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Itinerario Político | Ricardo Alemán

¿Efecto o defecto Fox?

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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DURANTE el trienio 1997-2000 se construyó lo que entonces fue conocido como el fenómeno Fox, un efecto social y político que derivó en la edificación de un fuerte liderazgo electoral

Martes 28 de febrero de 2006

¿Efecto o defecto Fox?

DURANTE el trienio 1997-2000 se construyó lo que entonces fue conocido como el fenómeno Fox, un efecto social y político que derivó en la edificación de un fuerte liderazgo electoral que, entre otras cosas, rompió algunas de las viejas reglas del juego electoral mexicano. Desapareció el concepto del tapado y se dio paso a las "elecciones presidenciales adelantadas", al tiempo que germinaron los liderazgos extrapartidistas.

El fenómeno Fox, con un ranchero-empresario como él a la cabeza, fue desde julio de 1997 el motor que arrastró otro fenómeno no menos significativo de la época: "la ola azul", que a manera de fichas de dominó hizo caer en manos del PAN lo mismo alcaldías y gobiernos estatales, que congresos locales y diputaciones federales.

El fenómeno Fox y "la ola azul" fueron, junto con una creciente tendencia de "cambio" que germinó en amplios sectores sociales mexicanos, los factores que hicieron posible, en el mes de julio del año 2000, la caída del PRI y la llegada de la alternancia en el poder presidencial.

Pero una vez que el PRI fue echado del poder presidencial, y que la estafeta del gobierno federal fue tomada por el carismático Vicente Fox -al que entonces no se podía criticar sin que los fanáticos de la época acusaran casi de traidores a la patria a los críticos del "gobierno del cambio"-, desapareció el espejismo del "cambio" y los millones de adoradores y defensores del gobierno foxista se enfrentaron a la triste realidad, la de un gobierno incapaz no sólo de cumplir los torrentes de promesas electorales, sino inexperto para conducir la anhelada y cacareada transición democrática.

Paso a paso, a golpe de ineficacia y desaciertos, de escándalos similares o peores a los que exhibía el Revolucionario Institucional, en los recientes seis años se diluyó el fenómeno Fox, en tanto que el PRI y el PRD revirtieron "la ola azul", y el sexagenario Partido Acción Nacional enfrenta, en el primer relevo de un gobierno federal ganado bajo sus siglas, ya no el "efecto Fox", sino los saldos negativos del "defecto Fox". No hay duda que, a pesar de todo, según millones de mexicanos, Fox sigue siendo un presidente "política y socialmente correcto".

En la memoria de muchos ciudadanos y de una buena porción de los potenciales electores, Vicente Fox es visto como el político que sacó al PRI de Los Pinos, lo cual lo coloca no sólo en la historia, sino en la conciencia colectiva. Pero también es cierto que muchos de los que le reconocen ese mérito no quieren saber nada de un eventual gobierno continuista y, mucho menos, de la posibilidad de que su ejemplo sea seguido por un eventual nuevo gobierno del PAN.

Una muestra de ese rechazo lo dieron los militantes y adherentes del PAN que participaron en las internas de Acción Nacional para seleccionar al candidato presidencial de ese partido. Todos sabían que Vicente Fox tenía un preferido, que su delfín era su secretario de Gobernación, Santiago Creel, a quien desde la casa presidencial y con todo el apoyo del poder federal se llevó de la mano para ser el sucesor. El propio Fox se encargó de quitar del camino los obstáculos, entre ellos a Felipe Calderón, al grado de casi echarlo de su gabinete presidencial.

Calderón, como todos saben, forjó su candidatura presidencial a pesar y en contra de Vicente Fox y del compacto Grupo Guanajuato, y su éxito en las internas de Acción Nacional fue, precisamente, la distancia que marcó respecto al Presidente y al delfín de éste. Pero las internas del PAN fueron sólo la primera parte de las aspiraciones presidenciales de Felipe Calderón. Ya como precandidato, y ante la inevitable exposición frente a los ciudadanos en general, Calderón creció como alternativa electoral real porque en un primer momento fue visto como eso, como una alternativa al gobierno de Fox. Hasta ese momento dio un salto exponencial en las encuestas y las preferencias electorales.

Pero repentinamente su crecimiento electoral se detuvo, entre enero y febrero. Era natural que con el tiempo, y una vez iniciadas las contiendas formales, se produjera un desaceleramiento respecto de la tendencia de crecimiento inicial que había mostrado Calderón. La razón parece de sentido común, ya que conforme avanzan las campañas de los contendientes, el voto disponible se reduce y al mismo tiempo se concentra el voto "duro" de los indecisos, esos que dejan la decisión hasta el final, o que la cambian en el último tramo de la contienda.

Sin embargo, y a despecho de los que ven la realidad sólo a través de la televisión o los periódicos, el repentino freno que experimentó la campaña de Calderón -y su estancamiento en las encuestas- no parece tener otra explicación que el "defecto Fox". Vale recordar que el freno que experimentó la tendencia creciente de Calderón coincide, en el tiempo y en los hechos, con la incorporación de Vicente Fox como promotor de Felipe Calderón, y con la exaltación de escándalos como el de los jóvenes Bribiesca Sahagún. Resulta curioso, incluso, que hasta en la campaña de Andrés Manuel López Obrador se haya entendido que la mayor debilidad de la campaña de Calderón se localizaba en el gobierno de Fox.

Por eso, López Obrador ha cancelado la crítica a Felipe Calderón y en su lugar prefirió la crítica al gobierno del "cambio", hacia el propio Presidente y, por supuesto, a los escándalos de tráfico de influencias de los Bribiesca Sahagún. Y en contra de esa tendencia, en la casa presidencial cometieron el error de convertir al Presidente en el principal promotor de Felipe Calderón, mediante groseros y ofensivos mensajes pagados con dinero público. De manera torpe, tanto en Los Pinos, como en el "cuartel" de Calderón, se estableció un puente entre el presidente Fox y el candidato del PAN, en la creencia de que con ese puente fortalecerían al aspirante presidencial.

Pero el efecto fue contrario a lo esperado. ¿Por qué? Porque si en la primera etapa de su precampaña y en las primeras semanas de su campaña el candidato Calderón era atractivo por su lejanía del presidente Fox, en los últimos dos meses desapareció esa distancia y, en sentido contrario, se fusionaron la candidatura presidencial de Calderón y el gobierno de Fox. El enojo de muchos ciudadanos por la ineficacia del "gobierno del cambio", y los saldos negativos de los escándalos Sahagún-Bribiesca, se los endosaron al candidato Calderón, quien está pagando facturas ajenas. Lo que entre los estrategas del PAN se esperaba fuera un benéfico "efecto Fox", terminó como un costoso "defecto Fox".

Y no es casual que tanto López Obrador, como el periódico oficial del "caudillo" y los estrategas del tabasqueño hayan lanzado todas sus baterías contra el presidente Fox, al que acusan de todos los males. La estrategia es remarcar que Calderón es el candidato de Fox, que Felipe será la tapadera de las corruptelas de los Fox-Sahagún-Bribiesca, y que un eventual gobierno de Calderón será más de lo mismo, es decir, más Fox.

Por eso, en buena hora para Felipe, la Corte ordenó suspender los spots del Presidente a favor de Calderón. Al tiempo.

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