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El can-can de la Polinesia



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En 1871 se editó en Madrid un libro titulado Cuadros contemporáneos y firmado por don José Castro y Serrano, en este libro se dedica todo un capítulo al baile del can-can.

El autor nos cuenta cómo, en España, entró el gran baile de la mano de M...

Viernes 09 de septiembre de 2005

El can-can de la Polinesia


En 1871 se editó en Madrid un libro titulado Cuadros contemporáneos y firmado por don José Castro y Serrano, en este libro se dedica todo un capítulo al baile del can-can.

El autor nos cuenta cómo, en España, entró el gran baile de la mano de Madama Tostée en el año 1870.

Esto quiere decir que el autor del libro estaba muy atento a todas las novedades. Pero hombre de su tiempo no podría dejar de señalar lo bueno y lo malo de las modas recién llegadas.

En cuanto al can-can pensaba: "Una de las noches del verano de 1870, Madama Tostée electrizó a la sociedad más culta de la corte de España no con los encantos de su vis cómica sino con ciertos movimientos libidinosos de sus bien configuradas caderas".

Después señala que la parte más serie de la sociedad española no sólo no se dejó electrizar sino que abandonó los salones por miedo al contagio.

El autor de estos Cuadros contemporáneos llega al escándalo cuando comparaba el baile francés del can-can con el honesto fandango español.

Al llegar a este punto yo adivino que el libro puede desaparecer y las caderas de Madama Tostée ser olvidadas, pero que el fandango no va a poder resistirse ante los empujes de unas medias de seda.

Esta es la historia de la humanidad a pesar de cuanta resistencia puedan oponer, al paso de las danzas más sensuales, los grupos conservadores.

Incluso yo diría que el can-can que escandalizó a Madrid no era sino una herencia de danzas nudistas de la Polinesia.

La moda nos trae modernidades tan antiguas que ya las tenemos olvidadas.

Periódicamente una Madama Tostée aparece en París, en Las Vegas, en Nueva York y nos pone al día.

Incluso cabría pensar que los cuadros contemporáneos sólo son viejos cuadros para los memoriosos.

Aunque esto, hay que consignarlo, ciertos lugares del mundo parecen estar condenados a recibir siempre los últimos ecos de las llamadas danzas contemporáneas.

El libro al que me refiero apareció en mis manos surgiendo de los anaqueles de una librería de esas de segunda mano de las que soy tan afecto.

Y ahora lo estoy colocando entre mis otros libros con la esperanza de que ahí aguarde la irremediable llegada de Madama Tostée que volverá, tarde o temprano, a electrizar al señor Castro y Serrano y a la sociedad pacata del mundo entero.

El can-can, pienso yo, será tan eterno como los instintos sexuales y un día se llamará can-can y otro con-con, y algún día lo bailarán las tribus de la Polinesia.



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