Sábado 12 de abril de 2003
Por fin llegaron a la ciudad de México el Foro Internacional de Arte Contemporáneo (Fitac) y la Feria de Arte contemporáneo, que en esta ocasión se llamó Muestra 2, que se llevó a cabo, del 3 al 7 de abril, en el World Trade Center.
Estos dos eventos se presentaron en Guadalajara, a partir de 1992. El primer año hubo una feriecita con unas cuantas galerías locales. Seis años después, era un gran encuentro muy concurrido por galerías internacionales e importantes coleccionistas. También se convirtió en imán para curadores de todo el mundo, lo que permitió que un sector del arte contemporáneo mexicano consiguiera una fuerte presencia internacional. Fue la cuna de lo que yo llamo "la mafia Guadalajara", que definiría cómo el grupo de poder surge a partir de la sinergia entre estos galeros, curadores, coleccionistas y artistas, que hoy parecen ser el máximo poder legitimador del arte contemporáneo mexicano.
En 1998, la feria y su foro crecieron tanto que tronaron como pompa de jabón. No reaparecieron hasta el año pasado, pero ahora en Monterrey. Mientras tanto, en el DF, de manera independiente de la feria, surgió un proyecto clon llamado SITAC (Simposio Internacional de Teoría y Arte Contemporáneo), que este año se llevó a cabo con un enorme éxito en un teatro Julio Castillo lleno a reventar.
Tras haber visto los últimos años de la Feria de Guadalajara, Muestra 2 fue un poco decepcionante. Aunque había cerca de 40 galerías de España, Colombia, Cuba, Venezuela, Estados Unidos y Alemania, ya no era ese gran encuentro glamoroso y generador de antaño, cuando museos y espacios alternativos hacían coincidir sus principales eventos con la feria para aprovechar a su público nacional e internacional.
Parece que empezaron de nuevo de cero. No ayudó que la difusión fuera pobre, ni que el FITAC no lograra convocar a un buen público. No hubo sinergia.
Aunque la idea de llevar a cabo la feria en distinta ciudad, cada año, es muy interesante, seguramente costará bastante más trabajo lograr que despegue en su modalidad nómada. Ojalá se quedara aquí permanente o en otra sede.
También hubo sorpresas agradables. La Galería Drexel de Monterrey tenía unas obras de Enrique Guzmán, que eran un manjar. Cuando este precursor del neomexicanismo se suicidó, dudo que haya sospechado el aprecio (o los precios) que alcanzaría su obra. Había pinturas de algunos de mis artistas favoritos, como el venezolano Carlos Zerpa, cuyo colorido es tan estridente como su temática. También había producción de Carlos Aguirre, setentero artista nacional de férrea visión crítica. Curiosamente, las ferias tienen una habilidad casi mágica para vaciar la obra de cualquier carga política. El contexto de una feria es capaz de robarle al arte toda su capacidad de subversión.
Es el precio que paga el arte, al asumirse primordialmente como objeto mercantil.
Una cosa que me dio gusto en Muestra 2 es que, además de una fuerte representación de museos, de revistas de arte y páginas virtuales especializadas, había varios espacios independientes, como el Kunsthaus Santa Fe de San Miguel Allende, en donde encontré una bellísima instalación de cerritos de harina con mazorcas de vidrio de Ana Quiroz, o la Galería Efímera de Monterrey, donde conocí el trabajo de Dulce Lozano Pepi, que interviene el paisaje con textos y lo documenta fotográficamente. Los de Pinto mi Raya gravitamos hacia ellos automáticamente. Por cierto, a pesar de las observaciones anteriores, a nosotros nos fue muy bien en la feria. Salimos tablas e hicimos muchos contactos. En estos tiempos difíciles, ¿qué más se puede pedir?.
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