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Esquina Baja | Paco Ignacio Taibo I

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La vida del escritor Juan Rulfo no ha sido fácil para quienes trataron de biografiarla, ya que el propio autor era un hombre dado a mantener muchos de sus trabajos en el misterio y muchas de sus aventuras vitales modificadas por el paso del tiempo...

Viernes 25 de marzo de 2005

Literatura en llamas


La vida del escritor Juan Rulfo no ha sido fácil para quienes trataron de biografiarla, ya que el propio autor era un hombre dado a mantener muchos de sus trabajos en el misterio y muchas de sus aventuras vitales modificadas por el paso del tiempo se habían convertido en imprescindibles.

Sus mismos cuentos fueron apareciendo a intervalos y luego agrupados por los sucesivos editores.

Lo que hoy parece ya comúnmente como un libro titulado El llano en llamas es una serie de historias dispersas. En 1945 aparecieron ocho cuentos, para 1953 El llano en llamas contaba ya con 15 cuentos distintos y por último en 1970 se editó El llano en llamas con un total de 17 narraciones.

Este último libro contenía ya las siguientes historias Macario, Nos han dado la tierra, La cuesta de las comadres, Es que somos muy pobres, El hombre, En la madrugada, Talpa, El llano en llamas, ¡Diles que no me maten!, Luvina, La noche que lo dejaron solo, Acuérdate, ¿No oyes ladrar a los perros?, Paso del norte, Anacleto Morones, La Herencia de Matilde Arcángel y El día del derrumbe.

Hace unos días la viuda de Juan Rulfo pidió a los estudiosos de la obra de su esposo que dejaran en paz a su marido, cuando se diría que el autor de tanta confusión no era ni más ni menos que el propio escritor.

El ejemplar que yo tengo en mis manos editado por el Fondo de Cultura Económica de la colección Tezontle fue revisado por el propio autor en 1980 y se mencionan las ediciones anteriores. En 1955, 1959, 1961, 1964, 1965, 1967, 1969, 1970, 1971, 1972, 1973 y una reimpresión de 1986.

Un hombre tan escrupuloso como es Juan Ascencio acaso podría decirnos si Rulfo añadió o quitó palabras, si borró alguna parte de sus cuentos que le pareció innecesario o si los propios cuentos pasaron por sus manos sin sufrir alteración alguna.

Sea como haya sido mi lectura emocionada y urgente no encuentro diferencias entre cuento y cuento e historia e historia.

Rulfo era un escritor excepcional, un singular creador de imágenes, de personajes y también de leyendas.

Vuelvo ahora al libro de Juan Ascencio y los personajes de El llano en llamas se me hacen más verdaderos a mí de lo que nunca fueron. Quiero decir con esto que con el paso del tiempo las posibles o imposibles modificaciones que el autor haya o no haya cometido me acercan a un libro excepcional e inolvidable.

Me sorprende la actitud de algunos familiares y también de ciertos seguidores de Rulfo que parecen encontrar en El llano en llamas defectos que el propio Rulfo jamás parece haber encontrado.

Que Rulfo era un hombre que gozaba más cambiando su vida que sus libros eso es cosa que los que lo conocimos podemos dar fe.

Por el camino que vamos alguien escribirá otro Pedro Páramo y otro El llano en llamas, pero nadie podrá modificar a Juan Rulfo, ni tan siquiera el hombre que lo intentó una y otra vez; el propio Juan.



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