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Agenda Alternativa | Jaime Lozano



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Lunes 23 de diciembre de 2002

El balance

Termina un año más con noticias no del todo halagüeñas en el sector de las telecomunicaciones. La esperanza de que el 2003 sea mejor está ahí, al igual que las oportunidades para que así sea

Si se tratara de hacer un balance, difícilmente se podría decir que el 2002 fue el mejor año posible para las telecomunicaciones en México. Veamos: de lo bueno, sin duda está el haber emprendido con éxito el ambicioso programa e-México. Mediante un proceso bien armado y transparente en la licitación para llevar a cabo lo relacionado con los enlaces e infraestructura para la conectividad de 3 mil 200 centros comunitarios digitales en el país, se podrá brindar acceso a la sociedad de la información a millones de personas de escasos recursos, a través de Internet de alta velocidad y gran capacidad, y otros servicios a distancia como la educación, la salud y la realización de los trámites gubernamentales.

Asimismo, aunque en forma tardía, el Fondo de Cobertura Social finalmente arrancó con la instalación de su comité técnico. Este fideicomiso que tiene como capital-semilla la nada despreciable suma de 750 millones de pesos, será un buen vehículo para la instalación de líneas telefónicas en sitios apartados y de notoria marginación social, mediante la aplicación de subsidios bien definidos y orientados. Seguramente será el Fondo de Cobertura Social un buen complemento del programa e-México.

El lado negativo de este balance anual está, en primerísimo lugar, en el fallido intento por dotar al sector de una nueva ley. La historia es ya conocida y está documentada. Pero más allá de los aspectos de procedimiento, de las consideraciones en torno a los personajes y sus actuaciones así como de otros aspectos que bien podrían calificarse de lamentables, el verdadero saldo está en las cifras de inversión, crecimiento y empleo para este sector, que no reflejan otra cosa más que una caída en la actividad, en la penetración de los servicios y en el acceso a las oportunidades que las tecnologías de la información representan.

Así, mientras en el año 2000 el sector registraba una tasa de crecimiento anual de 30.6%, este año, ese indicador se ubica en 10.1%, según revelan datos publicados el pasado jueves, y que constan en el índice de producción del sector telecomunicaciones, elaborado por la Cofetel.

Lo mismo acontece en el rubro de las inversiones, donde de un año para otro pasamos de 5 mil 737 millones de dólares (2001), a un estimado de 4 mil 20 millones para el presente año del 2002. Esto significa pues, una caída de alrededor de 30%.

Sería por demás injusto e impreciso afirmar que estos dos ejemplos que reflejan un preocupante menor ritmo en la actividad del sector son imputables única y exclusivamente a factores internos. Para nadie es desconocido el nocivo efecto que ha tenido la crisis internacional en las telecomunicaciones, donde se ha puesto en tela de juicio al modelo mismo hasta hoy prevaleciente y en el que se combinaron los escándalos contables, con el desplome de los precios de las acciones de las principales empresas de esta industria, y en la que la sobrevaluación de los activos, junto con el exceso de capacidad y la pesada deuda contraída han conformado un explosivo coctel, cuyas consecuencias estamos aún sufriendo.

De igual manera, la desaceleración económica de nuestro principal socio comercial ha tenido un impacto directo en la economía mexicana y, por obvia consecuencia, ello se ha reflejado de la misma manera en el sector de las telecomunicaciones. Así, uno y otro han sido causa importante de lo que acontece con las inversiones y con el ritmo de crecimiento de esta actividad de nuestra economía.

Con todo, no debiéramos conformarnos con este tipo de explicaciones pues ni con mucho son suficientes para justificar el letargo que experimentamos, y que preocupa cada vez más. Las oportunidades que se están quedando en la mesa por la incertidumbre regulatoria y por la falta de decisiones en aspectos claves dentro del sector han provocado buena parte de las malas noticias. Esto es: tan grave resulta una decisión mal tomada como una que definitivamente no se toma.

No es descabellado pensar que la nueva ley, si es que algún día aparece, tendrá lugar hasta el 2004. Mientras tanto, una buena serie de decisiones y cambios regulatorios han de ocurrir si es que se quiere romper este círculo vicioso de expectativa-parálisis-desgastemenos inversiones-menos crecimiento . En manos de la autoridad gubernamental estará emprender esta importante misión desde el primer día (hábil por supuesto) del próximo año. Pero tan relevante como la regulación será su aplicación, y es ahí donde se espera ver a una autoridad fortalecida, con ganas de hacer las cosas y hacer que se vean, pues la confianza y la credibilidad en su actuación son imprescindibles para el éxito de su gestión. En el Congreso, por su parte, deseable sería el que se alcanzaran acuerdos políticos y se fijaran con claridad los objetivos que persigue la nueva legislación. Las posiciones personales o de velada representación de intereses empresariales no contribuyen a la consecución de un instrumento, que debe ser promotor e imparcial.

Así pues, aún a sabiendas de que el 2003 será un año políticamente intenso, todos esperamos que quienes tienen en sus manos la delicada tarea de gobernar y legislar cumplan su cometido con seriedad, responsabilidad y patriotismo. Les deseamos, por el bien de México, que encuentren los caminos para lograrlo y que ello se haga en armonía con su salud, y felicidad personal y familiar. Que así sea.

A todos ellos y también a ustedes, amables lectores, les deseo de corazón una feliz Navidad y un venturoso Año Nuevo. Hasta el 6 de enero.

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