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Estrictamente personal | Raymundo Riva Palacio

Manos sucias



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E l jefe de Gobierno del Distrito Federal, Alejandro Encinas, sabe de lo que habla cuando sugiere que la investigación sobre el origen de la especie del tráfico de influencias y presunta evasión fiscal de don Hildebrando Zavala, cuñado del candidato presidencial del PAN, Felipe Calderón, no fue una violación al secreto bancario por parte del candidato del PRD López Obrador, quien lo dio a conocer durante el último debate presidencial, sino una filtración interna desde el corazón hacendario del gobierno federal

Miércoles 14 de junio de 2006

Manos sucias

El presunto tráfico de influencias del cuñado de Calderón es una pequeña muestra de lo que, por omisión o comisión, ha sido la marca del gobierno del cambio

E l jefe de Gobierno del Distrito Federal, Alejandro Encinas, sabe de lo que habla cuando sugiere que la investigación sobre el origen de la especie del tráfico de influencias y presunta evasión fiscal de don Hildebrando Zavala, cuñado del candidato presidencial del PAN, Felipe Calderón, no fue una violación al secreto bancario por parte del candidato del PRD López Obrador, quien lo dio a conocer durante el último debate presidencial, sino una filtración interna desde el corazón hacendario del gobierno federal.

Información interna de la campaña de López Obrador permite asegurar que la documentación le fue pasada hace poco más de un mes y medio a su principal consejero económico, Rogelio Ramírez de la O, procedente de un funcionario en la Subsecretaría de Ingresos en Hacienda, aparentemente para tratar de quedar bien con quien perciben muchos -quizás equivocadamente- que sería el responsable de las finanzas en un eventual gobierno lópezobradorista. Esta documentación no se limitaría a copias de las páginas de Compranet, el sitio del gobierno federal donde se pueden consultar las compras y los gastos, como están asegurando los voceros panistas, sino que llega a las entrañas de los estados financieros de Zavala.

Cuando llegó la información y se la presentaron a AMLO, el candidato optó por no utilizarla y mantenerla en reserva. Una pequeña parte de lo que les llegó se la proporcionaron a su vocero, La Jornada, cuyo talante militante que le ha restado credibilidad, impidió que generara el daño político que pensaban. Por qué razón la empleó durante el debate, no requiere de mucha ciencia: en vísperas del arranque del Mundial de Futbol, cuando la atención sobre las campañas gira hacia el deporte, un golpe en el último momento a Calderón, quien se mantenía arriba en las preferencias electorales, podría causar daño estratégico al ya no disponer de atención suficiente en los medios electrónicos para defenderse. Este golpe, empero, no parece haber ido dirigido al corazón del electorado panista, pues si uno se atiene a las mismas encuestas, tanto en el caso de Calderón como de López Obrador, parece que el electorado ya descontó la campaña negativa recíproca y mantiene sus preferencias por ambos, sin importar el lodo que caiga sobre de ellos, por encima del 30%.

Sin embargo, el impacto estratégico contra Calderón puede tener amplias repercusiones en el mediano plazo. Al candidato de las manos limpias, como se autonombra propagandísticamente, se las mostraron sucias a un sector que gradualmente había estado inclinándose hacia él, aportándole recursos para su campaña, que es el empresariado. Calderón era al candidato que veían sin negativos, más transparente y, efectivamente, más limpio. Su principal tropiezo conocido, el haber solicitado un crédito de vivienda en Banobras al poco tiempo de haber llegado, que no implicaba problema legal ni legítimo, pero sí de imagen pública, lo resolvió devolviéndolo. En este nuevo episodio, Calderón descuidó el asunto de don Hildebrando y, peor aún, salió a defender la integridad de su familia política. En mal momento.

López Obrador cuenta con mucho más información de lo que apenas han dejado entrever que poseen. Demuestra tráfico de influencias y debilidad en el aparato de procuración de justicia. Enseña que no sólo él o los priístas, a quienes se han dirigido todos los cañones acusándolos de corrupción, tienen problemas de esta naturaleza. Pero, en términos estrictamente políticos, afloran las contradicciones, ya agudizadas, en el aparato de poder. Llama la atención que en todo el affaire Hildebrando, el PAN, su partido, no haya hecho una defensa apasionada. Extraña asimismo la civilidad con la que se han comportado, mutuamente, López Obrador y el secretario de Hacienda, Francisco Gil.

En este último caso existe una negociación tras bambalinas entre las dos partes a través de un intermediario confiable para Gil y la campaña de López Obrador, según afirman en el cuartel del perredista, donde el secretario de Hacienda ofreció no escalar un conflicto contra él -después de todo, no gana nada, pues al terminar esta administración se va de profesor a la Universidad de Stanford-, a cambio de que tampoco la tomen contra él. En el caso del PAN, desnuda el conflicto entre Calderón y el presidente del partido, Manuel Espino, que tiene como aliados tácticos a parte de las familias que eran dueñas del partido y que estaban enfrentadas con las familias doctrinarias que ahora representa Calderón.

¿Qué significa todo esto? Las fisuras que se muestran en la falta de apoyos solidarios a Calderón no es el único problema. Entre los documentos que llegaron a AMLO se encuentran copias del SAT, que no han dado a conocer para evitar entrar en confrontación directa con el sistema tributario -en la lógica de la negociación con Gil-, y otro paquete donde queda expuesta Marta Sahagún, la poderosa primera dama que hace muchas veces la tarea de jefe de Estado ante la debilidad del presidente Vicente Fox. López Obrador no quiere utilizar esta documentación, y de hecho el PRD está dispuesto a aceptar una tregua que le ha propuesto la campaña de Calderón con el compromiso de que terminen las campañas negativas, siempre y cuando haya reciprocidad.

Un rijoso calderonista no entendió el mensaje. El lunes, el representante del PAN ante el IFE, Germán Martínez, volvió a disparar contra López Obrador al afirmar que carecía de título universitario. Para efectos políticos, al no haberse ufanado jamás de ese título ni utilizarlo para fines prácticos, hubiera sido irrelevante la acusación porque no implicaba un delito por usurpación de funciones si la acusación hubiera sido cierta. No lo es. O sea, el contraataque calderonista fue a partir de una falsedad, lo que sugiere que el daño infligido en la campaña del panista es más profundo de lo que se ve. Lamentablemente para el partido en el poder, ahí puede no parar todo.

En el mediano y largo plazo, el fondo del barril es mucho más profundo. El tráfico de influencias y presuntos actos de corrupción rebasan a la familia política de Calderón y se incrustan directamente en la casa presidencial. Algunos miembros de la familia sanguínea de Fox han amasado fortunas extrañas en este sexenio, además de los Bribiesca Sahagún, el milagro viviente de bonanzas instantáneas. Otros personajes cercanos a Los Pinos huelen a gas en los contratos de reaseguro en Pemex, y de promoción turística. Este gobierno tendrá mucho que explicar cuando lo llame a cuenta la justicia. Quizás por ese mismo escenario, Fox le dijo hace no mucho a Calderón que, palabras más o menos, mis enemigos son tus enemigos. Esconder las manos sucias es el nombre del juego electoral. La apuesta de Fox por Calderón parece encerrar un acuerdo de protección familiar, por omisión o comisión, por percepción o realidad.

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