Viernes 10 de marzo de 2000
Siguen los ecos del 8 de marzo. Por doquier se ve el avance y las limitaciones de y a las mujeres. Hay una buena cantidad de ellas en puestos directivos de la cultura, aunque no en los lugares principales. En los movimientos, ONG y el todavía vivo universitario, tenemos presencias notables. A veces lamentables cómo las 44 estudiantes detenidas por un ?crimen?: defender sus posiciones, lo que ha hecho que una jueza (sin idea de género) las considere: ?un peligro social?.
Una de las pioneras en la batalla por mostrar que ellas eran pensamiento y acción, lucha y pasión, acuciosidad y creación, es Raquel Tibol. La investigadora tiene cerca de medio siglo ejerciendo algo que enorgullece: la crítica periodística. Labor considerada por muchos exquisitos como asunto menor. Esos individuos, por cierto, al no ser citados por sus trabajos no sólo se molestan sino incluso se indignan. Ello porque la actividad de diseccionar las obras del hombre ha sido, en muchas ocasiones, vista como mera complacencia o nota de sociales.
Raquel, nacida en Argentina pero más azteca que los calendarios, es una de las más exigentes comentarista de arte. Incluso, si mal no recuerdo, en una entrevista dijo: ?en cada nota mía hago un enemigo?. Exageración aparte, esa debe ser la pasión y la entrega, cual torero, que debe emprender un (a) periodista que sea realmente independiente. ¡Vaya si la dama lo fue! Tiene razón, entonces, al despedirse de esta ocupación de estar atenta cada semana a lo que ocurre en el campo de las artes plásticas, que afirme: ?Fui independiente de todo a todo.?
Catalogada por algunos faltos de pasión como entregada a los muralistas, con los que tuvo una estrecha relación, tanto que vino a México por Diego Rivera y escribió varios textos acerca de Siqueiros, en una ocasión abofeteó a éste por diferencias políticas y estéticas (foto de Héctor García, uno de nuestros grandes que desgraciadamente no revaloramos en su despedida). Sobre el incidente alguien me comentó. David expresó entonces, ?una cachetada de usted es como una rosa, pero a la siguiente, le respondo como hombre?. Sea o no cierto, Tibol vivió en la tormenta, en la mitología, ante la fascinación de muchos y el espanto de otros.
Atrevida en todo, en una ocasión me tocó coincidir con ella en Acapulco. Mi audaz hermano, Hugo Tulio, nos invitó a La Huerta, el cabaret que a mediados de los 70 era visto con atracción y recelo por muchos. Raquel fue ávida, atenta a qué ocurría en esos sitios de rompe y rasga. Junto a ella, su callado pero irónico compañero de lustros, Boris Rosen. La velada fue maravillosa en todo.
Supe por primera vez de esta señora a principios de la mencionada década. Su libro ?Julio Antonio Mella en El Machete. Antología parcial de un luchador y su momento? (Ediciones de Cultura Popular-1968), era un clásico para quienes militábamos en la izquierda. El cubano que vino a México perseguido por la dictadura de Gerardo Machado, se ligó a la espléndida (en todos sentidos) Tina Modotti, jugaba futbol americano, escribía en el periódico del Partido Comunista Mexicano y fue ajusticiado en nuestro país, era un símbolo para muchos.
Después conocí que el campo de Raquel era el arte, algo tan necesario pero tan alejado de muchos cuadros de izquierda, que veían a esas actividades como juego de intelectuales, pues la revolución era primero. Tibol convenció firmemente a cientos que la liberación era también algo interior. Por eso ganó el respeto de casi todos (nunca falta un pelo en la sopa). Lo mismo por sus bellos textos en cuanta publicación partidaria se le pidieran que por las acuciosas investigaciones en muchos campos. Prueba de lo anterior son los 38 libros que ha escrito, algunos para instituciones extranjeras.
La maestra estuvo en (casi) todos los medios. En canal 11 colaboró con ?Aproximaciones?, y hace poco dijo que la televisión no había descubierto, a pesar de los avances tecnológicos, a ser atractiva la crítica de artes plásticas. En Radio UNAM hizo ?Museos en el aire?, y lo dejó porque le pagaban pésimamente un mal que ningún rector, a pesar de las promesas, ha podido solucionar según me comentó en una entrevista que me concedió para la televisión. Ni siquiera vale la pena hacer la lista de sus colaboraciones en impresos, porque serían pocos los que no contaron con sus pequeñas joyas.
Periodista siempre, tuvo los arrestos para no perderse en lo inmediato. Fue investigadora permanente, y debido a ello sus artículos y sus obras tenían la precisión, el detalle, la magia. Su prosa, límpida, viene de lejos: quiso ser literata y los textos que tenemos a la mano la muestran imaginativa, puntual.
Tiene razón José Emilio Pacheco: ?Raquel Tibol es uno de los ejemplos más estimulantes: por una parte la continuidad; por otra la renovación que no cesa.? Tan así, que uno de sus más recientes libros es ?Palabras de Siqueiros? (FCE), lo que muestra que no importando sus pleitos necesarios para la vida nunca perdió el juicio sino afinó la puntería.
Raquel Tibol es una maestra en serio. Hoy que se va de la crítica periodística semanal, no hay luto sino aplausos por su gran obra, la cual será imprescindible para la historia del país.


