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Música opinión | Fernando Díez de Urdanivia

Comunión musical barroca

Ha estado inmerso en la literatura y en la música. Ha dado clases en instituciones de altos estudios, entre ellas la Universidad de California ...





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Martes 10 de mayo de 2005

Comunión musical barroca


Andreas Helm de Austria; Carles Cristóbal de Barcelona; Marian Minnen de Bélgica y Raúl Moncada Barreda de Cuernavaca, forman una Babel muy armónica, tocando oboe y flauta de pico; fagot, violonchelo barroco y clavicémbalo, dentro de un concepto que hace pensar en el matiz semántico con el que varias lenguas aproximan lo que llamamos tocar, al acto de jugar. El juego de los sonidos; la música como deporte del espíritu. El concepto que erradica la solemnidad, y con ella la lejanía.

No deja de ser una bendición el olvido de las viejas ideas de los viejos melómanos, que para escuchar a Mozart tenían que ponerse plastrón y polainas, o de las señoras que todavía, hace no más de 15 años, en un concierto informal reclamaron airadas el desacato que cometían en Guadalajara unos músicos húngaros, por tocar a Beethoven con guayabera. Atuendo que pedían a gritos los 38 grados de temperatura.

Los músicos del mundo se bajan cada vez más de las nubes y tutean por igual a los compositores y al público, a sabiendas de que es el arte la más íntima hermandad, y entre hermanos es ridículo hablarse de usted. Esto, según entiendo, nos ha beneficiado a todos.

Con cinco autores nacidos en el último cuarto del siglo XVII, y otro en el primero de la siguiente centuria, el ensamble barroco Rossi Piceno ofreció un programa cuyo atractivo central fue, por lo menos para mí, un sustancioso panorama del momento histórico encerrado en cinco décadas, pero con una derivación elocuente hacia el idioma musical futuro, que probablemente percibieron hasta los oídos menos aptos.

El francés Joseph Bodin, monsieur de Boismortier, maestro de canto, autor de varias óperas y cantatas, así como de muchas piezas para el típico instrumento llamado hurdy-gurdy; el músico de cámara del príncipe-obispo de Bamberg, Giovanni Platti, nacido en Venecia y, por lo tanto, paisano de Vivaldi; el célebre flautista de Federico el Grande, Johann Joachim Quantz, cuyos tratados capitales para el conocimiento de la práctica y estética de ejecución en su época hoy tienen renovada vigencia; nuestro venerado Telemann, que padecía musicorrea y cuya obra infinita quizá no lleguemos a conocer nunca, formaron el contingente barroco.

El tercer hijo de Bach, Carl Philipp Emanuel, sucesor de Telemann en Hamburgo y uno de los pioneros en la evolución de la forma-sonata, preludia ya los tiempos de Haydn con sus numerosísimas obras para teclado, sus 22 Pasiones y sus 50 conciertos.

La posibilidad de asistir a una velada de tales características, fue ocasión satisfactoria en más de un sentido. El boom barroco, para aprovechar el término aplicado a la literatura latinoamericana del siglo XX, nos ha abierto las puertas de un repertorio inagotable, que nos había llegado en pequeñas dosis distorsionadas por interpretaciones de muy buena voluntad, pero fidelidad sospechosa. En Europa y en América surgieron muchos investigadores, maestros e intérpretes de la música que abarca varios siglos anteriores al XVIII y ha creado una cantidad de adeptos, reveladora de que no se trataba de un gusto perdido, sino de una música mal conocida o ignorada.

Parece muy claro que cada día se escucha este repertorio, mucho más con sensibilidad solidaria que con espíritu de paleontólogo. Arrobado en mi butaca, yo me ponía a pensar si dentro de 250 años, el público disfrutará con disposición semejante a los compositores de hoy. Con lo que no quiero hablar mal de ellos, sino muy bien de los que en el pasado dijeron su verdad musical.

El otro aspecto que me llena mucho es la comprobación de que en todas partes pululan artistas y grupos de impulso juvenil que se preocupan por esta música y se ocupan de ella con eficacia. Rossi Piceno es un buen cuarteto plurinacional que funciona sobre todo en Europa. Para nosotros tiene un significado especial que uno de sus integrantes precisamente su pivote, sea un mexicano avecindado en Holanda que demuestra, como otros compatriotas quienes por fortuna trascienden cada vez más nuestras fronteras, que también en San Juan hace aire. Me refiero a Raúl Moncada.

Crítico de música.

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