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Agenda Alternativa | Javier Lozano

Órganos reguladores



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Una nueva ventana de oportunidad se ha abierto, en estas últimas semanas, para emprender reformas legislativas en el sector de las telecomunicaciones. Se podría decir, sin temor a equivocarme, que de no aprovecharse el momentum que hoy prevalece e...

Lunes 25 de octubre de 2004

Órganos reguladores

Si en lugar de crear una nueva ley de telecomunicaciones nos concentramos en darle una ley a la Cofetel, la tarea sería más fácil e igualmente eficaz. Y mejor aún si los nombramientos de los comisionados de órganos reguladores los ratificara el Senado

Una nueva ventana de oportunidad se ha abierto, en estas últimas semanas, para emprender reformas legislativas en el sector de las telecomunicaciones. Se podría decir, sin temor a equivocarme, que de no aprovecharse el momentum que hoy prevalece en el sector, no habrá ninguna modificación al marco legal de tan importante rubro de nuestra economía en lo que resta del sexenio y de la presente Legislatura.

Como anticipé en este mismo espacio en diversas ocasiones, la intención de crear una nueva ley de telecomunicaciones en sustitución de la vigente se antojaba poco más que imposible. En primer lugar porque la actual Ley Federal de Telecomunicaciones no ha cumplido, siquiera, su primera década de vida ni tampoco ha visto la aplicación de muchos de sus preceptos hasta la fecha.

En segundo lugar, porque los muchos y evidentes intereses en juego no permitirían que las reformas a fondo que se pretenden llegasen a buen puerto. Y en tercer término porque el ambiente político que rodea a "los trabajos" del Congreso de la Unión ha puesto la agenda al revés, y es así que los verdaderos temas de cambio estructural que podrían devolvernos la competitividad que hemos perdido como país han quedado sepultados bajo los escombros de la lucha por el poder.

Así, lo conducente, lo prudente pues, es reconocer que los temas realmente sustantivos de la agenda no verán la luz en los próximos años y que, por ende, debemos tratar de avanzar en el fortalecimiento de las instituciones encargadas de hacer valer la legislación vigente.

Especialmente, la tarea que debiéramos emprender ahora es la de reforzar aquellos organismos reguladores que tienen a su cargo tareas delicadas en materia de competencia económica, energía, telecomunicaciones, mejora regulatoria y derechos del consumidor. Esto es, bastaría por el momento y no en un tono conformista que quienes tienen a su cargo el combate a los monopolios, concentraciones indebidas y prácticas anticompetitivas; la desregulación económica para promover la inversión; la fijación de precios de insumos básicos como la electricidad; la expansión de las redes, el desarrollo tecnológico y la competencia efectiva entre prestadores de servicios de telecomunicaciones; y la protección de los derechos de usuarios y consumidores, cuenten con los instrumentos necesarios pero, sobre todo, con la autonomía operativa e independencia política para actuar con absoluto rigor técnico en el desahogo de sus temas.

Nadie, como lo he dicho antes, podría oponerse en su sano juicio ni mucho menos públicamente a que el Congreso dotara de más y mejores instrumentos y autonomía efectiva a la Comisión Federal de Telecomunicaciones (Cofetel) para promover, regular y supervisar el desarrollo eficiente del sector en nuestro país.

Lo mismo ocurriría con los demás organismos reguladores, como lo son la Comisión Federal de Competencia (CFC), la Comisión Federal de Mejora Regulatoria (Cofemer) y la Comisión Reguladora de Energía (CRE), los cuales nacieron en momentos diferentes de nuestra historia reciente pero que por sus características propias no guardan un tratamiento homogéneo en cuanto a su estructura, marco legal e institucional, grado de autonomía, atribuciones y nivel salarial. Su homologación pues sería bienvenida.

Pero antes de proceder a analizar las similitudes y diferencias existentes entre los citados órganos reguladores, no debemos olvidar que el único de ellos cuyas atribuciones y estructura no están contenidas en ley es la Cofetel. En efecto, su existencia fue prevista en un artículo transitorio de la Ley Federal de Telecomunicaciones de 1995 pero su nacimiento y estructura, aún vigente, devienen de un Decreto Presidencial dictado en agosto de 1996. Y aún con tales particularidades la Cofetel pudo llevar al cabo la etapa inicial de la apertura a la competencia y a la inversión en el sector. Empero, hoy como nunca vemos que el sello personal negligente y arbitrario resulta ser por demás dañino en instituciones que, como ésta, no actúan bajo un mandato legal inexcusable.

En mis próximas entregas haré referencia a lo que propongo para una Ley Orgánica de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, convencido de sus bondades y de su viabilidad en cuanto a la discusión política se refiere, sin necesidad de tocar siquiera la Ley Federal de Telecomunicaciones.

Por lo pronto, dejo la inquietud en cuanto a la forma en que se realizan los nombramientos de los comisionados en la CFC, la CRE, la Cofemer y, desde luego, la Cofetel. Si, de lo que se trata y como existe ya en el caso de las dos primeras, es que los encargos de los comisionados sean transexenales, sería por demás pertinente el que esos nombramientos hechos por el Ejecutivo federal fuesen ratificados por mayoría simple del Senado de la República. La transexenalidad en un reglamento presidencial, como se ha intentado para la Cofetel, es una torpeza jurídica.

La fórmula que propongo está prevista en el artículo 76, fracción II de la Constitución para los casos del procurador general de la República, ministros, agentes diplomáticos, cónsules generales y empleados superiores de Hacienda.

No sería pues nada extraordinario, es una simple adición y sí apuntaría en el camino correcto de vigilar que quienes tienen a su cargo encomiendas tan delicadas como la regulación de precios, la competencia efectiva, la promoción de la inversión y la sanción por violaciones a la ley, sean personas de probada experiencia, aptitud e independencia de los intereses económicos en juego. ¿Qué les parece?

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