Regresando a cuestiones básicas: ¿Cuál es la relación entre la tasa de interés y la inflación?

José Francisco Pulido es profesor de Macroeconomía y Economía Internacional del ITESM campus Ciudad de México. Es maestro en Economía por ...
Lunes 08 de enero de 2007
Comúnmente existe cierta confusión en el público en la relación que guardan la tasa de interés y la inflación. Efectivamente, es un tema que tiene muchas aristas y por ello se complica. Trataremos de aclararlo, mostrando las diversas facetas del vínculo existente entre ambas variables.
La inflación es definida como el aumento generalizado y sostenido en el nivel general de precios. La inflación se mide como cualquier tasa de crecimiento, es decir, se calcula restando al nivel de precios del momento 1 (por ejemplo, el del mes de diciembre), el nivel de precios de precios del momento 0 (por ejemplo, el del mes de noviembre) y a esta resta se le divide entre el nivel de precios del momento 0 (el de noviembre). Finalmente, este cociente es multiplicado por cien, para ser convertido a porcentaje. Ya obtuvimos así la tasa de inflación de un periodo determinado.
Por otro lado, la tasa de interés es la relación que existe entre un capital de préstamo y la cantidad de ingreso excedente que se le entrega a su propietario. La tasa de interés es una variable económica que se publica en términos nominales. Por ejemplo, si un banco establece que pagará una tasa de -digamos- 8.0 por ciento en un año, esto quiere decir que un inversionista percibirá 8 pesos por cada cien que invierta. Muy bien, pero al cabo de ese año, la inflación habrá restado poder de compra a los 100 pesos originales y a los 8 pesos de intereses. En otras palabras, la tasa de interés nominal no refleja esa posible disminución en el poder de compra. Para obtener el premio de la tasa ya eliminando el efecto de la inflación hay que calcular lo que se denomina la tasa de interés real.
En términos aproximados, la tasa de interés real de un periodo se obtiene al restar la tasa de inflación (de ese periodo) de la tasa de interés nominal (de ese mismo periodo). Esta manera de calcular la tasa de interés real es aproximadamente correcta cuando la inflación anual tiende a ser ‘baja’ (es decir, cercana a cero o en los niveles actuales de inflación en México). Claro que al comenzar cualquier periodo no conocemos la tasa de inflación que se registrará en ese lapso de tiempo. Podemos calcular un pronóstico (la ‘inflación esperada’ o ‘expectativa de inflación’), y aproximar nuestra ganancia en términos reales o, en su caso, negociar con el banco una tasa de interés real. De esta última forma, pase lo que pase con la inflación, no afectará nuestra inversión.
Pero volvamos a la tasa de interés nominal. Como quizá ya notó el amable lector –al despejar la ecuación- la tasa de interés nominal se puede calcular como la suma de la inflación esperada y la tasa de interés real. No obstante, el mercado suele expresar sus tasas en términos nominales, por lo que el cálculo interesante –por ejemplo, en una tarjeta de crédito- es el de la tasa de interés real.
Dado ese par de componentes de la tasa de interés nominal, si la inflación esperada aumenta (por la razón que sea), la tasa de interés (nominal) también lo hará. En cualquier economía de mercado, si la tasa de inflación se incrementa (o si se espera que la inflación se incremente), la tasa de interés nominal también lo hará para que las personas con capacidad de ahorro sigan dispuestas a prestar su dinero (su ahorro). Sin embargo, desafortunadamente, este efecto tiene consecuencias negativas para quien pide prestado o requiere financiamiento ya que en términos nominales –y muy posiblemente también en términos reales- pagará una mayor tasa.
Pero la historia de las tasas de interés y de la tasa de inflación no concluye aquí. Es más interesante y amplia (y también un poco más complicada). Hay que introducir en escena al Banco Central, que es la autoridad monetaria de un país. Un Banco Central tiene como objetivo –incluso único en numerosos países- el mantener la estabilidad en el sistema de precios. Por lo general, asimismo, el instrumento que suelen usar los Bancos Centrales para tratar de cumplir con dicho objetivo es la tasa de interés. De hecho, hablando con más precisión, suele ser alguna tasa de interés de corto plazo. En efecto, a través de diferentes mecanismos -de los que no hablaremos en este momento- un Banco Central puede determinar la tasa de interés nominal de corto plazo que desea e influir en las decisiones de los agentes económicos para tratar de cumplir con su objetivo.
Si un Banco Central anticipa que la tasa de inflación va a aumentar y con ello salirse del rango ‘tolerado’ –en México, 3.0 por ciento, +/- 1.0 por ciento- o si ya va en aumento, debe luchar contra este problema. Y la forma en que lo puede hacer es incrementando la tasa de interés. ¿Por qué? Porque al subirla, va a tratar de influir en el gasto que llevan a cabo las familias y las empresas. Si el crédito se encarece o hay expectativas de que lo hará -vía tarjetas, por ejemplo- entonces es posible que haya familias y empresas que decidan posponer sus gastos en automóviles o PC’s o en celulares. Y al disminuir el gasto en los diferentes bienes y servicios que se ofrecen en una economía es factible que el aumento de la inflación empiece a ceder y que se recobre –eventualmente- la deseada estabilidad en los precios. Claro que puede haber un costo (significativo): una menor tasa de crecimiento de la economía -al presentarse una disminución en el gasto- en el corto plazo.
Pero deseo tratar de ser muy claro. En este entorno en donde la tasa de inflación se eleva, la tasa de interés nominal es el instrumento que tiene el Banco Central para afectar las expectativas del público. El Banco Central aumentará la tasa de interés -que esta Institución determina- con el objeto de detener el incremento de la tasa de inflación. Y reitero este punto porque suele comentarse en público una interpretación errónea: que la inflación aumenta al elevarse la tasa de interés. No es así. Es, de hecho, al contrario.
Amable lector: mis mejores deseos para este año que recién comienza.
jfpulidom@gmail.com


