Martes 19 de noviembre de 2002
LA MÁS reciente gira de trabajo del presidente Fox por Europa mereció una de las más severas críticas que haya recibido periplo internacional alguno, no sólo por las supuestas contradicciones y falsedades en que incurrió el mandatario mexicano, sino porque a dos años de iniciado su régimen y a cuatro de que sea relevado, el propio Presidente avivó la adelantada carrera presidencial.
Pero en el fondo a nadie debiera sorprender el estilo Chimoltrufia de Vicente Fox, a nadie debiera asustar que ya como Presidente siga como lo hizo en sus tiempos de candidato presidencial, en donde lo mismo decía una cosa que otra. En realidad cuando vemos, escuchamos y leemos que Vicente Fox dice ante un auditorio que la pobreza en México se redujo, cuando promueve frente a otros oyentes la reelección de legisladores, y cuando ante otra audiencia dice que se "arrepiente un poco" de su exagerada promesa de que la economía mexicana crecería en 7% anual y luego se arrepiente de haber expresado arrepentimiento, en realidad presenciamos una de las gestiones presidenciales más congruentes de la historia.
Sí, con sus opiniones cambiantes, con sus engaños públicos, con la negación de sus dichos, el Presidente del "cambio" muestra congruencia con la personalidad que lo hizo el candidato presidencial más carismático de la contienda electoral del año 2000; personalidad que cautivó a millones por su desparpajo y ligereza, y por convertir en méritos los errores y los dislates, lo que al final lo llevó a la primera magistratura. ¿O acaso ya se perdió de la memoria de los ciudadanos que el candidato Fox motivaba hasta el delirio a tal o cual auditorio, porque le decía a tal o cual audiencia lo que esos oyentes querían escuchar? ¿Acaso ya se les olvidó a los ciudadanos que desde que Vicente Fox buscó el gobierno de Guanajuato, vendió a todos o casi todos que era un empresario exitoso, cuando en realidad era un empresario que llevó a la ruina las empresas familiares? ¿Acaso ya se les olvidó a los ciudadanos que el discurso cambiante del Vicente Fox candidato al gobierno de Guanajuato, gobernador de esa entidad y candidato presidencial, es el mismo discurso cambiante del Presidente de todos los mexicanos? Fox construyó su imagen de político "auténtico", "ramplón", "simpático", sencillo y dicharachero; campirano y candidato común y corriente, precisamente por esa personalidad de Chimoltrufia . A muchos mexicanos no les interesaba y aún no les interesa, la congruencia, la verticalidad, la profundidad, el talento y la capacidad intelectual del aspirante presidencial o del gobernante.
Lo que le interesaba a muchos mexicanos era además de la sencillez, la simpatía y la simpleza discursiva del aspirante presidencial atributos que chocaron con la solemnidad, el acartonamiento, la sapiencia, la infalibilidad y el carácter de intocables de los aspirantes presidenciales del PRI, una imagen terrenal que gracias a la mercadotecnia y el marketing político fue encontrada en Vicente Fox.
El problema es que nadie le ha dicho a Vicente Fox que ya no es candidato presidencial ni gobernador de Guanajuato, que es Presidente de todos los mexicanos. Nadie le ha dicho a Vicente Fox que un Presidente mexicano no puede andar por el mundo como si aún estuviera en campaña, ofreciendo lo que no existe, prometiendo lo irreal y engañando a los auditorios a los que les dice lo que quieren escuchar, aunque su dicho esté completamente alejado de la realidad. Está claro que Fox es congruente con su personalidad, hasta con sus problemas de personalidad, pero donde se rompe la ecuación de la congruencia y el poder es precisamente cuando Vicente Fox asume la investidura de Presidente, una responsabilidad, un comportamiento que requieren disciplina para escuchar y para reconocer que hay muchas cosas que no sabe y que debe aprender y corregir; cuando por sobre las responsabilidades del Estado, del estadista, impone sus ocurrencias, sus problemas de personalidad, que convierte sus giras internacionales y sus decisiones locales de gobierno en repetidos tropiezos y en frecuentes choques con otros poderes.
