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La manzana flechada | Martha Chapa

Llegó, pintó y trascendió



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Por fortuna, la veta creativa nacional no se agotó con ellos

Domingo 13 de agosto de 2006

Hay nombres legendarios en las artes plásticas de México que el gran público reconoce y recuerda, como Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Rufino Tamayo, figuras imprescindibles del arte contemporáneo.

Por fortuna, la veta creativa nacional no se agotó con ellos. En la segunda mitad del siglo pasado fueron surgiendo otros valores de la pintura que obtuvieron un espacio propio, incluso en museos y galerías de prestigio en el extranjero.

Más aún, en recientes décadas han destacado pintoras y pintores que ya no son promesas, sino plenas realidades que enaltecen nuestro arte y cultura contemporáneos.

Un buen ejemplo es Julio Galán, lamentablemente fallecido el pasado viernes 4 a una edad muy temprana, pues tenía apenas 46 años.

Hago mención de él, no en reacción mecánica ante su muerte, como suele ocurrir -es habitual que frente a un deceso de inmediato se genere un entorno de recuerdos benévolos-, sino en justicia a su gran talento.

Tampoco me persuade nuestro supuesto paisanaje, pues aunque Julio, oriundo de Coahuila, vivió desde los nueve años de edad en Monterrey, donde desarrolló buena parte de su carrera, no tuve oportunidad de conocerlo ni tratarlo en aquellas tierras.

Para hablar de Julio Galán no requiero motivaciones ajenas a su trabajo creativo; su obra deslumbrante, intensa y original habla de él más que suficiente. Y, bueno, no podemos dejar de lado que en sí mismo era todo un personaje: su presentación personal, desplantes y declaraciones, con una dosis significativa de subversión, levantaban polémica y confrontación.

Su indudable capacidad lo hizo merecedor de diversos premios; en 1981, por ejemplo, obtuvo el primer lugar de adquisición del Salón Nacional de la Plástica del Instituto Nacional de Bellas Artes.

La obra de Julio Galán fue protagonista central en galerías no sólo de México, sino también de otros países latinoamericanos, así como de Estados Unidos y Europa. Ciudades como Nueva York y Francia fueron, en más de una ocasión, sede de sus exposiciones.

Por fortuna, el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey (Marco) adquirió para su acervo pinturas de este consumado artista plástico, mismas que he tenido el gusto de admirar en diversas exposiciones montadas allá en mi tierra natal.

En todo caso, el alma del artista subsiste en gran medida por sus obras, como ocurre con este notable pintor, quien deja una huella honda y generosa para la posteridad.

Julio Galán, sin duda, nació y vivió para pintar y así se le recordará.

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www.marthachapa.net



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