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Detrás de la Noticia | Ricardo Rocha

La malvada familia

Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas.

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Lunes 19 de junio de 2006

La malvada familia

Lo cierto es que los datos del propio Hildebrando y sus alardes de prosperidad genial lo condenan

E l caso de Diego Hildebrando Zavala nomás no termina. El "cuñado incómodo" es apenas la punta de una enmarañada madeja de corrupción, abuso del poder y tráfico de influencias que no sólo incluye al entorno inmediato del candidato del PAN, Felipe Calderón, sino que marca a todo el gobierno de Vicente Fox.

Y es que ya son muchas: los ranchos, las cabañas, las toallas, los colchones, las persianas, los vestidos, las botas, ¡Lotería! -sí, pero la Nacional-, Vamos México de doña Marta, el narco de Estrada Cajigal, el Fonden de Carmen Segura, las casotas de apuesta de Creel, las casitas -eso sí, muchas- de los Bribiesca y tantas otras tropelías que pronto se convertirán en cuentas pendientes. Y añádanse los casos Mouriño y Bueno Torio.

Hubo muchos que apostaron a que la denuncia de López Obrador al final del debate iba a ser su ruina política. Que se trató de una salida desesperada a los seis ataques previos de Calderón. Que jamás podría probar sus dichos. Que esto lo hundiría en el descrédito. Que en todo caso se trataba de un asunto menor. Y que, total, perdería la elección por un exceso imperdonable. Se equivocaron rotundamente.

Aun así, hay todavía quienes exigen cuentas para precisar si fueron 2 mil 500 o nada más mil 700 millones los que se embolsó el "cuñado incómodo" en estos cinco años de gobierno cómodo. Como si se pudiera ser muy inmoral, inmoral a secas, medio inmoral o únicamente inmoralito. Lo cierto es que los datos del propio Hildebrando y sus alardes de prosperidad genial lo condenan. Ahí están sus ingresos incrementados notoriamente durante el periodo en que su cuñadazo fue secretario de Energía. Ahí están los embargos precautorios oficiales de la autoridad fiscal, que luego nunca se consumaron porque recibió protección oficial del más alto nivel. Por eso el asunto seguirá escalando, porque -entre otras cosas- la Comisión Permanente del Congreso ya aprobó por unanimidad la comparecencia de los titulares de Hacienda y del SAT para que informen si Hildebrando y su veintena de empresas afines pagaron sus impuestos, porque todo indica una evasión escandalosa. También se aprobó que la PGR, la Secretaría de la Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación investiguen los montos, la naturaleza y la legalidad de los generosos contratos -sobre todo con Pemex- que el conglomerado empresarial insólito obtuvo en un tiempo récord. Con el agravante del conflicto de intereses por el diseño del software y bases de datos del padrón del IFE y el listado de beneficiarios de programas sociales de Sedesol. Con todo lo que ello implica.

Es probable que, pese a la avalancha incriminatoria y dado que la mayoría de las instancias exigidas dependen de la voluntad e intereses del presidente Fox, no se haga nada, sobre todo de aquí al 2 de julio. Pero esta maniobra puede ser un arma de doble filo. Ya las encuestas reflejan el efecto "cuñado incómodo" en la baja sensible de las preferencias por Calderón. Por cierto, yo en lo personal no creo que esto sea definitorio para la elección presidencial que se ha de decidir por otras muchas razones. Pero sí puede ampliar el margen de desventaja.

Por lo pronto, los panistas están aterrados y ateridos. Ya no hallan cómo parar el estrépito que crece día a día. Y el tiempo se les agota cuando faltan tan sólo 10 días de campaña. Las respuestas han sido francamente ridículas: el PAN, con una denuncia grotesca basada en un mamotreto anónimo que se diluyó en unas horas; su candidato, con una inoportuna defensa de los empresarios exitosos "como mi cuñado", le faltó decir; y el propio ínclito Hildebrando, que demandó por calumnia a López Obrador, pero eso sí, en el tribunal donde papi es magistrado. Total, una tragicomedia de enredos en la cual la familia completa está atrapada.

Lo grave es que Felipe Calderón se niega a un deslinde contundente. Es comprensible su desgarramiento interno. Pero es una actitud suicida, porque la sospecha es que no lo hace simple y sencillamente porque no puede hacerlo. Lástima. Porque además de perder la elección puede perder también su reputación pública. Tal vez es cierto eso de que no te casas con la familia, pero sí haces campaña con ella.

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