, Medina Mora pase a los primeros lugares de evaluación. Esa sería otra indicación clara de que el presidente Calderón quiere hacer las cosas en serio.

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