aviso-oportuno.com.mx

Suscríbase por internet o llame al 5237-0800




Galaxia editorial | Juan Domingo Argüelles

La poesía de Olvido García Valdés



COLUMNAS ANTERIORES

Simultáneamente, una muestra de su obra se incorporó al catálogo de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que posee más de 21 mil registros bibliográficos de libre acceso

Domingo 13 de agosto de 2006

La poetisa española Olvido García Valdés (Asturias, 1950) publicó recientemente su sexto libro: Y todos estábamos vivos (Barcelona, Tusquets, 2006, colección Marginales).

Simultáneamente, una muestra de su obra se incorporó al catálogo de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, que posee más de 21 mil registros bibliográficos de libre acceso.

Y todos estábamos vivos es un libro que continúa un trabajo poético de dos décadas, desde que la autora publicó, en 1986, El tercer jardín , al cual siguieron La exposición (1990, Premio Ícaro de Literatura), Ella, los pájaros (1994, Premio Leonor de Poesía), Caza nocturna (1997) y Del ojo al hueso (2001).

Poesía hecha de palabras esenciales o de "ascetismo verbal", como se le ha denominado a su estilo desnudo de ornamentos y ausente de retóricas efectistas, su obra evoca el mundo desde el universo íntimo: lo que ve, lo que toca, lo que vive están presentes en cada uno de sus poemas haciendo entrañable la cotidianidad hasta transformarla en metáfora de lo humano. La intimidad, así, se hace pública, pero sólo para hablarles a quienes comparten la certeza de que en la emoción de lo evanescente y lo aparentemente trivial hay huellas y heridas decisivas para la vida.

En uno de los poemas de Ella, los pájaros, leemos: "Verde. Las hojas de geranio/ en la luz gris de la tormenta/ tiemblan, tensión/ de nervadura verde oscuro./ Te mirabas las manos,/ nervadura de venas; si los dedos/ fueran deliciosos, decías./ Al caminar/ apoyaba mi sien contra la tuya/ y en la noche escuchaba/ el ruiseñor y el graznido/ del pavo. Indiferencia/ de todo, oscuridad./ Me llamabas con voz muy baja./ Sólo un día reíste". La poesía de Olvido García Valdés es una obra ceñida a su experiencia, que huye de la equívoca "fantasía" y que jamás se inclina por la ficción.

Lo que recuerda y lo que nombra es también todo aquello que la recuerda y que la nombra. La escritura poética es, en este sentido, una autobiografía espiritual, emotiva e intelectual.

En Y todos estábamos vivos hay sin duda la búsqueda de penetrar en el misterio y, para ello, se vale se las palabras esenciales en una especie de alquimia del lenguaje, de la plegaria y el conjuro más que de la imprecación. Dividido en tres secciones ("Lugares", "No para sí" y "Sombra a sombra"), este es un libro que obedece intuiciones de un decir personalísimo, de un idioma particular hecho de fragmentos, de retazos de vida.

Escribe la poeta: "Con la luna de marzo llegó/ la foto y todos/ estábamos vivos;/ palabras/ de velocidad,/ de esa sustancia/ que es veloz/ y gira y se desprende;/ lenta, la luna,/ vuelve mes a mes". Y en otra página dice: "La muerte florece una vez, la flor/ de la muerte pide otro cuidado, como hilo/ de voz. Sustancia del afecto/ se entreteje leve o retirada/ a la muerte la voz".

Al hablar de su trabajo poético, García Valdés expresa que "de la poesía sólo sabemos por sus misteriosos resultados, los poemas, pero también es misterioso su origen". La única certeza es que "un poema, lo sabemos como lectores, es el lugar donde las palabras alcanzan a las cosas: en él late el hálito de lo que no estará o de lo que estará cuando uno ya no esté".

O, para decirlo con unos versos de Y todos estábamos vivos: "Entre lo literal de lo que ve/ y escucha, y otro lugar no evidente/ abre su ojo la inquietud". Esa inquietud que es la que dicta el poema y que nos hace ver, gracias a las palabras, a la emoción y a la sensible inteligencia, lo que no todo el mundo ve: lo que la mayoría se niega a ver: lo poético.



PUBLICIDAD.