Esfera Humana | Enrique Castillo-Pesado
Sábado 24 de febrero de 2001
Enrique Castillo-Pesado
Leyenda y tradición envuelven al Ritz de París
En las múltiples ocasiones que he visitado la Ciudad Luz, pocas veces he quedado tan impresionado con la magnitud de una propiedad como la que hace poco más de un siglo fundara César Ritz, en la no menos impactante Place Vendome. Su reputación hoy día corresponde a casi una leyenda en materia no sólo de hospitalidad que raya en lo ?espectacular?, sino que también por su notable historia y los personajes que han participado en ella. Pareciera esta misma como salida de un cuento de hadas, pero no hay tal, sino la propia magia ejecutada por los personajes principales de la trama. En este caso, los magos que contribuyeron a la creación de la leyenda fueron, en primer término César Ritz, quien en 1898 estableció allí un hotel dotándolo de particular estilo, altísima reputación y toda su energía personal, revolucionando el mundo de la hotelería en su época. Casi 80 años después, otro mago de los negocios y visionario inversionista resultó Mohamed Al Fayed, al comprar en 1976 este célebre establecimiento al que habría de reinstaurarle en forma casi filantrópica su grandeza y elogiado prestigio. Después de nueve años de trabajos de remodelación y renovación profunda, incluyendo la implementación de nuevos servicios, la leyenda del Ritz se hizo realidad...Su fundación
Como mencionamos, el Ritz fue fundado a fines del siglo XIX por el visionario ciudadano suizo que le dio su nombre. Nacido en Niederwald, aldea de los Alpes, César Ritz empezó su carrera como aprendiz de sommelier a los 16 años, siendo entrenado en los principales y palaciegos hoteles de aquel entonces. Ambicioso, incansable, dotado de una excepcional memoria y sensibilidad para las relaciones humanas, éste mostró rápidamente aptitud para la actividad hotelera y su ascenso desde mesero, a maitre d'hotel y director lo llevó pronto a convertir su sueño en realidad, establecer un hotel donde los famosos e importantes pudieran sentirse como en casa. Su idea era crear una residencia que ofreciera todo el confort y refinamiento que cualquier príncipe pudiera desear tener en su propio hogar. Este concepto se adelantaba a su época, ya que en ese entonces rara vez un noble o los miembros de las altas esferas se hospedaban en otro sitio que no fuera de su propiedad, a menos que fuera estrictamente necesario alojarse en un hotel por grande y lujoso que fuera. El turismo como industria apenas estaba en pañales y ya dos años antes de la fundación de su emporio, el emprendedor e incipiente hotelero en 1896 estableció en Londres el primer sindicato del hotel Ritz, apoyado por un grupo de competentes expertos profesionales en la materia que fue conociendo y contactando durante su trayectoria laboral y en sus viajes constantes. Contó igualmente con el apoyo de la aristocracia británica y más tarde se dirigió a París, la capital de la alta sociedad y le echó el ojo enseguida a una suntuosa mansión ubicada en el número 15 de la Place Vendome que estaba en venta y anteriormente había sido residencia privada del duque de Lauzun. Junto con el arquitecto Charles Méwès, Ritz concibió ?el hotel ideal?, basando sus principios en belleza, innovación, eficiencia y pulcritud. Desde luego, de inmediato César captó la forma cómo habría de tratar a su clientela, guiando, aconsejando, anticipándose a sus deseos y recordando cada detalle de gustos y anhelos de cada uno para halagarlos en su próxima visita...Innovador
Para su época, este establecimiento se adelantó en el concepto de hotelería ofreciendo novedades como teléfono en cada habitación y baño privado, además de completa electrificación en cada piso y debido a que César se preocupaba por ser muy atento con las damas, dotó para su comodidad a cada vestidor con mesas y colgadores para acomodar los vestidos de gala, ganchos en los descansabrazos de los sillones para colgar sus bolsos de mano y delicados ganchos forrados con tela para los atuendos muy finos, así como luz en los closets y la iluminación en tenue tono rosado que resalta la figura y la hace lucir mejor. Estos detalles son los que marcaron la diferencia y pronto convirtieron a este emporio en un llamado pináculo del lujo parisino, calificativo que ha prevalecido desde su fundación y que se distingue como uno de los símbolos más representativos del art de vivre (arte de vivir) francés. Tanta ha sido esta reputación de altos vuelos que podría decirse que creó todo un ?estilo Ritz?. Sus 175 habitaciones incluyendo 42 departamentos de súper lujo y diez suites hoy día, cuentan con los elementos de alta tecnología para el mayor confort del cliente como aire acondicionado, televisor a color con acceso a Internet en pantalla, video personal, radio, mini bar y teléfono con fax, además de suntuosa decoración muy celebrada por tantos y tantos personajes que se han hospedado allí. Entre ellos, por ejemplo, hicieron de la suite imperial, la más grande y lujosa de todas, su segundo hogar, el rey Eduardo VI, Alfonso XIII de España y Hassan II de Marruecos o algunos estadistas como Winston Churchill, Henry Kissinger y en fechas más recientes, celebridades del mundo del espectáculo como Woody Allen o sir Elton John. Muy notable también fue su huésped más fiel, la inolvidable Cocó Chanel, quien habitó uno de los apartamentos que asoman a la Rue Cambon de 1934 hasta su muerte en 1971. A estos se suman otros tantos que otrora engalanaron con su presencia como Marcel Proust, los grandes duques de Rusia, Boni de Castellane, el sha de Irán, Charlie Chaplin, Cole Porter, F. Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, los duques de Windsor y la multimillonaria Barbara Hutton...Renacimiento
