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El Observador | Samuel García

2006, año de riesgos



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No todo será miel sobre hojuelas en 2006

Miércoles 04 de enero de 2006

2006, año de riesgos

No todo será miel sobre hojuelas en 2006. No por lo menos en el ámbito económico mundial, situación que -por supuesto- no pasará desapercibida en México. Este nuevo año comenzó con dos noticias poco alentadoras.

La primera es que 2006 inició con el pie izquierdo en materia energética. La disputa política entre el gobierno ruso y su vecino ucraniano ha tocado al gas natural, uno de los mercados energéticos más sensibles para Europa, en momentos en que el invierno arrecia en el norte y centro del continente.

En el mismo amanecer del año, el domingo 1 de enero, Rusia decidió detener el suministro de combustible a Europa Occidental a través de un gasoducto que atraviesa Ucrania, bajo el argumento de que aplicaría un fuerte incremento de precio, acusando a Ucrania de tomar gas de esa entrega para su uso doméstico.

La reacción de los países europeos no se hizo esperar y la de los precios de los energéticos tampoco, a pesar de que el mismo lunes las autoridades rusas aceptaron entregar buena parte del combustible a sus clientes europeos. Aunque -hay que decirlo- el conflicto con Ucrania sigue latente y no parece tener resolución inmediata por lo menos hasta las elecciones parlamentarias de marzo próximo que se llevarán a cabo en la ex nación soviética. Producto de esta crisis energética, ayer mismo el barril de petróleo tipo West Texas Intermediate cerró con un alza en su precio de poco mas de dos dólares, por arriba de los 63 dólares; mientras que el Brent se incrementó en 2.8 dólares por barril.

La crisis del gas en la Europa Oriental surge en el momento menos propicio: cuando los temores de una mayor inflación se han generalizado y cuando la economía estadounidense muestra signos evidentes de que su ciclo alcista podría estar llegando a su fin.

La segunda noticia poco alentadora para las perspectivas de este 2006, es precisamente la que proviene de Estados Unidos. Las señales de una desaceleración de la economía mas rápida de lo que algunos creen siguen dándose.

Ya hacia el final del año pasado (entre el 28 y 29 de diciembre) los datos que se dieron a conocer sobre el consumo mostraron cierta moderación y dejaron ver un enfriamiento del sector hipotecario, que durante mucho tiempo se convirtió en un motor del crecimiento económico estadounidense alentado por la política monetaria seguida por la Fed.

Pues bien, esta percepción de moderación en la actividad económica estadounidense se corrobora con los datos que ayer se dieron a conocer. La encuesta que se aplica al sector manufacturero estadounidense para medir su situación de forma adelantada cayó de 58.1 en noviembre a 54.2 en diciembre pasado, un nivel totalmente sorpresivo para el mercado sobre todo porque confirma que la manufactura estadounidense ha entrado en una tendencia descendente en los últimos meses. Lo anterior sería un dato aislado si la Reserva Federal no hubiese enviado ayer mismo señales de que está dispuesta, muy pronto, a tomar una pausa antes de continuar con las alzas en las tasas de interés de corto plazo, como ha venido sucediendo desde el segundo semestre de 2004.

A pesar de todos estos indicadores, hay que decir que aún es complicado sacar conclusiones claras sobre cuál es la tendencia que seguirá la economía estadounidense en los próximos meses, y mucho menos en qué momento ésta podría iniciar un declive pronunciado. La moneda para la mayor parte de los analistas financieros y operadores de los mercados sigue en el aire. Será en las próximas semanas y, probablemente en este primer trimestre, cuando se tenga una idea mas clara de lo por venir.

Sin embargo, lo que no se puede hacer a un lado de un plumazo es que en las últimas semanas se han acrecentado las evidencias para quienes piensan que la economía de Estados Unidos podría entrar en una fase franca de desaceleración en algún momento de 2006, e incluso en un problema mayor.

Si los pronósticos de los pesimistas se validan, ya sabemos de sobra cuál es la consecuencia para la economía de México; con el agravante que en este 2006 el clima político se enrarecerá más de lo acostumbrado.

Más les vale a Calderón Hinojosa, López Obrador, Madrazo Pintado y a sus respectivos asesores, que tengan un buen plan económico para hacer frente a un posible declive de la economía estadounidense y no les pase lo que le ocurrió a Fox en sus dos primeros años de gobierno.

SÍGALE LA PISTA...

1. Una de las batallas que seguirá intensificándose en este 2006 es la que libran los supermercados en todo el territorio nacional.

Si bien es cierto que la estadounidense Wal-Mart ha dominado la escena en los últimos años con un ritmo de inversión impresionante y con su tradicional y controvertida estrategia de proveedores, su competencia más cercana, Comercial Mexicana, no está dispuesta a ceder terreno.

Sus planes incluyen la construcción de 18 tiendas adicionales y de cuatro restaurantes con una inversión de 260 millones de dólares. Pero Soriana, la tercera cadena más importante del país, también tiene planes para incrementar su presencia en el centro del país después de que recientemente abrió su primera tienda en la zona metropolitana de la ciudad de México. El reto más complicado lo tienen Gigante y Chedraui. Pero sobre todo la primera, que aún no da señales de tener una estrategia clara y efectiva para revertir su situación.

2. Una empresa por la que siguen apostando los inversores en Nueva York es Google.

Nadie hubiera pensado hace poco tiempo que la acción del motor de búsqueda en internet más famoso del mundo rebasaría los 400 dólares. Pues bien, ayer cerró a 435 dólares y los pronósticos se han elevado hasta 600 dólares para el final de 2006, con lo que se esperan rendimientos superiores a 45%.

3. Los créditos al consumo se han incrementado fuertemente en los últimos dos años. Y ese hecho ha servido para que algunas voces se muestren preocupadas por la salud financiera de los bancos que operan en México. Desde la Condusef hasta Standard & Poor´s, ya se han hecho escuchar con este mismo motivo.

Es cierto que los indicadores de riesgo crediticio deberán ser monitoreados con mayor precisión y cercanía, banco por banco, pero aún estamos muy lejos de lo que ocurrió en 1994.

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