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La Voz Invitada | Jorge Meléndez Preciado

Amos Oz: sueños infantiles



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Precisamente en Jerusalén, donde la situación es catastrófica y el ritmo de vida frenético, Amos Oz nos presenta: La bicicleta de Sumji (FCE). Es la historia de un niño que tiene un vehículo, que se pedalea, de dos ruedas. Esto hará que su trayect...

Jueves 16 de junio de 2005

Amos Oz: sueños infantiles


Precisamente en Jerusalén, donde la situación es catastrófica y el ritmo de vida frenético, Amos Oz nos presenta: La bicicleta de Sumji (FCE). Es la historia de un niño que tiene un vehículo, que se pedalea, de dos ruedas. Esto hará que su trayecto esté lleno de nuevos elementos y desgracias. Pero, a pesar de todo, crece ilusionado por resolver sus problemas inmediatos y tiene una relación de intercambio con los chiquillos de su edad. Algo que parecería una torpeza, ya que sería mejor relatar las desgracias de quienes no pueden siquiera ir a la calle porque, en un momento dado, pueden volar debido a una bomba o ser reprimidos al defender sus ideas y territorio. Afortunadamente todavía hay quienes ven en las situaciones comunes algo que los estimula a seguir adelante.

Oz es un disidente en toda la palabra. No obstante ser israelí y haber ganado varios galardones en su nación, su compromiso con el movimiento de paz, que necesariamente debe considerar a los palestinos con todos sus derechos, lo ha marcado en ocasiones para mal entre sus paisanos. De él recordamos La caja negra, que es realmente de primera como literatura y canto a la valentía.

El muchacho de la bici recuerda a su tío Zémaj, quien le regaló el móvil: "Ya era un pequeño estraperlista cuando tenía catorce años, en Varsovia, en el distrito de Nalevki, y aquí lo tienes, de estraperlista en la calle Brugashov, en Tel Aviv". Es decir, estamos ante aquellos judíos que son satanizados porque se ven obligados a determinado comercio mal visto, pero el que debe hacer para subsistir.

El chico también cree en ese tipo de intercambios mercantiles. Tanto que a uno de sus amigos le cede su bicicleta por un tren de juguete (algo que todos hemos soñado siempre) y al poco tiempo le hacen un movimiento para que deje su ferrocarril por un can que a la larga se le irá de las manos. Juego fascinante que permite desatar la imaginación, encontrar en los diferentes estímulos creaciones nuevas, posibilita ir variando la existencia para satisfacer algunos placeres.

A fin de cuentas, nuestro héroe se va de casa porque al perder su vehículo y no tener nada a cambio excepto un sacapuntas que recogió a su paso, sabe que el padre como es lógico le hará pagar caro su atrevimiento. Pero el jefe de familia, a la vez del maltrato, conseguirá recuperar la bicla, algo que no está mal.

Desde luego que en el trayecto nos daremos cuenta de lo audaces, dispuestos a la aventura, deseosos por entrar en otros terrenos que son los pequeños. Mientras que salvo el tío Zémaj, lo anquilosado, con ideas fijas y casi robotizados de los adultos. Esto ha quedado de manifiesto, por cierto, en varias películas acerca de la convivencia entre palestinos e israelitas que no han llegado a la juventud, quienes señalan: ellos serían felices de compartir todo pero las tradiciones inculcadas les prohíben lograr una relación estrecha y sin prejuicios.

Para terminar encontramos esto: "Así, al final, una vez más fue todo devuelto a su sitio.

"La propia bicicleta, por supuesto, fue confiscada y cerrada en la bodega durante tres meses. Pero ya he escrito como para el final del verano todo había cambiado, como nada permaneció tal como estaba".

La valentía para emprender caminos es lo característico de los personajes de Amos Oz. Igual que la actitud del escritor ante los problemas actuales.

Periodista.

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