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Zona Vip | Maru Ruiz de Icaza

Todo un honor la visita del marqués de Griñón

Inició su labor como periodista hace doce años en la revista Actual, donde aún colabora. A lo largo de su carrera, ha entrevistado a persona ...




El evento tuvo todos los ingredientes para considerarlo un éxito, comenzando por el lugar, que me pareció más bonito que nunca

Domingo 10 de septiembre de 2006

Asistimos, en el Club de Industriales, a la comida ofrecida en honor de Carlos Falcó y Fernández de Córdova, marqués de Griñón, con motivo de su visita a México, en la que estuvieron presentes miembros de su familia mexicana (Malú, Marina y Pablo Escandón), y amigos del agasajado: Antonio y Marusa Suárez, Manolo y Marie-Thérèse Arango y Viviana Corcuera.

El evento tuvo todos los ingredientes para considerarlo un éxito, comenzando por el lugar, que me pareció más bonito que nunca. Pepe Carral, presidente del club, fue, como siempre, un magnífico anfitrión, lo mismo que Patrick de Sayve, su gerente general.

Además de los anteriores, saludamos a Juan y Doris Beckmann, Pedro y Concha Aspe, quienes llegaron con su hija Sofía de Bailléres; Mónica Patiño, Araceli Cortina y su marido Alejandro von Wuthenau; Francisco y Patricia Corcuera, Alejandro Legorreta, Mónica Cortina, Carlos Aguirre, Alejandra Alemán, Lourdes Ariza, Manona Carral, Roberto Lebrija, Pablo Rubio, Eugenia Loaeza, la guapísima Sofía Corcuera, que venía regresando de Guadalajara, de otra de sus reuniones con el pintor Alejandro Colunga, con quien planea una magna exposición y la publicación de un libro; Laura Caraza, quien nos comentaba que en noviembre próximo presentará su nuevo libro La recién casada en la casa y la cocina, en la que dará útiles consejos (desde saber hacer la compra en el mercado, cómo congelar los alimentos, cómo recibir a invitados, etcétera); Magdalena Carral, quien llegó con un ejemplar del libro Pueblos Mágicos, editado por la Secretaría de Turismo, para obsequiárselo al marqués; Pedro Romero de Terreros con Kitzia Nin; así como Toño Guerra Autrey, nuestro agradabilísimo compañero de mesa, y su esposa Fernanda Suárez, que está cada vez más guapa.

Y ¿qué puedo decirles de la comida? Con sólo mencionar que estuvo a cargo de la Academia Mexicana de Gastronomía, ya pueden darse una idea. Por supuesto, el maridaje entre los platillos y los vinos de las bodegas del Dominio de Valdepusa, propiedad del marqués, fue estudiado al detalle. El risotto de flor de calabaza con teja de huitlacoche, por ejemplo, fue servido con un Marqués de Griñón Cabernet Sauvignon 2003 Dominio Valdepusa; y el mixiote de jabalí con morillas (¡una exquisitez!), con un Marqués de Griñón Emeritus 2002 Dominio de Valdepusa, el más fino de sus vinos (en lo personal, el que más me gustó de todos fue Summa Varietalis, el más sencillito de los seis que produce, y que tuvimos oportunidad de degustar antes de la comida). De postre, una compota de zapote negro que ofrecieron con una copa de tequila Reserva de la Familia (de Cuervo), que por sus características, los Beckmann están tratando de posicionar en el mercado como una especie de coñac.

Olvidaba mencionarles que Juan Beckmann fue otro que llegó con varios libros para regalar al marqués, pero sobre Casa Cuervo.

Al que nos dio mucho gusto conocer fue a Andrés Harmsen, hijo de Paulina Corcuera (hermana de Sofía). Resulta que los Harmsen Corcuera viven en Madrid, y Andrés, luego de terminar sus estudios universitarios de Antropología Social en Londres, decidió dedicarse a su gran pasión: los vinos. En México realizó prácticas sobre el tema en las bodegas que Casa Madero tiene en Parras, Coahuila, y posteriormente se dedicó a ofrecer catas, en lugares como la Academia Mexicana del Vino. Hace dos años, Andrés entró como becario en las bodegas del marqués de Griñón, Dominio de Valdepusa, y hoy en día ya forma parte del equipo, encargándose junto con Sandra Falcó (hija del marqués) de los asuntos de exportación, en las oficinas de la firma en Madrid. Según nos comentó Andrés, dos o tres veces por semana se traslada hasta Toledo, donde se encuentra la finca del marqués, de apenas 42 hectáreas, que ha estado en manos de su familia desde 1292.

Supimos que Carlos Falcó se convirtió en la envidia de los bodegueros españoles, al concederle a sus viñedos Dominio de Valdepusa, la Denominación de Origen (por cierto, la D.O más pequeña de Europa).

Esto significa que la calidad de sus vinos y sus características específicas se deben, fundamentalmente, a la región geográfica en la que son producidos. Por si desconocían, como yo, los beneficios de dicha distinción, les cuento que la D.O aporta, básicamente, tres beneficios: protección de productos considerados típicos de un país, desarrollo de su industria, y protección contra la piratería, garantizando al consumidor la misma calidad y características.

Lo cierto es que Carlos Falcó se lo tenía más que merecido, ya que es uno de los pioneros en la modernización de la vitivinicultura en España, e introductor en su país, de cepas como Syrah y Petit Verdot, así como de la variedad Cabernet Sauvignon en Castilla-La Mancha. Por otra parte, es vicepresidente de la Academia Española de Gastronomía, como lo son de la mexicana, Antonio Suárez y Mónica Patiño. De hecho ellos, junto con Pepe Carral, le dirigieron unas palabras de bienvenida ante la ausencia de Lourdes Ascencio, presidenta de la academia.

Viviana Corcuera, por su parte, le hizo entrega de una bonita cruz de latón, con la imagen de la virgen de Guadalupe, realizada por artesanos mexicanos, y adquirida en el Museo de Arte Popular. Por la noche, el marqués salió a cenar con su esposa Fátima de la Cierva, quien lo acompañará durante los días que estará por acá promocionando sus vinos.



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