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Estrictamente personal | Raymundo Riva Palacio

La caída del general



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Lunes 11 de diciembre de 2006

La caída del general

El misterio de por qué el general Oropeza Garnica no llegó a ser secretario de Defensa tiene que ver con un escándalo legal con Alemania

El general Alfredo Oropeza Garnica pasó, en cuestión de días, del umbral del olimpo militar al exilio. En la semana previa a que se anunciara el nombramiento del secretario de la Defensa en el gobierno de Felipe Calderón, el general Oropeza Garnica ya se desplazaba con una gran escolta y en vehículo blindado, invitaba a comunicadores a disfrutar los placeres de la vida en un polígono de tiro militar, y se comportaba como si la entrega del principal despacho en Lomas de Sotelo fuera, para él, un mero trámite. Pero el mismo día en que se anunciaría el nombramiento, 90 minutos antes de que sucediera, el general Guillermo Galván recibió un telefonema del equipo de Calderón para decirle que se preparara, pues él sería su secretario de la Defensa.

Todos los aspirantes al cargo fueron arropados por el nuevo secretario de la Defensa. Hizo subsecretario al general Tomás Ángeles; mantuvo como comandante del primer cuerpo del Ejército al general Sergio Ayón; y nombró al general Humberto Eduardo Antimio Miranda oficial mayor. Pero el caso del general Oropeza Garnica fue muy diferente. Él tenía muchas expectativas de quedarse con el cargo. Experto en contrainsurgencia y terrorismo, su perfil se ajustaba a las necesidades de seguridad de Estados Unidos. Además, el ex secretario Clemente Vega le había encomendado la parada militar del 16 de septiembre, una responsabilidad que en los últimos cuatro sexenios había sido dada en el último año de gobierno a quien sería designado jefe de las Fuerzas Armadas. Pero el general Oropeza tendría un destino muy diferente: comandante de la séptima región militar, en Ixcotel, Oaxaca. Fue una caída vertical, desprotegido, desarropado.

¿Qué sucedió? No fue un ajuste de cuentas, como había hecho seis años atrás el general Vega con su adversario en la recta final, el general Mario Palmerín. El general Oropeza Garnica aparentemente incurrió en una falla, que dentro de los círculos castrenses se cree que fue deliberada, que metió al gobierno mexicano en un problema legal internacional. El problema que tiene entre manos es con el gobierno de Alemania y con una empresa privada, Heckler and Koch, fabricante de armas desde hace más de 50 años, que acusaron a la Secretaría de la Defensa de haber plagiado -en un caso de piratería industrial- su rifle de asalto ligero HK G-36. Hay indignación en Alemania.

Para llegar a esa arma invirtieron muchos recursos desde 1990, en que nació el proyecto para modernizar sus rifles y hacerlos compatibles con los nuevos estándares de la OTAN. La parte más sofisticada del arma, en la cual demoraron nueve años en investigación, fue un pistón de gas en el sistema operativo que permite disparar 750 balas por minuto. El arma fue incorporada al Ejército alemán en 1995, y España incorporó una versión ligera de él cuatro años después. Este rifle de asalto fue recibido muy bien en el mundo, y varias agencias federales de Estados Unidos y Gran Bretaña lo incorporaron a sus arsenales. En México, simplemente, descubrieron que les copiaron ese pistón de gas.

El general Oropeza Garnica es la pieza central de todo este episodio. Desde su cargo como director general de Industria Militar en el sexenio pasado, ordenó la fabricación de un rifle de asalto para las Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano. El resultado fue el fusil FX-05 Xiuhcóatl -que en náhuatl significa "serpiente de fuego"-, el cual fue anunciado este año como una gran victoria de la ingeniería militar mexicana. Oropeza Garnica ordenó la fabricación de 200 rifles, que fueron enviados a varias regiones militares del país para que fueran probados en diferentes ambientes. Los presentó en sociedad durante el desfile militar del 16 de septiembre, cuando comenzaron los problemas.

Los alemanes sintieron que se trataba de un plagio y enviaron cartas al general Vega García quejándose de ello y pidiendo reparación del daño. El entonces secretario de la Defensa pidió explicaciones al general Oropeza Garnica, quien respondió por escrito que no había ningún plagio en el fusil desarrollado por los ingenieros militares mexicanos. Tanto el gobierno en Berlín como la empresa alemana advirtieron que procederían a demandar judicialmente en contra de la Secretaría de la Defensa Nacional y del gobierno mexicano en las cortes internacionales. La denuncia se iba a hacer pública en vísperas del anuncio del gabinete calderonista, que no había reparado en el conflicto internacional en que se estaba metiendo al mantener a Oropeza Garnica como su principal candidato al cargo de jefe de las Fuerzas Armadas. El FX-05 mexicano, de cualquier forma, estaba experimentando problemas, pues por la premura de la construcción del sistema operativo, el pistón de gas no estaba dando los rendimientos esperados.

La decisión de último minuto de hacer de lado al general Oropeza Garnica como secretario de la Defensa y recurrir a la salida institucional, en medio de la emergencia, del general Galván, sólo resolvió temporalmente el problema del escándalo público con los alemanes. Lo que el gobierno y la empresa están pidiendo del gobierno mexicano es el retiro y la destrucción de todos los fusiles Xiuhcóatl que se fabricaron, y un pago por el presunto plagio. Los abogados de la Secretaría de la Defensa están estudiando el caso desde hace cuando menos tres semanas y no se sabe aún cuál será el alegato frente a los alemanes. Tampoco se conoce el monto que reclaman los europeos como compensación.

El mejor escenario para el gobierno calderonista sería que, si se comprueban las acusaciones de piratería industrial-militar -muy penada en el mundo-, asumiera el costo, pagara el resarcimiento económico y que el episodio se mantuviera bajo la mayor discreción posible. No está claro, sin embargo, aún bajo ese escenario, cuál será la reacción de los alemanes y de otros países que se encuentran en el mercado global de las armas, que por el hecho de haberlo enviado al Gulag castrense, el general Oropeza Garnica no sea sujeto de un mayor castigo de comprobársele culpabilidad.

El caso no sólo tiene aristas internacionales, sino es bastante delicado dentro de la institución militar. ¿Cómo proceder con el general Oropeza Garnica si como se anticipa hay pocas posibilidades de hacer un alegato positivo frente a los alemanes? Aunque su designación como comandante de la séptima región militar es una señal bastante clara de la percepción que de él se tiene en la Secretaría de la Defensa por el asunto del Xiuhcóatl, y que antes de juzgado, el general Oropeza Garnica ya fue sentenciado. Pero, si este fuera el caso, ¿es el ostracismo en Ixcotel suficiente castigo?

Agraviados no sólo están los alemanes, sino también muchos militares mexicanos que, viéndose engañados, están molestos y lastimados en su honor. Un plagio, de comprobarse éste, merecería un castigo ejemplar en tribunales.

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