Jueves 07 de marzo de 2002
Inexplicable silencio de Bravo Mena
Ahora, hasta panistas criminales
A unas horas de que el Partido Acción Nacional elija en lo oscurito a su nuevo presidente nacional, y apenas transcurridos 33 días de que en un evento faraónico el panismo de todo el país protestara con la diestra en el corazón el Código de Ética de los Servidores Públicos del Partido Acción Nacional , la crisis de gobierno que vive ese partido parece llegar al escándalo, cuando las autoridades del estado de México descubrieron a una banda criminal encabezada por el alcalde panista de Atizapán, Juan Antonio Domínguez, la que presuntamente asesinó a la regidora del mismo partido, María de los Ángeles Tamés Pérez.
El 5 de septiembre de 2001, apenas y alcanzó un espacio informativo un crimen que para algunos medios mostraba características distintas a las del delito común que tiene como móvil el asalto. Se trataba del asesinato de María de los Ángeles Tamés Pérez, una joven activista del Partido Acción Nacional de 27 años, que se desempeñaba como regidora del municipio panista de Atizapán de Zaragoza, en el estado de México. Pero a pesar de que el crimen mereció el tratamiento informativo de los ya comunes asesinatos por asalto, y de que al interior del propio Partido Acción Nacional se prefirió el silencio y el ayuntamiento de Atizapán intentó archivar el caso, la investigación se abrió paso debido a que los padres de la víctima, la ex senadora del PAN, Evangelina Pérez, y el actual director de Administración de la agencia de noticias Notimex, Pedro Tamés, insistieron en que se trató de un crimen político. ¿La razón?, que su hija había descubierto que el alcalde de Atizapán, Juan Antonio Domínguez, encabezaba una banda criminal vinculada al crimen organizado: narcotráfico, secuestro, tráfico de influencias, y en general a la corrupción.
La investigación del crimen fue retomada por el nuevo procurador de Justicia del estado de México, Alfonso Navarrete Prida, quien efectivamente y luego de una eficaz pesquisa puso al descubierto los vínculos del alcalde de Atizapán, Juan Antonio Domínguez, con una banda criminal que operaba desde la misma casa municipal, y de la que efectivamente se presume relación con el crimen organizado; narcotráfico, secuestros y tráfico de influencias, entre otros delitos, que también relacionan al actual senador panista por el estado de México, Carlos Madrazo Limón, quien gobernó Atizapán de Zaragoza antes de que llegara como alcalde Juan Antonio Domínguez el que se encuentra bajo arraigo domiciliario, y quienes compartieron el mismo grupo político.
De suyo alarmante no sólo porque se privó de la vida a una mujer, que además de militante resultó estrechamente relacionada con el dirigente del PAN, Luis Felipe Bravo Mena, de quien la madre de la víctima, Evangelina Pérez, fue senadora suplente, lo verdaderamente preocupante del crimen de María de los Ángeles Tamés es el silencio cómplice y la simulación de la dirigencia del PAN en hechos tan reprobables, y el nivel de descomposición que en un tiempo relativamente corto han mostrado los gobiernos del PAN, en este caso a nivel municipal, en donde no sólo se han desatado las ambiciones personales con alcaldes que ganan hasta 400 mil pesos mensuales, sino que florecen la corrupción, los negocios turbios, el tráfico de influencias, y hasta grupos criminales que actúan no sólo al margen de la ley, sino al amparo de su partido, el PAN.
Pero el panismo del estado de México goza de una especial impunidad, sobre todo en tiempos como los actuales, en los que está en juego la renovación de la dirigencia nacional, y en donde uno de los aspirantes a encabezar los destinos de Acción Nacional es Luis Felipe Bravo Mena, militante del panismo mexiquense, ex candidato a la gubernatura y ex senador por esa misma entidad, y a cuyo amparo ojo, en ningún momento pretendemos decir que Bravo Mena patrocine o encubra esos grupos se cometen todo tipo de excesos, como ocurre con Antonio Ríos Granados, el alcalde actor, escritor, poeta viajero y corrupto de Tultitlán, que llegó gracias a las siglas del PAN y que apenas fue expulsado de ese partido; como Agustín Hernández Pastrana, alcalde de Ecatepec, quien se aventó la puntada de elevarse el salario hasta 420 mil pesos mensuales; como los de Cuautitlán y Tlalnepantla, entre otros, que por el estilo ganan salarios de magnates, mientras que los municipios panistas que gobiernan viven condiciones peores que las experimentadas en tiempos del viejo PRI.
Por eso llama la atención que mientras Acción nacional pretende darle un bajo perfil a lo ocurrido en el municipio de Atizapán, por la simple y sencilla razón de que son panistas mexiquenses los criminales de la regidora María de los Ángeles Tamés, el presidente nacional de ese partido, Luis Felipe Bravo Mena, encabece manifestaciones multitudinarias se calcula que el 17 de febrero acarreó a 5 mil personas para protestar por los recortes presupuestales del gobierno de Arturo Montiel, y que haya pagado desplegados a plana completa en diarios de circulación nacional para difundir el acto. Mientras que Bravo Mena hace esas demostraciones de poderío político en su entidad natal, mientras que busca votos para seguir al frente de su partido, esa misma dirigencia del PAN guarda silencio por el crimen de la regidora de Atizapán. Por cierto que en la manifestación contra Montiel que encabezó Bravo Mena acudieron festivos el alcalde y el ex alcalde de Atizapán, los mismos presuntamente vinculados al crimen de la regidora.