Tomando el mando heredado de su marido, Marie-Louise Ritz dirigió esta propiedad eficientemente hasta 1953, año en que su hijo Charles Ritz ocupó la presidencia del consejo de administración, posición que a su vez ocupó durante 23 años, siendo más tarde vendido todo en 1979 a Mohamed Al Fayed y hermanos. El primer libro en la historia del Ritz se había cerrado y la leyenda apenas comenzaba... Al visionario hombre de negocios egipcio, establecido en Gran Bretaña, siempre se le ha conocido como un entregado filántropo amante del arte y un perfeccionista motivado al igual que César Ritz, por una pasión por la elegancia y la belleza. Por eso, no escatimó en nada para devolverle su esplendor y aumentar aún más la gama de servicios y atractivos que halagan a su exigente clientela, sumando a la fecha una inversión que asciende a 250 millones de dólares. Hoy día, bajo la dirección de su presidente Frank J. Klein, el Ritz ha recobrado su distintivo como una hermosa joya de la hotelería en la capital francesa. Pero lo que realmente hace la diferencia es el servicio, y como el personal es siempre el mismo, cada huésped es halagado al ser recibido con la misma cortesía, con la misma discreción y simplicidad y por la misma gente que lo reconoce en cada visita. El glorioso pasado del Ritz contribuyó a construir un mito a su alrededor y no otro establecimiento del tipo ha sido tan mencionado y referido en la literatura, el arte, la moda y hasta el cine, como éste...Tradición gastronómica
Desde luego, la gastronomía ha ido de la mano para construir la merecida reputación máxima de este lugar, iniciada por el genio y padre de toda una escuela en materia culinaria, Auguste Escoffier. Éste, por mucho, fue considerado como el mejor chef de su tiempo y a su cosecha se debe la creación de platillos en honor siempre de algunas mujeres famosas que hasta hoy son celebrados como el ?peach Melba?, recordando a la grandiosa cantante australiana Nellie Melba o la ?poir belle Helene?, la pera bella Helena, creada para la boda de Helene Elles, hija de uno de los directores que sucedieron a César Ritz. Así pues, la tradición culinaria en su máxima expresión está representada hasta nuestros días por los célebres comedores del Espadon, sede y mudo testigo de numerosas soirées de gala de ayer y hoy. Recordamos alguna vez que cenamos con personajes de la talla del ahora presidente francés Jacques Chirac, o con la mismísima Grace Jones, una pantera en todo sentido, que estuvo muy en boga allá por los 80 y de París hizo su sitio de residencia favorito. También en otras estadías allí he departido y compartido el privilegio de gozar de gratos encuentros con el escritor Carlos Fuentes, Sharon Stone, Bruce Willis y Demi Moore; Stallone, Pepe Guindi y un sinfín de figuras más que gustan de hospedarse con gran estilo a su paso por París. Igualmente es reconfortante disfrutar de la bebida favorita en el bar Hemingway o el Vendome, lugares de reunión favoritos del tout París elegante. Asimismo, para una cena más tarde y un ambiente de atmósfera festiva, el Ritz Club sólo para socios distinguidos, hacen de ese local con entrada independiente del hotel, el sitio para trasnochar en perfecta exclusividad. Allí por cierto, conocí a una muy halagada y exitosa Inés de la Fressange, así como a Loulou de la Falaise. En general, el Ritz es un sinónimo de privilegio al que sólo los conocedores del paroixismo en lujo y refinamiento pueden acceder... Y hasta la próxima. ¡Abur! Comentarios al e-mail: interdif@df1.telmex.net.mx
Sábado 24 de febrero de 2001
En las múltiples ocasiones que he visitado la Ciudad Luz, pocas veces he quedado tan impresionado con la magnitud de una propiedad como la que hace poco más de un siglo fundara César Ritz, en la no menos impactante Place Vendome. Su reputación hoy día corresponde a casi una leyenda en materia no sólo de hospitalidad que raya en lo ?espectacular?, sino que también por su notable historia y los personajes que han participado en ella. Pareciera esta misma como salida de un cuento de hadas, pero no hay tal, sino la propia magia ejecutada por los personajes principales de la trama. En este caso, los magos que contribuyeron a la creación de la leyenda fueron, en primer término César Ritz, quien en 1898 estableció allí un hotel dotándolo de particular estilo, altísima reputación y toda su energía personal, revolucionando el mundo de la hotelería en su época. Casi 80 años después, otro mago de los negocios y visionario inversionista resultó Mohamed Al Fayed, al comprar en 1976 este célebre establecimiento al que habría de reinstaurarle en forma casi filantrópica su grandeza y elogiado prestigio. Después de nueve años de trabajos de remodelación y renovación profunda, incluyendo la implementación de nuevos servicios, la leyenda del Ritz se hizo realidad...