Y ese problema se magnifica cuando Vicente Fox cree que él es el gobierno, el Estado y el poder absoluto, cuando se cree infalible y hasta sabio, cuando no asume con humildad que se equivoca y se equivocó en la selección de no pocos miembros de su gabinete, cuando se arrepiente de haberse arrepentido, cuando tienen que tapar el hoyo de las deficiencias de su gobierno haciendo otro hoyo con las mentiras que ofrece a diversos auditorios y que al final terminan por ser descubiertas y por exhibirlo como un presidente poco serio, poco creíble, poco confiable. Pareciera que Vicente Fox tienen terror de ser pillado por la sociedad, de adentro y afuera, como un hombre con escasas capacidades para gobernar, y defiende a toda costa sus decisiones, aunque en no pocos casos se desbordan las evidencias de que son equivocadas. No quiere hacer cambios en el gabinete, porque hacerlos significaría que se equivocó y que no hay tal "gabinetazo". Inventa cifras y escenarios, lanza buscapiés, quiere hacer gala de manejo político, cuando no tiene oficio político y la investidura presidencial le queda holgada. Y para justificar sus tropiezos, en ese su problema de personalidad, le echa la culpa a la prensa, al Congreso, a esos apátridas del círculo rojo que todo lo distorsionan, que todo lo ven mal y que sólo destacan las "babosadas", y a esos egoístas legisladores que sólo ven su propio interés antes que ver el interés del país, que en esa lógica es el interés de Fox.
Pero en ese viaje Vicente Fox no está solo. Lo acompaña su mujer de confianza, la que sin duda hizo un trabajo fundamental para llevarlo a la casa presidencial, la que fue su vocera, y que ahora es su esposa, la señora Marta Sahagún de Fox. Aquí vale la pena recordar la teoría de la capilaridad, esa que prueba que en forma natural el vacío absoluto no existe y que cuando un cuerpo es desplazado, su lugar es llenado de inmediato por el más fuerte de los cuerpos cercanos. Las deficiencias que como gobernante deja Vicente Fox, los vacíos que por incapacidad, ignorancia, impericia o por lo que se quiera deja el Presidente, son ocupados por su colaboradora y esposa, quien en contra de todo ordenamiento legal, actúa en los hechos como vicepresidenta.
Marta Fox ordena, da y quita, habla de compromisos como si los electores hubieran votado por ella, además de que dispone para sus fines personales que tienen su punto de llegada en la candidatura presidencial del 2006 de recursos públicos. En la última etapa de la reciente gira por Europa, otro dislate que llamó poderosamente la atención fue la candidez con que el presidente Fox fue llevado a responder si ya tenía el retrato hablado de su sucesor, cuando apenas lleva dos años de gobierno. Y sin más, como si el papel del Presidente no fuera el de contener los excesos presidencialistas, controlar a los acelerados para no desbarrancar a su gobierno y a su gabinete, el Presidente dibujó sus preferencias, como si fuera un presidente priístas en el quinto año de gobierno. Serían bueno que fuera una mujer, dijo. Y por supuesto no se refería a Rosario Ibarra o Rosario Robles o Ana Guevara o cualquiera otra. No, el retrato hablado tiene nombre, apellido y cargo; se llama Marta Sahagún de Fox.
Y lo ridículo no es suponer, imaginar, desear que una mujer pueda aspirar o llegar a ocupar el más alto cargo de elección popular. Sin duda que hay muchas mujeres capaces de desempeñar en condiciones ejemplares el cargo de presidenta de la República, así como también hay la aceptación de un amplio, muy amplio sector social que aceptaría a una presidenta. No, lo ridículo es que Vicente Fox le despeje el camino a la Presidencia a su esposa, a la señora Sahagún de Fox. La meritocracia de los viejos tiempos del PRI, en donde el mérito del o los delfines del Presidente era nada más que la cercanía, la amistad o el parentesco. ¿Qué méritos tiene para aspirar a la Presidencia? Sin duda que tiene muchos, pero el que pesa es el de que su esposo, el Presidente, es quien la impulsa.
La señora Sahagún de Fox tienen todo el derecho de aspirar a la primera magistratura, pero también los ciudadanos tienen el derecho de que se legisle sobre las funciones de la esposa del Presidente. Se debe aclarar hasta dónde llegan sus responsabilidades como esposa y primera dama, como ciudadana común y como activista política que se sirve de mandamiento que los ciudadanos entregaron a Vicente Fox. Por lo pronto, y más allá de que la señora Fox pudo haber sido empujada a una sobreexposición de alto riesgo, y que se desate una guerra en el interior del gabinete presidencial, lo que es cierto es que el espaldarazo presidencial convierte a su esposa en las más poderosa de sus colaboradores.
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