Domingo 11 de noviembre de 2001
Carlos Monsiváis preparó, para la colección Mitos Poesía de la editorial Mondadori de España, la pequeña antología 56 boleros (Madrid, 1999). Más amplia y más detenida en su historia es la Antología del bolero en México. Y si vivo cien años... (México, Fondo de Cultura Económica, 2001), compilada y prologada por Rodrigo Bazán Bonfil, especialista en lírica popular y tradicional.
Dividida en cinco secciones ("Antes", "Amor feliz", "Amor desdichado", "Desamor" y "Recientemente"), la antología de Bazán Bonfil incluye poco más de un centenar de boleros de los más importantes músicos y letristas de este género, entre ellos Osvaldo Bazil, Ricardo López Méndez, Guty Cárdenas, Agustín Lara, Álvaro Carrillo, José Antonio Michel, Gonzalo Curiel, Isolina Carrillo, Joaquín Pardavé, Rafael Hernández, Consuelo Velázquez, los hermanos Martínez Gil, Pedro Galindo, Osvaldo Farrés, Ricardo Palmerín, Armando Manzanero, etcétera.
Desde "Morenita mía", fechada en 1921, de Armando Villarreal Lozano, hasta "De qué manera te olvido", fechada en 1980, de Federico Méndez, pasando por "Presentimiento", "Ella", "Nunca", "Luna de octubre", "Mujer", "Santa", "Sabor a mí", "Sin ti", "Amor perdido", "Cruz de olvido" y muchas más que constituyen una de las tradiciones más sólidas en la lírica popular de México.
El prólogo de Bazán Bonfil es todo un estudio que va ahondado, con detalle, en la historia de este género y en la importancia que tiene para la cultura nacional que en este punto estrecha relaciones con otros países, sobre todo los del Caribe.
"El bolero es ?dice el antólogo? delectación morosa, amorosa, en el discurso mismo; la narración de esa parte de la pasión amatoria que cada enunciación privilegie; o mejor, la exhibición de un deseo que, cada vez que emerge de nuestra entretela colectiva y a la luz de otros ojos nos funde con el decir amatoria de todos, esperamos ver avalado y compartido por el Otro."
Y si vivo cien años... es un libro cuyo valor cultural está fuera de toda duda.
Con parecido propósito cultural y antológico, pero más modesto en sus alcances, trabajaron en Colombia Carlos Nicolás Hernández y Sonia Nadhezda Truque para entregarnos el librito de medio centenar de páginas Coplas y poemas al aguardiente (Bogotá, Panamericana Editorial, 2000, colección Cuadernillos de Poesía).
Desde luego, son coplas colombianas nada más, y si el título de la antología no lo aclara así es por el hecho de que los autores no imaginaron que su trabajo andaría más allá de las librerías bogotanas. Desde luego, una antología general del tema sería mucho más rica y precisaría de algo más que 50 páginas, pues el aguardiente es bebida de muchos países hispanoamericanos incluido México.
Explica Carlos Nicolás Hernández en las páginas preliminares: "Las coplas que aluden al tema del aguardiente, lo hacen en tonos diversos; la exaltación del trago como el brindis por el recién llegado, la celebración y la fiesta populares, los ingenuos y no menos picarescos ritos del amor y el desamor, los recados, susurros y querellas, las andanzas y malas andanzas, los requiebros y flirteos a viva voz en plena plaza, las píldoras políticas y sentimentales, las sátiras y lo divino están inmersos en el coplerío que alude a esta bebida espirituosa con presencia nacional."
Con presencia nacional colombiana, claro, por lo que ya hemos advertido. De ahí que estas coplas tengan, precisamente, su sabor colombiano, como en la siguiente justificación: Dicen que le jalo al trago;/ no, señora, no es así;/ es que a veces por lo vago/ el trago me jala a mí .
He aquí otra copla anónima de indudable ingenio: Un borracho preguntaba/ si en el otro mundo había/ chicha, aguardiente y guarapo/ y si no, no se moría .
Del coplerío colombiano, Guillermo Abadía Morales recogió la siguiente cuarteta que los antólogos Hernández y Truque revaloran: El aguardiente está preso/ en una cárcel de vidrio/ y tengo que visitarlo/ el sábado o el domingo . En sus "Décimas al aguardiente", el poeta colombiano Diego Calle Restrepo se inspiró así: ¿Qué es un país sin anís?/ ¿Qué soy yo sin aguardiente?/ Soy una nación sin gente,/ soy un árbol sin raíz,/ soy un Nevado del Ruiz/ lóbrego, desierto y frío,/ una embarcación sin río,/ sin mar y sin quieto lago./ Un antioqueño sin trago/ es un cántaro vacío .
A tres décadas de la muerte de James Douglas Morrison, mejor conocido como Jim Morrison, poeta, cantante y líder del grupo de rock The Doors, el narrador y ensayista Efrén Minero ha publicado la segunda edición de homenaje, corregida y aumentada, Jim Morrison: Un guía en el laberinto (México, 2001).
Este libro ?se nos advierte? "no es una biografía ni una recopilación de anécdotas. Para los viejos conocedores que llevan tiempo transitando por el laberinto, este trabajo es una cadena de visiones sobre la compleja figura de Jim; para cada nuevo seguidor del Rey Lagarto es un manual que lo ayudará a acercarse a ese `mensajero loco` que fue Jim Morrison".
Efrén Minero es un amplio conocedor y admirador de Morrison. Divulgador cultural, además de escritor, se interna en el mito y la leyenda del poeta, letrista y cantante de The Doors para compartir con los lectores algunas imágenes posibles de quien escribió: Yo no soy ni doctor ni santo/ ni cristo o soldado./ Ahora, amigos, no me miren/ tristemente desvariando como algún/ niño incomprensible./ Sé por mi aliento de qué hablo/ y lo que he visto/ necesita ser contado .
A decir de Minero, "como mito Jim Morrison es una creación soberbia y como leyenda es irresistible; pero el mito y la leyenda no tienen ni principio ni fin precisos, van recolectando ofrendas en cada lugar, en cada nuevo hecho insólito que es dado a la luz pública, en cada libro alusivo, en cada ocasión que alguien en este planeta oye una canción de The Doors o lee una línea de la poesía de Jim".
Por eso, estas páginas de Minero son, a un tiempo, homenaje y revelación.


