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Itinerario Político | Ricardo Alemán

El engaño

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Lunes 16 de octubre de 2006

El engaño

Se equivocan quienes insisten en que detrás del magisterio y de la APPO sólo está el interés legítimo de los maestros

E ntre los estrategas del gobierno federal saliente, el de Vicente Fox, y el que se iniciará el próximo 1 de diciembre, el de Felipe Calderón, se tiene claro que detrás del conflicto de Oaxaca, más que una crisis política y social, no hay más que un engaño mediático cuyo objetivo de fondo es el poder. Por eso se han resistido al uso de la fuerza pública y han intentado negociar. Pero el tiempo para el acuerdo y la negociación parece haber terminado.

Y es que todos saben que más allá de las legítimas demandas que enarbolan los grupos oaxaqueños involucrados en la crisis política y social que vive esa entidad, el verdadero trasfondo del conflicto es político; es una lucha de y por el poder local, que frente a las pasadas elecciones federales escaló los peldaños de los poderes municipal y estatal, hasta alcanzar el nivel federal, en donde se trasplantó en el corazón de la guerra por la sucesión presidencial.

Se equivocan quienes insisten en que detrás del magisterio oaxaqueño y de la naciente APPO sólo está el interés legítimo de los maestros y de las organizaciones populares que reclaman la reivindicación de reclamos históricos. Está claro que son de carme y hueso los maestros y las organizaciones sociales, como son tangibles sus reclamos. Pero en el fondo esos reclamos y la protesta radical del magisterio y de la APPO no son más que el pretexto para justificar una lucha de poder, que inició como un vulgar cobro de facturas políticas -al gobierno de Ulises Ruiz-, y que se transformó en un formidable ariete para presionar, doblegar y, en su momento, pactar con el nuevo gobierno.

Y es que detrás de la APPO, además de los grupos sociales reales, están los liderazgos colonizados por tribus del PRD -especialmente por el grupo que se ha convertido en el poder real al interior de ese partido-, como los "Chuchos". A ese grupo pertenece Flavio Sosa -cabeza visible en la negociación y los acuerdos, y promotor de las siglas de esa organización-, y quien apenas hace seis años levantaba la mano de Vicente Fox, entonces candidato presidencial que promovía el "voto útil". Hoy todo el grupo de Sosa responde a los "Chuchos", pero en años recientes fue aliado del gobernador José Murat, quien también promueve la rebelión, como parte de su "seguro de vida".

A su vez, el líder del magisterio, Enrique Rueda Pacheco, mantiene estrechos vínculos con el ex alcalde de Oaxaca y ex candidato a gobernador, Gabino Cué, a quien precisamente derrotó Ulises Ruiz, en una cuestionada elección. Cué fue subsecretario de Gobernación, y subsecretario de Gobierno, en los tiempos en que Diódoro Carrasco se desempeñó como secretario de Gobernación y gobernador de Oaxaca, respectivamente. Por paradójico que parezca, hoy Diódoro Carrasco es diputado federal por el PAN, en tanto que Gabino Cué es senador por Convergencia. El negocio familiar de Dante Delgado, el Partido Convergencia, también tiene metida la mano en el conflicto, por la vía del magisterio oaxaqueño.

Así pues, hace 143 días, cuando inició el movimiento magisterial en Oaxaca con la demanda legítima de retabulación salarial -cuando aún no se creaba la APPO-, el gobierno de Ulises Ruiz detectó que en el fondo la protesta pretendía crear un conflicto mayor para derribar a su gobierno -pues el magisterio había sido colonizado por los intereses políticos de Gabino Cué y de Convergencia-, y con la torpeza que le caracteriza intentó responder a palos, mediante el uso de la fuerza pública. La coyuntura resultó ideal para la formación de un grupo radical, como la APPO, que sumado al magisterio pretendía el poder político de Oaxaca.

Hay que decir que en ese momento todos los actores políticos de Oaxaca creían que López Obrador sería el ganador de la elección presidencial del 2 de julio. Bajo esa lógica se decidió radicalizar el movimiento magisterial, se creó la APPO y se inició la estrategia de reclamar, como demanda única y no negociable, la cabeza del gobernador Ulises Ruiz. La idea era crear una corriente política y social capaz de hacer posible no sólo la venganza, sino la caída de Ruiz y la suma, al PRD y a Convergencia, del gobierno de Oaxaca. Eso sería posible con el apoyo del hipotético gobierno de AMLO. En esa estrategia el prospecto a gobernar Oaxaca era nada menos que Cué. En el papel era un golpe maestro.

Pero la terca realidad cambió todo el escenario. Nadie imaginaba que AMLO sería derrotado el 2 de julio, y menos que el ganador sería Felipe Calderón. El nuevo escenario, con Calderón como presidente electo, obligó a modificar la estrategia, ya que la nueva composición de fuerzas afianzó la alianza del PAN y el PRI. Frente a esa nueva realidad, que elevó el costo de los objetivos, se decidió la radicalización de las posiciones del magisterio y de la APPO, sin moverse un milímetro en la demanda de la caída de Ruiz.

Al final de cuentas queda claro que al magisterio y a la APPO poco les importa una negociación, que el objetivo es doblegar al nuevo gobierno de Felipe Calderón, al que obligarán a usar la fuerza pública para mantener viva una lucha que es política, de fuerza y por el poder. Lo de menos son las demandas legítimas de los oaxaqueños. Y si no, al tiempo.

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