Miércoles 09 de octubre de 2002
En 1986 se publicó un libro titulado 500 años de poesía en el valle de México . Su autora, Aurora Mayra Saavedra, ha puesto en un cierto orden aquellos poemas que nos fueron dando noticia de nosotros mismos desde el inicio de la mexicaneidad.
Este ha sido un libro que a mí me resultó muy interesante y que me permitió constatar ciertos vaivenes de la literatura primigenia.
Durante mucho tiempo pareció olvidarse que antes de que los invasores trajeran un idioma nuevo y nuevos sistemas de comunicación, habían existido en el país no sólo memorables comunicadores, sino también verdaderos poetas.
Gracias a Ángel María Garibay habíamos tenido noticias de estos poetas en versiones colmadas de belleza.
Bien sabemos que traducir un poema es, en muchas ocasiones, interpretarlo, cuando no traicionarlo. Salvando los inmensos obstáculos que proponen dos idiomas completamente ajenos entre sí nos llega una poesía que es capaz de conmovernos y darnos noticia de un lenguaje lleno de imágenes y de situaciones inéditas para el recién llegado.
Libros como éste nos permiten unos acercamientos singularísimos que bien pueden llevarnos a deslumbrar un tiempo que se abre ante nuestros ojos sin imágenes previas.
El libro se inicia con un poema que no me resisto a mostrarlo en esta breve crónica.
Flores de luz erguida abren sus corolas/ donde se tiende el musgo acuático, aquí en México, plácidamente están ensanchándose,/ y en medio del musgo y de los matices/ está extendida la ciudad de Tenoxtitlan".
Esto lo escribió un poeta llamado Nezahualcóyotl hacia el año 1450 de nuestra era.
Un hombre sabio ha conseguido traer estas imágenes trasladándolas al tiempo en que vivimos. Este hombre se llama Miguel León Portilla.
Es fácil imaginarse que en este recorrido hayan nacido imágenes nuevas y algunas hayan sufrido transformaciones que Nezahualcóyotl, quien murió en 1472, no había sospechado.
En 1472 se escribían en España romances de moros y cristianos, así que sólo con un gran esfuerzo podemos acercar las imágenes bucólicas del mundo azteca a poemas tan cargados "de sangre, sudor y hierro" que diría un poeta español, muchos siglos después.
Pasa el tiempo, se diluye la imagen de Nezahualcóyotl y los historiadores procuran encontrar al que llamaremos El Primer Poeta de México. Es discutible dar con esta figura ya que por entonces poetas iban y venían del Viejo al Nuevo Mundo .
Aceptemos, entonces, que fue este poeta, uno que se llamó Bernardo de Balbuena, quien escribió Grandeza mexicana , pasado el año 1500.
Y así, en virtud del gusto con que enseñas/ el mío a hacer su ley de tu contento,/ apuestas son de México las señas./ Bañado de un templado y fresco viento,/ donde nadie creyó que hubiese mundo/ goza florido y regalado asiento.
Han pasado los siglos y cuando la poesía adquiere su mayor sentido, descubrimos que entre verso y verso, y ojos y lenguas diferentes, existe el mismo amor y el profundo asombro por la misma tierra.


