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El Observador | Samuel García

López Obrador y el gobernador



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El miércoles pasado Andrés Manuel López Obrador se enfrentó verbalmente a Guillermo Ortiz

Viernes 09 de diciembre de 2005

El miércoles pasado Andrés Manuel López Obrador se enfrentó verbalmente a Guillermo Ortiz. El candidato presidencial por el PRD descalificó al gobernador del Banco de México, lo acusó del quebranto bancario y le exigió su renuncia.

El hecho es relevante porque, de llegar López Obrador a la Presidencia de la República en las próximas elecciones, Guillermo Ortiz -de acuerdo con el mandato de ley- seguirá siendo gobernador del Banco de México hasta el año 2009, es decir, durante toda la primera mitad del próximo gobierno.

La iracunda respuesta de López Obrador se dio después de que el gobernador del banco central había exigido que los candidatos presidenciales precisaran con detalle sus propuestas económicas y mostraran los ´cómos´ de sus planes en materia de política económica.

De acuerdo con el reporte informativo que publicó ayer Reforma, el candidato perredista dijo del gobernador en un mitin en Tlalpan: "Con mucha autoridad dice: a ver, que los candidatos digan los cómos, de dónde van a salir los recursos. ¿Con qué autoridad exige eso? Puede ser que a los otros sí les exija, pero a mí no". Pero luego acusó: "Lo que es inexplicable es que (Ortiz Martínez) siga en el cargo, porque usted nos costó mucho a los mexicanos". Y por si esto fuera poco prosiguió su respuesta a Guillermo Ortiz en la delegación Coyoacán: "¿Cómo le vamos a hacer? Muy sencillo: todo va a depender de que ya no se sigan robando el dinero del presupuesto. De eso va a depender, vamos a combatir a fondo la corrupción".

No es nuevo que Andrés Manuel López Obrador acuse a Guillermo Ortiz en este tono. Lo hizo muchas veces durante el debate público del rescate bancario y desde el gobierno del Distrito Federal. De hecho López Obrador ha sido el político más puntilloso y el acusador público por excelencia del ahora gobernador del banco central. Por todo este antecedente, no se podía esperar tan siquiera una relación tibia entre ambos personajes. La relación ha sido sencillamente mala.

Sin embargo la posibilidad, de acuerdo con las encuestas, de que López Obrador llegue a la Presidencia de la República en 2006, ha hecho que el gobernador reevalúe el estado de su relación con el candidato de la izquierda. No era para menos, ya que esa posibilidad desembocaría en que Ortiz y López Obrador tendrían que establecer una relación directa como gobernador del banco central autónomo y como presidente de la República. Más aún, como vocero y responsable de la política monetaria, el primero; y como jefe del Ejecutivo y responsable último de la política fiscal, el segundo. Una relación tirante y encontrada podría llevar a problemas inesperados en la marcha económica del país.

De ahí que en los últimos meses Ortiz ha buscado establecer algún contacto directo con López Obrador en el afán de intercambiar puntos de vista y conocer de cerca los planes de gobierno en materia económica del tabasqueño.

El acercamiento había sido infructuoso. López Obrador decidió mantenerse alejado del contacto que Ortiz ofrecía supuestamente porque aún no era el tiempo adecuado. Sin embargo, la respuesta del miércoles pasado por parte del perredista sencillamente rompe cualquier posibilidad inmediata de acercamiento y antepone sus críticas de antaño enjuiciando al gobernador del Banco de México y exigiéndole su renuncia.

Ortiz ha venido exigiendo en diversos foros que los candidatos presidenciales detallen sus propuestas económicas. Si bien no ha dado nombres, López Obrador asumió que la exigencia iba sobre él. Probablemente así sea. Para nadie es un secreto que la mayor preocupación política de la Junta de Gobierno del banco central y del propio gobernador de cara al periodo electoral que se abre en enero próximo es, precisamente, la posibilidad de que López Obrador llegue a la Presidencia de la República.

Sabedor de esto, el equipo de economistas que rodea al tabasqueño había enviado mensajes tranquilizadores en ese sentido. Hace pocos días el secretario de Finanzas del Distrito Federal, Arturo Herrera, en una entrevista con El Semanario (28 de noviembre de 2005) manifestó claramente que el gobierno de López Obrador "no jugaría con la inflación", pero además dijo en aquella ocasión: "(López Obrador) ha sido enfático en dos cosas: en mantener los equilibrios macroeconómicos, pero con crecimiento, algo que ha faltado en los últimos años; y en subrayar la independencia del banco central, que juega un rol fundamental en mantener los equilibrios macroeconómicos al tratar de mantener la inflación y llevarla a un objetivo específico. Es muy importante que el banco central y que el sector financiero entiendan la relevancia para nosotros de esa independencia". Aun cuando Herrera es actualmente funcionario del gobierno que encabeza Alejandro Encinas, es claramente un hombre sumado al equipo de López Obrador.

Rogelio Ramírez de la O, el asesor económico formal del candidato presidencial, ha sido menos visible, pero a través de las páginas de EL UNIVERSAL ha manifestado su coincidencia con una política de estabilización de los precios y con la independencia del banco central, ciertamente muestra desacuerdo con una economía que no crece.

Si nos atenemos a las conversaciones en corto con los asesores económicos de López Obrador y a sus manifestaciones públicas como éstas, pareciera ser que no hay duda de que un López Obrador en la Presidencia de la República coincidiría -de inicio- con una política monetaria que -como su ley orgánica lo indica- promueva la estabilidad de los precios. Pero la diferencia que se advierte, con la actual Junta de Gobierno del banco central, está en el ´cómo´ lo haría. Y para la implementación de ´un cómo´ distinto del actual, López Obrador no dudaría en cambiar a los actuales miembros de la Junta de Gobierno tan pronto como éstos terminen sus respectivos periodos de ley.

No hay que olvidar que a finales del 2006 Jesús Marcos Yacamán, uno de los cinco subgobernadores, concluye su periodo, por lo que -si López Obrador fuera presidente- haría su primera propuesta de cambio en la Junta de Gobierno del Banco de México al Senado para su ratificación. Si este fuera el plan, a mediados de su gobierno López Obrador ya habría realizado cambios suficientes en la Junta de Gobierno -incluyendo al gobernador- de acuerdo con sus propósitos. Claro que todo ello dependerá de la composición política del Senado y de sus decisiones.

El conflicto entre López Obrador y Guillermo Ortiz y la respuesta desafiante del primero hacia el segundo del miércoles pasado se interpreta -de inicio- como la expresión de una profunda antipatía y rencor personal. Eso, sin embargo, no es lo más preocupante para la nación. Al fin y al cabo dos políticos que no tienen ninguna simpatía el uno por el otro pueden coexistir civilizadamente y llegar a acuerdos como ocurre en todo el mundo.

Lo preocupante para el país, y mirando hacia el futuro, deberá ser aquello que nos atañe a todos. López Obrador sí debe, sí tiene que ofrecer con todo detalle cuáles son sus planes de gobierno en materia económica. No es la exigencia del gobernador del banco central. Es la exigencia de los ciudadanos que él, Calderón y Madrazo nos digan cómo y de dónde saldrán los recursos para convertir sus promesas en hechos de gobierno. Enfrente están los enormes rezagos que esperan respuestas puntuales. Es una exigencia de la democracia.

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