Como mencionamos, el Ritz fue fundado a fines del siglo XIX por el visionario ciudadano suizo que le dio su nombre. Nacido en Niederwald, aldea de los Alpes, César Ritz empezó su carrera como aprendiz de sommelier a los 16 años, siendo entrenado en los principales y palaciegos hoteles de aquel entonces. Ambicioso, incansable, dotado de una excepcional memoria y sensibilidad para las relaciones humanas, éste mostró rápidamente aptitud para la actividad hotelera y su ascenso desde mesero, a maitre d'hotel y director lo llevó pronto a convertir su sueño en realidad, establecer un hotel donde los famosos e importantes pudieran sentirse como en casa. Su idea era crear una residencia que ofreciera todo el confort y refinamiento que cualquier príncipe pudiera desear tener en su propio hogar. Este concepto se adelantaba a su época, ya que en ese entonces rara vez un noble o los miembros de las altas esferas se hospedaban en otro sitio que no fuera de su propiedad, a menos que fuera estrictamente necesario alojarse en un hotel por grande y lujoso que fuera. El turismo como industria apenas estaba en pañales y ya dos años antes de la fundación de su emporio, el emprendedor e incipiente hotelero en 1896 estableció en Londres el primer sindicato del hotel Ritz, apoyado por un grupo de competentes expertos profesionales en la materia que fue conociendo y contactando durante su trayectoria laboral y en sus viajes constantes. Contó igualmente con el apoyo de la aristocracia británica y más tarde se dirigió a París, la capital de la alta sociedad y le echó el ojo enseguida a una suntuosa mansión ubicada en el número 15 de la Place Vendome que estaba en venta y anteriormente había sido residencia privada del duque de Lauzun. Junto con el arquitecto Charles Méwès, Ritz concibió ?el hotel ideal?, basando sus principios en belleza, innovación, eficiencia y pulcritud. Desde luego, de inmediato César captó la forma cómo habría de tratar a su clientela, guiando, aconsejando, anticipándose a sus deseos y recordando cada detalle de gustos y anhelos de cada uno para halagarlos en su próxima visita...
Para su época, este establecimiento se adelantó en el concepto de hotelería ofreciendo novedades como teléfono en cada habitación y baño privado, además de completa electrificación en cada piso y debido a que César se preocupaba por ser muy atento con las damas, dotó para su comodidad a cada vestidor con mesas y colgadores para acomodar los vestidos de gala, ganchos en los descansabrazos de los sillones para colgar sus bolsos de mano y delicados ganchos forrados con tela para los atuendos muy finos, así como luz en los closets y la iluminación en tenue tono rosado que resalta la figura y la hace lucir mejor. Estos detalles son los que marcaron la diferencia y pronto convirtieron a este emporio en un llamado pináculo del lujo parisino, calificativo que ha prevalecido desde su fundación y que se distingue como uno de los símbolos más representativos del art de vivre (arte de vivir) francés. Tanta ha sido esta reputación de altos vuelos que podría decirse que creó todo un ?estilo Ritz?. Sus 175 habitaciones incluyendo 42 departamentos de súper lujo y diez suites hoy día, cuentan con los elementos de alta tecnología para el mayor confort del cliente como aire acondicionado, televisor a color con acceso a Internet en pantalla, video personal, radio, mini bar y teléfono con fax, además de suntuosa decoración muy celebrada por tantos y tantos personajes que se han hospedado allí. Entre ellos, por ejemplo, hicieron de la suite imperial, la más grande y lujosa de todas, su segundo hogar, el rey Eduardo VI, Alfonso XIII de España y Hassan II de Marruecos o algunos estadistas como Winston Churchill, Henry Kissinger y en fechas más recientes, celebridades del mundo del espectáculo como Woody Allen o sir Elton John. Muy notable también fue su huésped más fiel, la inolvidable Cocó Chanel, quien habitó uno de los apartamentos que asoman a la Rue Cambon de 1934 hasta su muerte en 1971. A estos se suman otros tantos que otrora engalanaron con su presencia como Marcel Proust, los grandes duques de Rusia, Boni de Castellane, el sha de Irán, Charlie Chaplin, Cole Porter, F. Scott Fitzgerald, Ernest Hemingway, los duques de Windsor y la multimillonaria Barbara Hutton...
