Lunes 29 de abril de 2002
Después de una ausencia de 44 años regresé a Perú para recibir un homenaje por parte de la tercera Bienal Iberoamericana de Lima. El alcalde de la capital peruana, Alberto Andrade, me entregó la Medalla de Lima "en reconocimiento a su importante trayectoria artística, cuya obra es considerada Patrimonio Cultural de la Humanidad". Estuvo presente también la primera dama, señora Eliana Karp de Toledo. Como parte de este evento se inauguró una muestra de cerca de 80 de mis obras. Esta y mi presencia fueron calificadas como el principal atractivo de la bienal.
Abundaron las entrevistas para diferentes medios y ofrecí dos conferencias, una en la escuela Corriente Alterna y la otra en la Academia de Bellas Artes. El embajador de México, Ricardo Villanueva, me ofreció una cena a la que asistieron muchos de mis antiguos amigos, entre ellos la escritora Blanca Varela y el pintor Fernando de Szyslo. Debo agradecer las atenciones que recibí por parte del agregado cultural, Francisco Hernández, con quien inició una amistad que estoy seguro será permanente. Germán Carnero y su esposa también me acompañaron en todo momento. En la revista Múltiple , que Germán dirige, apareció un artículo escrito por Luis Lama, presidente de la Bienal. Dice: "... La Bienal de Lima ha considerado, a partir de esta versión, rendir homenaje a un gran artista de América Latina, en este caso José Luis Cuevas, para que el público pueda apreciar un arte latinoamericano antes de los tiempos de la globalización, donde la experiencia local y la universal se fusionaban para hacer una obra ejemplar, autónoma y diferenciada.
"Consideramos que Cuevas era el artista más indicado para iniciar esta nueva etapa, en primer lugar por su larga y muy prolífica carrera, pero también por su permanente espíritu subversivo que el paso de los años no ha logrado aminorar. Además en Cuevas pueden resumirse varias de las experiencias que han hecho que el arte fuera y siga siendo contemporáneo. Basta visitar el Museo en la capital mexicana y recorrerlo detenidamente. En una de las salas podemos encontrar un frasco de semen del artista, ya pulverizado por el tiempo, la memoria retrocede hasta Piero Manzoni cuando envasó y selló sus latas para la serie Mierda de artista , hoy exhibida en los museos más importantes del mundo. Pero hay algo más de José Luis Cuevas que me resulta perturbador: su permanente compañía de la muerte que muchos pudieran explicar por su origen mexicano que se encarga de recordar el ineludible deterioro cotidiano, el dolor, la agonía y el desenlace de la muerte.
"Cuevas ha sabido ejercer una mórbida atracción con los personajes que se desenvuelven en la oscuridad o en una sórdida luminosidad. Pero en sus obras se encuentra, sobre todo, el misterio de la condición humana, el juego de las apariencias y el ritual de vivir. Cuevas es uno de los artistas más queridos por aquellos que vivieron los años de esplendor de nuestro Instituto de Arte Contemporáneo. Entre nosotros su obra ha tenido, y sigue teniendo, fervientes seguidores, y son muchos los que, como el autor de esta nota, se perturban ante sus narraciones visuales, esos mundos poblados de seres definidos por una línea sinuosa, que como un tajo se desplaza sobre el papel para la representación de la memoria.
"Después de mucho tiempo José Luis Cuevas vuelve a este país que lo ha respetado, querido y admirado. Su muestra en la galería Pancho Fierro, con motivo de la Bienal de Lima, es de importancia trascendental. Ella ha sido posible gracias a la voluntad del artista y al generoso aporte del gobierno de México que nos permite el reencuentro con uno de los artistas más notables del siglo XX. Bienvenido sea". El artículo viene ilustrado con fotos de Germán Ignacio Carnero Castañeda.
De la Bienal, se dice en la misma revista que "es un evento que muestra al espectador la producción artística contemporánea, poniéndolo en contacto con las formas con las que manifiestan visualmente sus pensamientos el hombre y la mujer que viven en Iberoamérica.
"Si la Bienal se circunscribe a nuestros países hispanoamericanos se debe a que de manera inicial hemos considerado prioritario conocernos mejor, ver lo que hace el hermano y cómo se expresa, y a través de este intercambio de ideas con los otros lleguemos quizás a comprendernos mejor."


