Bolivia: país de dolores y heroísmos

Profesor titular de la FCPyS de la UNAM, escritor y periodista. Ha colaborado en periódicos y revistas nacionales e internacionales. Ha escri ...
Miércoles 02 de febrero de 2005
Tres batallas terminaron, en América Latina, las guerras de independencia: la de Junín, el 6VIII-1824; la de Ayacucho, el 9XII-1824 y la última, de fama menor, pero no menos significativa, la de Tumusla, el 2 de abril siguiente. Con ella el Alto Perú quedó liberado del imperio español.
La batalla de Junín se dio después que Bolívar cruzó los Andes peruanos a 5 mil metros. El combate se libró en las cimas. Bolívar diría "que no sonó un solo disparo". A sable y espada. "Mi palabra dijo Bolívar, entonces tenía el cargo de dictador de Perú por decisión del Congreso estaba empeñada y la he liberado". Después de Junín Bolívar vivió ya la verdad: le habían suspendido de sus facultades extraordinarias para combatir en el sur. De haber existido internet no hubiera ganado la lid. Estaba ya destituido. Se comenzaba pronto. Estaba en Lima cuando le llegó la noticia de la victoria del mariscal Sucre, su segundo, en Ayacucho contra las tropas del virrey De La Serna (de él descendía, se dijo, el Che Guevara) que fue, en realidad, el último ejército español en la región. Fue una lucha asombrosa. Sucre hizo, para mí, la más extraordinaria prueba del nuevo o posible espíritu: un Tratado de Paz, generoso, con los vencidos. Concedió el derecho a quedarse en América Latina, en los nuevos ejércitos, con sus grados, a los españoles que quisieran y dio viáticos hasta los puertos, a los que regresaron a España. A éstos, en España, los llamaron los ayacuchos. Fueron soldados liberales.
Con la derrota de Otañeta, en Tumusla, por Sucre, se terminó un periodo histórico. Sucre fue nombrado presidente vitalicio del Alto del Perú, que tomaría el nombre de República Bolivariana y, después, Bolivia. Ejerció su cargo entre 1826 y 1828, pero se encontró con tales intrigas que dimitió para encontrar la muerte, el 4 de junio de 1839, en Berruecos: asesinado a traición y a balazos. La espada de Sucre en Ayacucho se la regaló a Bolívar. Éste, al saber su muerte dolorosa en su biografía se la devolvió, caballeroso, a su esposa que, para entonces, bailaba ya con los conspiradores. Bolívar tenía una carta de Sucre, diciéndole que quería acompañarle en su exilio. Bolívar murió, poco después, el 17-XII-1830, cuando, prácticamente solo, (menos de 10 personas le acompañaban y su médico fue un francés) abandonaba Colombia para dirigirse a Caracas. Murió en el camino, en Santa Marta, en la Quinta de San Pedro Alejandrino, propiedad del español Joaquín de Mier: el único en Santa Marta que quiso acogerle en su casa. En ella recibió los Santos Sacramentos, redactó su testamento y la última proclama a los colombianos (en litigio hoy con Venezuela) señalándoles que, si con su muerte se terminaban los conflictos, "bajaré tranquilo al sepulcro".
Bolivia, en los primeros 54 años de independencia vivió 106 levantamientos Bolivia, a Land Divided de Harold Osborne y algunos de sus tiranos, como Melgarejo o Belzú (del cual se creó el término de "belcismo" como prueba del horror) dejaron al país de la plata y de Patiño, en el siglo XX, para que fuera dividido entre sus vecinos: Chile, Argentina, Perú, Brasil y Paraguay. Perdió, Bolivia en ese "sorteo" de fronteras, 1,224.675 km y la hecatombe nacional del Chaco donde dos compañías petroleras de EU se disputaron el país saqueado por unos y otros. Es en ese escenario (el de Tupac Amaru) donde los nueve departamentos, cuyo gobernador es nombrado por el Centro, donde se desarrolla, hoy, la crisis de la autonomía del Departamento de Santa Cruz, el más rico del país (2 millones de habitantes de los 6.2 millones del país) en busca de una democracia que espera, para que el proceso sea legítimo, una nueva Constitución y, quizá, la memoria de Sucre y no la de los Melgarejo y los Belzú.
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