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La Voz Invitada | Jorge Meléndez Preciado

Emiliano Gironella y Demián Flores: ¡Salud!



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Espacio dedicado a la charla, la convivencia y la perdición, las cantinas son refugio de periodistas, de solitarios, de grupos para jugar dominó, de compañeros para ir a la botana, de quienes desean ahogar las penas en líquidos vitales que pueden ...

Jueves 23 de junio de 2005

Emiliano Gironella y Demián Flores: ¡Salud!


Espacio dedicado a la charla, la convivencia y la perdición, las cantinas son refugio de periodistas, de solitarios, de grupos para jugar dominó, de compañeros para ir a la botana, de quienes desean ahogar las penas en líquidos vitales que pueden convertirse en demoniacos. Sol y sombra, alumbramiento y caída, reposo y excitación, estamos pues ante sitios nada despreciables, más bien que son de gran importancia en la vida cultural y social del país.

Cómo no recordar, entonces, aquel Golfo de México, donde Genaro y Mayolo recibían a varios intelectuales como José Luis Colín, Alfredo Cardona Chacón, José Manuel Torres, Gerardo de la Torre, el librero Polo Duarte y muchos amigos vagos de Manuel Blanco y míos. Y, desde luego, el Salón Palacio, que en sábado albergaba a la mayoría de los que colaborábamos en la Revista Mexicana de Cultura, dirigida por Juan Rejano. El gran poeta español pocas veces iba; cuando lo hacía tomaba una o dos cervezas y adiós. Nos quedábamos muchos, de los mayores Otto Raúl González y Alfredo Cardona Peña, de los intermedios René Avilés Fabila y Parménides García Saldaña, de los más jóvenes Mauricio Flores y Salvador Ávila.

Por esos recuerdos y muchos más, me dio un gusto enorme tener en mis manos Al alimón cantinero de Emiliano Gironella Parra y Damián Flores, cuyo catalogador de obra y compilación de textos es el poeta y bebedor, Miguel Flores Ramírez.

El libro está patrocinado por una firma tequilera. En el mismo encontramos las imágenes de los dos primeros, que recrean muy bien algo de lo que se ha escrito acerca de estos lugares de encuentro y furia, de amistades largas y sicoanalistas instantáneos, de charlas atropelladas y reflexiones profundas, en fin, lo que no debe perderse quien realmente desee entender la gran capital.

No podía faltar el cuento breve de José Revueltas, quien deja a su ángel de la guarda en un lugar de conbebencia por ir a una reunión partidaria, pero el venido del cielo empeñó sus alas por una cuenta y hay que rescatar esos artefactos para que vuelva al más allá. Roberto López Moreno dice en un poema: "La Jalisciense" se llama/ en lugar de "La Tlalpeña", / así junta tal reseña/ dos gentilicios de fama/ En Tlalpan crece esta flama/ pero es otro el santo y seña/ Ya "Jalisciense" o "Tlalpeña"?/ bebamos que se derrama.

Ilustres o cantineros como Malcom Lowry, Renato Leduc, Pancho Liguori, Eduardo Césarman, Jaime Sabines, José Alfredo, José Alvarado, Charles Bukowski, Eduardo Lizalde, José Emilio Pacheco (dos veces), Luis Buñuel, José Joaquín Blanco, Eusebio Ruvalcaba y muchos otros lanzan sus copas al viento y señalan la importancia y trascendencia de beber como placer o hasta caer.

Para Juan José Gurrola la cantina El Collage ya desaparecida: Lo que retiene el vaso de ron es la memoria/ La cantina es, no refugio, sino fulgurante/ demostración de escansea nómada.

María Anzures, la única mujer, dice: "Tenemos que admitir que al tomar las cantinas hemos asaltado el último reducto de la masculinidad mexicana, su refugio, su confesionario, su espacio privado".

El Salón Orizaba, en la calle de Dolores, es elogiado por Juan Ramírez Labastida. En dicho sitio se reunía el Bar Santana, mejor conocido como El Escuadrón de la Muerte. Snif.

Libro imprescindible para entender el pasado, presente y futuro.

Periodista.

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