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Música opinión | Fernando Díez

Elisabeth Schwarzkopf

Ha estado inmerso en la literatura y en la música. Ha dado clases en instituciones de altos estudios, entre ellas la Universidad de California ...





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Conviví con ambos, muy de cerca, desde 1956, hasta que Thelma se fue y Otto se murió

Martes 29 de agosto de 2006

Elisabeth Schwarzkopf

Otto Mayer-Serra y Thelma Ferrigno eran una pareja peculiar. El escritor Guimarães Rosa hubiese dicho que vivían "en estrecha desunión".

Conviví con ambos, muy de cerca, desde 1956, hasta que Thelma se fue y Otto se murió. El anecdotario podría ser interminable. Me limitaré aquí a las sesiones vespertinas en su casa, por lo general dominicales, donde escuchábamos ópera y lieder.

A veces Miguel García Mora completaba la concurrencia, Rómulo Ramírez Esteva no faltaba nunca.

Elisabeth Schwarzkopf era gran predilecta. Obvio es que no existía el VHS y menos el DVD. Pero escuchábamos cuanto LP estaba al alcance. Los anfitriones hablaban de la diva como si fueran íntimos amigos, Thelma alcanzó a estudiar, breve tiempo, con su preceptora, María Ivogün, en la Hochschule de Berlín.

Legendaria "coloratura", la Ivogün hizo brillante carrera en los mejores escenarios de Europa. En 1916 la escogió Richard Strauss para cantar la Zerbinetta de Ariadna en Naxos, con la que debutó en Londres, en 1924. Se retiró a causa de una ceguera progresiva que acabó dejándola en tinieblas. No recuerdo que Otto ni Thelma hayan mencionado aquella triste condición que nada restaba a su calidad de excepcional maestra.

Hace pocos días, Elisabeth Schwarzkopf dejó este mundo, cuando la familiaridad con su nombre ya se limitaba a viejos discófilos, antiguos amantes de la ópera o adeptos recientes al rescate histórico. Estas líneas, más que pleitesía, pretenden ser modesta contribución en favor de su recuerdo.

Había nacido en Jarotschin, entonces Prusia oriental y hoy Polonia, el 9 de diciembre de 1915, de modo que no cumplió los 91 años.

La soprano, de quien se admiró una personalidad proyectada tanto en la escena como en la voz, vino a la ciudad de México para ofrecer un recital en la sala de espectáculos del Palacio de Bellas Artes el 5 de noviembre de 1952, acompañada por el pianista Martín Imaz. Quienes la escucharon recuerdan especialmente las arias de Bach y de Haendel incluidas en el programa.

La Schwrazkopf inició su carrera con Parsifal en la ópera berlinesa. Su primer recital tuvo lugar en Viena, en 1942. Después triunfó en el Covent Garden y en los festivales de Bayreuth y Salzburgo. En otro festival, el de Venecia, el 11 de septiembre de 1951, protagonizó el estreno mundial de la ópera The Rake´s Progress, de Stravinsky, bajo la dirección del autor.

Cantó la condesa Madeleine en la primera presentación con la Ópera de San Francisco, del Capriccio de Richard Strauss, ópera que dio testimonio de la estrecha colaboración entre el compositor y Clemens Krauss, quien escribió el libreto. Krauss dejó en México el doloroso recuerdo de su muerte, un domingo malhadado de 1954, cuando acababa de triunfar como pocos, dirigiendo la Sinfónica Nacional, con nuestra Angélica Morales de solista.

La Schwarzkopf se identificó siempre con Strauss y sigue siendo proverbial su actuación como la mariscala de El Caballero de la Rosa. Tampoco se puede olvidar su papel de condesa Almaviva en Las bodas de Fígaro de Mozart.

Entre las grabaciones de la soprano que tienen todavía plena vigencia, conviene mencionar la muy reconocida de El murciélago, al lado de Rita Streich y Nicolai Gedda, bajo la dirección de Herbert von Karajan, con quien también está presente en Hänsel y Gretel, de Humperdinck.

Brilló singularmente en el repertorio barroco y clásico. Compartió la Cleopatra de Julio César, de Haendel, en los elencos de la Metropolitan de Nueva York, con Leontyne Price y Montserrat Caballé. Sencilla como la mayoría de los grandes, en una de las últimas entrevistas que se le hicieron declaró, para escándalo de todos los que tanto la admiramos, "nunca fui suficientemente buena".

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