Viernes 16 de agosto de 2002
EN VÍSPERAS de un esperado encuentro entre los presidentes Fox y Bush, el guanajuatense insistió en la necesidad de alcanzar un acuerdo migratorio integral con EU. No se le puede reprochar ese deseo a Fox, particularmente desde el punto de vista ético. Pero no hay que engañarse. Políticamente es un disparo al aire. La verdadera dimensión de las relaciones bilaterales hoy en día fue dibujada hace unos días en Washington, donde se apreció que lo único en lo que piensan es cómo evitar otro ataque terrorista en su territorio.
La modalidad es que están vinculando al terrorismo político con el crimen organizado, y que siguen pensando que el gobierno foxista no está capacitado para frenarlo. No le falta razón a los estadounidenses. En lo que va de esta administración, el Cisen ha sido diezmado bajo el credo de la eficiencia, por lo que se despidió a unos 3 mil funcionarios y agentes en el país. El resultado es que México se quedó sin contrainteligencia, con lo cual el gobierno camina ciegamente en un campo minado para su seguridad nacional. Las deficiencias de la información mexicana fueron notadas por Washington desde los ataques terroristas de septiembre, cuando bombardearon al gobierno mexicano con reportes y peticiones de información sobre Bin Laden, su red de Al-Qaeda y los movimientos de grupos musulmanes en territorio mexicano. Las respuestas provocaron molestia y preocupación, pues lo que rebotó a Washington fue la información que habían enviado a Zedillo desde febrero de 2000, cuando se registró la primera petición de información sobre el saudí. Por eso enviaron decenas de agentes por todo el país sin notificar al gobierno mexicano y comenzaron a tomar previsiones de seguridad.
La semana pasada hubo otro salto significativo, al entrar formalmente la DEA, a la batalla contra el terrorismo. El jefe de ésta, Asa Hutchinson, anunció que reforzarían dos puntos estratégicos en el mundo: Afganistán y la frontera de Texas con México. A Afganistán enviaron 17 nuevos agentes, y a Texas 34. Adicionalmente, al FBI comisionó otros 60 agentes en la frontera con México.
¿Por qué la preocupación? Hutchinson expresó su temor de que los cárteles de la droga financien el terrorismo político en América Latina, a través de grupos como Al-Qaeda y Hezbolá, que operan desde el Medio Oriente. Los servicios de inteligencia de EU tienen ubicadas células de esas organizaciones en la Triple Frontera, como se conoce a la convergencia de Argentina, Paraguay y Brasil, y en particular el centro de operaciones de terroristas, guerrilleros y espías en que se ha convertido la guaraní Ciudad del Este. La información al gobierno zedillista es que células de Hezbolá se habían trasladado a Chiapas desde 1999, y en paralelo se tenía registrada una actividad peculiar en la poco conocida mezquita de Torreón, que durante un buen tiempo la embajada saudí presionó al gobierno mexicano para ampliarla con su financiamiento, y a la que se identifica con mezquitas radicales en EU.
La díada narcotráfico y terrorismo ha sido tratada profusamente en los dos últimos años. Documentos públicos de Interpol establecen esa relación en Europa, donde los grupos político-militares de los albano-kosovares tienen vínculos con el narcotráfico, como también el Grupo Armado Islámico, que participa en la sangrienta guerra civil en Argelia. Una más reciente preocupación se dio con el armamento que han recibido las FARC y el ELN de los sindicatos de mafia rusos y de Hezbolá, y del entrenamiento recibido por los primeros de cuadros del ERI. Hutchinson ya se había referido a la dupla siniestra desde octubre del año pasado, cuando ante un comité del Congreso de EU habló detalladamente de ese vínculo de los talibanes y Bin Laden. En ese entonces sólo era Afganistán. Hoy, EU lo amplió a México. ¿Por qué? Una explicación se puede encontrar en las revelaciones de algunos servicios de análisis de inteligencia privados, como Stratfor, que reveló el reordenamiento del narcotráfico en México en células pequeñas, compartimentadas, como operan las guerrillas y los terroristas. La reestructuración incluye un corrimiento del poder de Tijuana a Ciudad Juárez, frontera con Texas, donde opera el jefe de la principal banda mexicana en la actualidad, Vicente Carrillo, quien ha establecido alianzas estratégicas en Reynosa y Cancún con Osiel Cárdenas, jefe del cártel del Golfo, y con Ismael Zambada en Sinaloa. El de Tijuana, con la muerte de Ramón Arellano y la detención de Benjamín, sostiene Stratfor, tiene relaciones con las triadas chinas que operan desde Vancouver, y es probable que se vincule con las mafias rusa, ucraniana y siciliana. Además tiene nexos con las FARC.
Desde 1977 la DEA sabe de al menos 700 mexicanos involucrados en el tráfico de drogas por armas. Pero en ese entonces, y durante muchos años después, se trataba de un problema doméstico y de salud pública. En la actualidad se trata de la seguridad nacional de EU. De nada más. Esa es la actual dimensión de la relación bilateral, donde México es un actor muy secundario, pero su territorio, lo dejaron claro, es prioridad militar para EU.
r_rivapalacio@yahoo.com


