Miércoles 24 de septiembre de 2003
Los ecuatorianos tienen suficientes razones este mes para celebrar los cien años del nacimiento de uno de sus máximos poetas: Jorge Carrera Andrade, nacido en Quito, el 18 de septiembre de 1903, y muerto en esa misma ciudad el 7 de noviembre de 1978.
Tres años antes de esta celebración, en México, el Fondo de Cultura Económica publicó en su colección Tierra Firme una generosa Antología poética (2000) de este autor, con selección y prólogo del también ecuatoriano Vladimiro Rivas Iturralde.
A decir de éste, "Carrera Andrade es, con Gonzalo Escudero, Alfredo Gangotena, César Dávila Andrade y Jorge Enrique Adoum, uno de los mayores poetas ecuatorianos del siglo XX y el más conocido en el exterior. Carrera Andrade es el poeta de la luz y las cosas, de las inagotables, insólitas metáforas".
Por su alabanza a la naturaleza, Octavio Paz lo comparó con el mexicano Carlos Pellicer. En su poema "Lugar de origen", el ecuatoriano escribe: "Yo vengo de la tierra donde la chirimoya,/ talega de brocado, con su envoltura impide/ que gotee el dulzor de su nieve redonda,/ y donde el aguacate de verde piel pulida/ en su clausura oval, en secreto elabora/ su sustancia de flores, de venas y de climas./ Tierra que nutre pájaros aprendices de idiomas,/ plantas que dan, cocidas, la muerte o el amor/ o la magia del sueño o la fuerza dichosa,/ animalitos tiernos de alimento y pereza,/ insectillos de carne vegetal y de música/ o de luz mineral o pétalos que vuelan".
En su interrogador ensayo "¿Poesía latinoamericana?", Octavio Paz explicó: "No hay una literatura argentina, cubana o venezolana: el mexicano Pellicer está más cerca del ecuatoriano Carrera Andrade que de su compatriota José Gorostiza". Al insistir en la similitud de espíritu que encuentra entre Pellicer y Carrera Andrade, Paz afirma: "El ecuatoriano Carrera Andrade también tenía ojos en las manos y todo lo que tocaba se transformaba en imagen. Como Pellicer, fue poeta de América y poeta viajero por el mundo. Menos rico que el mexicano pero quizá más sutil, menos osado y menos irregular, ve al mundo con una melancolía que combina la lucidez con la resignación de los hombres del altiplano".
El autor de Piedra de sol era sin duda un excelente lector de poesía y sabía descubrir no únicamente paralelismos sino hermandades líricas. Para los nuevos lectores, no debería pasar inadvertida esta afinidad entre Pellicer y Carrera Andrade, sobre todo al leer poemas como los incluidos en el libro del ecuatoriano Floresta de los guacamayos. El primer poema de este libro es inquietantemente "pelliceriano": "En la floresta de los guacamayos/ me hirió una flecha que me dio la vida/ y perdí la memoria de los años./ La gran flor de terciopelo/ atrapó en su cáliz/ mi corazón nuevo./ Sucedió ¡oh prodigio!/ mi tercer nacimiento/ en el país del olvido./ Reaprendí el libro del sueño,/ la senda de miel/ que conduce al cielo./ El guacamayo llama/ para mi sed antigua al ídolo viviente:/ la Doncella del Cántaro de Agua".
Otra mágica coincidencia de este autor con la poesía mexicana es el hecho de que en 1926, apenas unos años después de que José Juan Tablada introdujera el haikú japonés en el verso en lengua española, el ecuatoriano dio a conocer sus "microgramas", aunque no se tenga noticia alguna de haber sido influenciado por el autor de Li-Po y otros poemas. Algunos de los haikús de Carrera Andrade son tan hermosos como los de Tablada. He aquí, por ejemplo, la definición poética del "Ostión": "Ostión de dos tapas:/ tu cofre de calcio/ guarda el manuscrito/ de algún buque náufrago". O bien, de la `Golondrina`: `Ancla de plumas/ por los mares del cielo/ la tierra busca`".
Lo mismo en verso que en prosa, la obra literaria de Jorge Carrera Andrade es vasta y, por ello, debemos agradecer la muestra antológica, así sea parcial, publicada por el Fondo de Cultura Económica. Entre sus libros de poesía destacan El estanque inefable, Boletines de mar y tierra, Biografía para uso de los pájaros, Microgramas, País secreto, Canto a las fortalezas volantes, Familia de la noche, Taller del tiempo y Floresta de los guacamayos.
En su país, Carrera Andrade ocupó diversos cargos diplomáticos. Representó a Ecuador ante la UNESCO y fue embajador en Chile, Argentina, Brasil, Nicaragua y Francia. En sus últimos años fue director de la Biblioteca Nacional de su país.


