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Detrás de la Noticia | Ricardo Rocha

Mayo: última llamada

Ricardo Rocha ha sido redactor, reportero, corresponsal de guerra, productor y conductor de programas.

En 1977 cubrió por dos meses la ...

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Lunes 08 de mayo de 2006

Mayo: última llamada

Bien sabemos que julio es definitivo. Pero este mayo es definitorio. Si el país decide su destino el día segundo del mes séptimo, los partidos y sus candidatos deciden las armas para la batalla final, precisamente en estos días. Mayo es el plazo último; luego ya nada será posible. Lo mismo para quienes intentan el asalto a la fortaleza de Los Pinos, que para quienes se aprestan a defender con todo ese símbolo del poder presidencial.

"Última llamada para los que atacan: la oposición no tendrá una nueva oportunidad de sumar puntos que, aunque fuesen pocos, tendrán un valor gigantesco en esta batalla formidable. Así, el escenario de los que buscan la gloria, no está exento de las tentaciones de la violencia que conjura contra la democracia: desde el fraude hasta los conflictos postelectorales. Del sabotaje, al crimen. México no se acaba el 2 de julio. Pero puede comenzar ese día. Por lo menos el México nuevo que todos queremos: en el que la corrupción sea excepción y no rutina; en el que los funcionarios públicos sean los más aptos y no los más habilidosos en la intriga palaciega; donde la impunidad no ofenda y donde la pobreza sea enfrentada de una vez por todas.

"El 2 de julio no es sólo una apuesta a candidatos y partidos. No se trata únicamente de decidir por un favorito. La opción es por el futuro. Cada voto apuntará al México que queremos ser. Aun reconociendo que las encuestas no son predicción infalible sino fotografía instantánea, está claro desde ahora que la elección presidencial será muy disputada y que mayo será un mes clave para las sumas y las restas. Que por primera vez en 70 años puede pasar cualquier cosa. O casi."

Eso escribí hace seis años, cuando la generosidad de Juan Francisco Ealy Ortiz y Roberto Rock me abrieron estas páginas de EL UNIVERSAL. Como bien sabemos, aquella elección la ganó Vicente Fox, con 42% de los votos, al candidato oficial Francisco Labastida, que alcanzó 36, y a Cuauhtémoc Cárdenas, que apenas obtuvo 16%. También sabemos que en mayo sólo dos encuestas anticipaban el triunfo de Fox. Que las presiones desde el gobierno federal sobre las encuestadoras y los medios que las publicaban fueron tan brutales que esas encuestas ya no aparecieron en junio. Y que al final, en el límite permitido por la ley, de las 13 encuestas publicadas sólo cinco anticiparon el triunfo del panista y ocho el de Labastida.

Como se ve, muchos de los mecanismos de hace seis años siguen operando. Y aunque los actores hayan cambiado, los personajes a interpretar siguen siendo los mismos.

Ahora también sabemos que el gobierno foxista ha sido desastroso en más de un sentido. En lo económico: ha favorecido a los grandes capitales con exenciones de impuestos por miles de millones de pesos; en cambio redujo despiadadamente a la clase media y a pesar de haber maquillado las cifras de la pobreza ha producido cada vez más pobres -como los cientos de miles que emigran cada año- y ha sido incapaz de generar el millón de empleos que incumplió como sus otras promesas de campaña; nos hizo retroceder de la novena a la decimocuarta economía mundial y México crece a 3% anual pero otras naciones latinoamericanas lo hacen a 8%; su gran mérito ha sido mantener las variables macroeconómicas y llegar a un histórico en las reservas, pero no ha apostado a la inversión generadora de empleos. En suma, un gobierno timorato y salpicado por la corrupción.

En lo social, su intromisión en la vida sindical, el florecimiento del narco y su torpeza en el manejo de conflictos le han manchado las manos de sangre en Lázaro Cárdenas y en Atenco y se han prendido focos rojos por todo el país. En este escenario ahí están las tres opciones: el continuismo que representa Felipe Calderón; Roberto Madrazo, cuyo retrato ya está más que hablado, y Andrés Manuel López Obrador, a quien Fox ha perseguido acusándolo de un futuro incierto a pesar de que ya sabemos cómo gobierna.

En cualquier caso este mayo -como hace seis años- es, para todos los actores, el mes de la última llamada.

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