Por eso no deja de sorprender que mientras que el 2 de febrero el panismo nacional desde el presidente Fox, pasando por Luis Felipe Bravo Mena y por el Jefe Diego, entre otros rindió protesta, con la diestra en el corazón, a favor del Código de Ética de los Servidores Públicos del Partido Acción Nacional acto al que según versiones también acudió el senador Carlos Madrazo Limón, ex alcalde de Atizapán y también relacionado con los criminales de la regidora de ese municipio, el propio Luis Felipe Bravo Mena no haya actuado en conciencia y haya retirado la afiliación del PAN al alcalde de Atizapán, Juan Antonio Domínguez, quien se encuentra arraigado por la autoridad mexiquense y al que denunció la regidora asesinada y los padres de ésta, como la cabeza de un grupo criminal infiltrado en el PAN del estado de México. ¿Dónde quedó el Código de Ética ? ¿Dónde quedó la congruencia? ¿Dónde están las manifestaciones para reclamar justicia? ¿Dónde los desplegados periodísticos denunciando la impunidad?.
No hay respuesta, o mejor, la respuesta del PAN, de su dirigente nacional, mexiquense él, es el silencio, como si la vida de María de los Ángeles Tamés fuera menos importante que la de otros políticos de renombre, como si ser regidor, sólo regidor, minusvaluara la vida. La realidad es que en política, o por lo menos en la política mexicana, no hay ética, y por eso lo ridículo del Código de Ética del PAN, que no es otra cosa que un recurso mediático frente al creciente descrédito que gana el PAN en los tres niveles de gobierno: federal, estatal y municipal. En el fondo parece que el crimen de María de los Ángeles Tamés dejó al descubierto lo que todos saben en el PAN, pero que pocos quieren decir: que el PAN está viviendo una de sus peores crisis ideológicas, doctrinarias, programáticas y de gobierno, que muchos de esos que se amparan en las siglas del PAN, en el eslogan del cambio , de la doctrina del partido que por más de seis décadas pregonó la democracia, la doctrina social cristiana, la honradez y la transparencia en el ejercicio del poder, los valores humanistas por sobre los vicios priístas, han terminado o se han convertido en penosas, vergonzosas copias del PRI. Si hoy los crímenes son a nivel municipal, y el PAN no hace nada, no alza la voz y no mete los correctivos necesarios, mañana los crímenes en el PAN serán, como en el PRI, a los más altos niveles.
Y es que una vez convertido en poder público y político, una vez expuesto a las tentaciones del poder terrenal, el PAN ha perdido la solidez militante, el apostolado ideológico y la concepción política que por décadas lo hicieron aparecer como el partido de la legalidad, de la justicia, de la congruencia, y cada vez son más los escándalos que deterioran su imagen, que lo muestran como un partido de ambiciosos, de oportunistas, de desleales, de inmorales, de antidemócratas, de pillos, corruptos y hasta criminales. Y a unas cuantas horas de que los panistas elijan en lo oscurito a su dirigencia nacional el reto es ése, el de recuperar al PAN doctrinario, creíble, congruente, adalid de la legalidad y de la aplicación de la justicia; ése es uno de los más importantes retos de Acción Nacional en los tiempos por venir.
Pero está claro que el presidente nacional del PAN, Luis Felipe Bravo Mena, y quien intenta la reelección, no quiere escándalos en el estado de México, donde tiene uno de sus más importantes feudos, porque los escándalos quitan votos, fabrican derrotas. Pero el escándalo que ya desató el crimen de la regidora panista María de los Ángeles Tamés, además de lo grave que resulta en sí mismo, ha mostrado que Bravo Mena es incapaz de poner orden entre los panistas mexiquenses ya podemos suponer lo que pasa en todo el país que han alcanzado una posición de elección popular, y que está más preocupado por la imagen, por evitar el escándalo, que por recuperar los valores históricos del PAN.
El PAN requiere mucho más que a un Bravo Mena dócil y maleable frente a los deseos de los Diego Fernández y los Calderón Hinojosa, o a los reclamos de un Vicente Fox; requiere una purga general y una buena dosis de credibilidad, que no es otra cosa que la congruencia entre la doctrina y la acción política, entre los principios y el buen ejercicio de gobierno.
Y a propósito de los partidos, vale la pena reconocer que la casual reaparición de Carlos Salinas en el escenario nacional, sobre todo la muy oportunísima coincidencia de que su regreso empata con la cloaca priísta que hizo presidente del PRI a Roberto Madrazo, sólo se pudo haber realizado en la Universidad Iberoamericana. Hay que recordar que el vocero de Salinas, José Carreño Carlón, es el director del Departamento de Comunicación de la Ibero, y que es un maestro del oportunismo político. Pero más allá de las cualidades de Carreño, y de que los "chavos" de la Ibero fueron utilizados "¡otra vez!" como mensajeros de la política de altos vuelos, queda claro que Salinas "empuja" a Madrazo, quien también tiene en casa a otro viajero, a otro Carlos, a Cabal Peniche. Cuidado con esa trinca infernal. O no.
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