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La voz invitada | Jorge Meléndez Preciado

Anaïs Nin: el deseo

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Anaïs Nin es garantía de tramas muy bien elaboradas, momentos excitantes, encuentros que parecen increíbles y por tanto reales y conclusiones que van del desencanto a la satisfacción, la búsqueda de lo nuevo al entendimiento de que lo cotidiano es la muerte en vida

Jueves 01 de junio de 2006

Anaïs Nin: el deseo

Son 13 pequeños cuentos donde uno siente que el amor es lo máximo y en ocasiones la gran decepción; la imaginación desatada o la caída libre. Todo con un buen gusto y una picardía que sólo es posible en una maestra del género.

Anaïs Nin es garantía de tramas muy bien elaboradas, momentos excitantes, encuentros que parecen increíbles y por tanto reales y conclusiones que van del desencanto a la satisfacción, la búsqueda de lo nuevo al entendimiento de que lo cotidiano es la muerte en vida.

Se trata del volumen Pajaritos (Emecé). En el primero de los textos un individuo convence a colegialas para que vayan a su hogar y admiren a ciertas aves picudas. El tipo goza al ver a las niñas y tiene erecciones. Cuando ellas se dan cuenta de esa montaña a través de la bata que porta, huyen casi volando. No hay ningún contacto físico pero sí la certeza de que los ojos y la mente nos llevan a ciertas alturas y calenturas sin límite.

En el que cierra la obra se presenta un triángulo. La adolescente es una cuando tiene relaciones con el muchacho y otra -al huir el primero cansado de los juegos sexuales- en los brazos de alguien más veterano pero que la hace descubrir todo su cuerpo. Por eso en las últimas líneas se dice: "Jeannette floreció bajo sus caricias (de Pierre), pero ya no como una jovencita sino como una mujer que acababa de nacer". Es decir, la pasión en ocasiones no trae el mayor desarrollo y gozo, sino únicamente fuegos que se apagan luego de un tiempo. Empero cuando hay una relación entre brío y conocimiento, apetencias claras y maestría consumada, se puede encontrar una fórmula para desarrollar mejor la convivencia erótica.

En el caso de Hilda y Rango, la historia se da entre una modelo parisina que había enamorado a un escritor estadounidense y ¡oh! sorpresa, un mexicano le hace perder la cabeza a ella. En este caso nuestro paisano es "grande, inquieto, destructivo, no quería a nadie, no estaba atado a nada, un vagabundo y un aventurero". Pero dicho individuo, que "la mayor parte del tiempo vivía con los gitanos en las afueras de París", y generalmente excitaba a la muchacha "sin satisfacerla hasta destruir su capacidad de desear", es un misterio para desvelar. Hay atracciones y represiones, deseos de preservar algo y, a la vez, romper las ataduras. ¿Cómo terminó el enredoso asunto? Vale la pena que usted lo descubra, pero muestra a una escritora consumada que va trazando rutas inéditas, las cuales sólo puede recrearlas quien ha vivido intensamente.

Un padre toca a sus hijas desde chicas, no obstante que en un momento quema los libros de D. H. Lawrence para evitar que ellas descubran la sensualidad. Estamos, pues, ante una paradoja. Las dos hermanas son también esa contradicción, ya que "Dorothy era la fuerza. (Y) Edna tenía una voz hermosa que seducía a la gente". En ese mundo que tiene altas y bajas, aspectos positivos y negativos, luces y sombras, el yin y el yang, encontramos lo mucho que sentimos y lo poco que sabemos. Una cátedra acerca del ser humano y sus polarizaciones.

Una serie de relatos póstumos de belleza singular, de atrevimiento máximo, de gozo infinito y de sorpresas constantes. Varias de las protagonistas son adolescentes, lo cual muestra que desde hace años hay un despertar muy claro de las jóvenes. Algo hoy muy notorio (hay que darse una vuelta por cualquier escuela de chavas), pero no tan evidente a mediados del siglo pasado. Salvo en personas atentas a los cambios sociales. Una de ellas: Anaïs Nïn, la maestra de la provocación, las pasiones y el juego- fuego carnal.

jamelendez@prodigy.net.mx



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