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Cinecrítica | Tomás Pérez Turrent



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Viernes 11 de octubre de 2002


Hace Rivette historia vodevilesca

Se exhibe "Quien sabe..." dentro del Sexto Tour de Cine Francés en México.


En los días que ahora terminan, el cine ha decidido ofrecer al espectador interesado un muy original ciclo de obras que para comenzar no tienen nada que ver con el negocio hollywoodiano.

Por un lado, el cine francés ha continuado los llamados Tours de Cine Francés en México. Este sería el sexto y las siete cintas han sido exhibidas o continúan haciéndolo en diferentes salas del DF, tanto comerciales de la Organización Ramírez (cines Diana, Miramontes, Plaza Universidad, Perisur, Plaza Satélite) y otras como el Cine Francia de la Alianza Francesa y una de las salas de la Cineteca Nacional. Posteriormente irán a Guadalajara y Monterrey.

En tanto, la BBC ofrece un ciclo con la producción reciente que tituló Urban Fest. Con 10 películas que se distinguen por usar nuevos formatos.

He alcanzado a ver una película de cerca de dos horas, la muy interesante Aspirando totalmente desnudos en el paraíso , de Danny Boyle, cinta muy agresiva formalmente por la rugosidad que permite el uso del video (tomado en bruto, sin ningún modo de refinamiento). Boyle, que aspiraba a ser un nuevo inglés (escocés) en Hollywood, fracasó.

Su película comercial fue destazada y se soldó por un gran fracaso. Boyle debió preverlo, la crispación es constante y encontramos muchos de los elementos de sus primeras cintas.

El Sexto Tour Francés presentó siete películas de Betty Fisher y otras de Claude Miller, Los cosechadores y yo (Les glaneurs et la glaneuse ) de Agnés Varda; El ensayo , de Catherine Corsini; Lee mis labios , de Jacques Audiard; Quien sabe... , de Jacques Rivette; Reinas por un día , de Marion Vernoux; y Todos contra Gregorio , de Artus de Peneguern.

No cabe duda que el largometraje de mayor interés es el de Jacques Rivette, uno de los fundadores de la Nouvelle Vague en Va savoir , titulada aquí Quien sabe... , aunque el título pudo ser traducido literalmente, o sea, Vete a saber si... En fin, esto es lo de menos.

Es la historia de una troupe italiana, cuya actriz principal, Camille (Jeanne Balibar), forma con Ugo (Sergio Castellito) una pareja, mientras se encarga de llevar la compañía, es una pareja seductora y responsable.

Ugo dirige a su compañía que interpreta en italiano "Como tu lo desees", de Pirandello, además de que está obsesionado por encontrar y montar una pieza de Goldoni (Destino veneciano ) que fue escrita y perdida por el autor en París, mientras que Camille anda a la caza del joven Pierre (Jacques Bonafé), que es su ex amante y acaba de terminar una tesissobre Heidegger el celoso.

En el camino, Ugo le cae a la seductora Do (Helene de Fouferolles) y su maléfico hermano Arthur (Bruno Tedeschi). Camille elige a Sonia, la nueva amiga de Pierre y detrás está un asunto de anillo robado. Naturalmente, todos los personajes y sus historias no son paralelas más que en apariencia, por lo que no tardan en encontrarse en algo (una intriga) en lo que todos participan, como lo señalan los círculos en el agua provocados por las circunferencias sucesivas que terminan por integrarse o por lo me-nos esta es la impresión que da al agua del lago que constantemente semeja un abismo (recordemos la construcción en Abismo ).

Es como una novela íntima o más bien con algo de abismal en el encadenamiento de las ficciones que Quien sabe... se encarga de sobreponer y después de fundir en otra materia que está allí presente: la pieza de Pirandello y que su director, Ugo, trata de hacerla pasar por una Goldoni que busca (y no es aventurado describir como un apócrifo).

La historia vivida por los personajes del filme, la que los precede y en la cual uno puede palpar su grosor (Ugo, el director, el manipulador), no se atreve a convocar lo vivido, ya que cada uno de los personajes inventa y crea, sin importar que detrás de ellos esté la firma de los compadres, Jacques Rivette, el mayor de los manipuladores; Christine Laurent, que firma también como coguionista y es hasta cierto punto el portavoz del maestro; y Pascal Bonitzer, el coguionista disciplinado, que es además el especialista en definir muy bien el tejido de sus guiones (ha sido el indispensable del mundo de Rivette desde las seis películas anteriores).

El proceso creativo de Rivette es semejante al de Godard (no importa que no se hablen) y no es un mero accidente el que ambos hayan coincidido en Cannes 2001. Antes por allí pasó el mundo de Manoel de Oliveira y hoy se pueden encontrar trazas en el cine de Sukorov. Por eso que Rivette haya aparecido en competencia en Cannes no es un acontecimiento, lo que llama la atención es la manera como se produce esto en una misma semana (producen a Godard, Rivette, Moretti y Oliveira). Y si dos personas como Godard y Rivette aparecen en el mismo festival y en la misma semana, esto nos dice que ha mejorado mucho (no importa que esté el cretino de Gilles Jacob) permitiendo la aparición en concurso de cuatro cineastas casi juntos en un festival que cada vez tiende más a lo frívolo. Es más, no sería arriesgado ponerse a buscar las razones que permitieron este tipo de conjura silenciosa, que habla bien de la selección oficial y sus criterios (lo que no quiere decir que ya todo esté ganado y menos la independencia).

Lo mejor es que esta política es recompensada, si se juzga por el clamor del auditorio Lumiére al terminar la primera proyección de Quien sabe... (la muy difícil de las 8.30 de la mañana) y con una comedia vodevilesca en la que Rivette borda con brío sobre su tema favorito: el teatro.

Este cine tan puro y ligero que nos hace olvidar la extrema sofisticación de sus procedimientos lo que es como su marca de fábrica, Jacques Rivette en esta ocasión ha injertado un nervio cómico de feroz energía. Así, a pesar de la inspiración subterránea del proyecto, Quien sabe... que se orienta al comienzo por el lado de Marivaux o el Renoir de La carrosse d`or , es más bien por el lado Sacha Guitry (Quadrille) o incluso por las comedias de cualquier maestro de los años 30, es decir, la comedia de EU screwball , donde uno cree o piensa aterrizar. En el último cuarto, las cosas se atan y desatan en la escena y en el carrusel retorcido donde todas las intrigas han madurado durante más de dos horas, aparece como una cumbre irónica del humor cuckoriano.

"Tu eres todo salvo malvada", dice un día Ugo a Camille y esto es lo que piensan Rivette y Jeanne Balibar, que es la que interpreta al personaje a fondo, sin flaquear y sin caer nunca. Lo mismo se podría decir de los otros actores, visiblemente entusiasmados por sus personajes (Sergio Castellito, quizá el último gran actor de la escuela italiana; Héléne de Fougerolles, Jacques Bonnaffé...) y manifiestamente todos sincronizados con la moral final, cuyo eco es la enorme pastelería, es decir, traduciendo la moral sería: compartamos el pastel. Es una moral con la que todos coinciden y a comer. Rivette, el cineasta y antiguo crítico, nos revela que en sus formas está la experiencia de Renoir, pasando por Lubitsch y por gran parte de la historia del cine.

Cines: Francia, Diana, Miramontes, P Universidad, Perisur, Cineteca Nacional y P Satélite.



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