Tomando el mando heredado de su marido, Marie-Louise Ritz dirigió esta propiedad eficientemente hasta 1953, año en que su hijo Charles Ritz ocupó la presidencia del consejo de administración, posición que a su vez ocupó durante 23 años, siendo más tarde vendido todo en 1979 a Mohamed Al Fayed y hermanos. El primer libro en la historia del Ritz se había cerrado y la leyenda apenas comenzaba... Al visionario hombre de negocios egipcio, establecido en Gran Bretaña, siempre se le ha conocido como un entregado filántropo amante del arte y un perfeccionista motivado al igual que César Ritz, por una pasión por la elegancia y la belleza. Por eso, no escatimó en nada para devolverle su esplendor y aumentar aún más la gama de servicios y atractivos que halagan a su exigente clientela, sumando a la fecha una inversión que asciende a 250 millones de dólares. Hoy día, bajo la dirección de su presidente Frank J. Klein, el Ritz ha recobrado su distintivo como una hermosa joya de la hotelería en la capital francesa. Pero lo que realmente hace la diferencia es el servicio, y como el personal es siempre el mismo, cada huésped es halagado al ser recibido con la misma cortesía, con la misma discreción y simplicidad y por la misma gente que lo reconoce en cada visita. El glorioso pasado del Ritz contribuyó a construir un mito a su alrededor y no otro establecimiento del tipo ha sido tan mencionado y referido en la literatura, el arte, la moda y hasta el cine, como éste...
Desde luego, la gastronomía ha ido de la mano para construir la merecida reputación máxima de este lugar, iniciada por el genio y padre de toda una escuela en materia culinaria, Auguste Escoffier. Éste, por mucho, fue considerado como el mejor chef de su tiempo y a su cosecha se debe la creación de platillos en honor siempre de algunas mujeres famosas que hasta hoy son celebrados como el ?peach Melba?, recordando a la grandiosa cantante australiana Nellie Melba o la ?poir belle Helene?, la pera bella Helena, creada para la boda de Helene Elles, hija de uno de los directores que sucedieron a César Ritz. Así pues, la tradición culinaria en su máxima expresión está representada hasta nuestros días por los célebres comedores del Espadon, sede y mudo testigo de numerosas soirées de gala de ayer y hoy. Recordamos alguna vez que cenamos con personajes de la talla del ahora presidente francés Jacques Chirac, o con la mismísima Grace Jones, una pantera en todo sentido, que estuvo muy en boga allá por los 80 y de París hizo su sitio de residencia favorito. También en otras estadías allí he departido y compartido el privilegio de gozar de gratos encuentros con el escritor Carlos Fuentes, Sharon Stone, Bruce Willis y Demi Moore; Stallone, Pepe Guindi y un sinfín de figuras más que gustan de hospedarse con gran estilo a su paso por París. Igualmente es reconfortante disfrutar de la bebida favorita en el bar Hemingway o el Vendome, lugares de reunión favoritos del tout París elegante. Asimismo, para una cena más tarde y un ambiente de atmósfera festiva, el Ritz Club sólo para socios distinguidos, hacen de ese local con entrada independiente del hotel, el sitio para trasnochar en perfecta exclusividad. Allí por cierto, conocí a una muy halagada y exitosa Inés de la Fressange, así como a Loulou de la Falaise. En general, el Ritz es un sinónimo de privilegio al que sólo los conocedores del paroixismo en lujo y refinamiento pueden acceder... Y hasta la próxima. ¡Abur! Comentarios al e-mail: interdif@df1.telmex.net.mx
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