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La lluvia ácida carcome las zonas verdes del DF

Edith Martínez| El Universal
Miércoles 13 de enero de 2010
Existen riesgos para la población pues el agua contaminada va al subsuelo y luego es extraída

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La lluvia ácida se extendió a todo el Distrito Federal. Los daños van desde la pérdida de nutrientes en el suelo de conservación, enfermedades en árboles, maltrato a monumentos históricos y edificios, hasta afectaciones a la salud humana.

El informe de 2008 sobre la Calidad del Aire en la ciudad de la Secretaría de Medio Ambiente (SMA) capitalina, reveló que 50% del territorio urbano y 100% del suelo de conservación sufren daños por la acidez del agua de lluvia.

Ernesto Urquiaga, químico de la UNAM, explicó que los efectos más peligrosos se encuentran en las zonas rurales, donde el suelo ha disminuido su fertilidad. En consecuencia, agregó, la vegetación desaparece favoreciendo la erosión del suelo “y al haber tierra suelta se facilitan los deslaves en los cerros, porque no hay nada que los detenga”.

El estudio de la SMA explica que la región con mayores daños está al sur del DF, principalmente en las zonas boscosas de la Sierra del Ajusco, del Desierto de los Leones y las zonas agrícolas de Tlalpan, Milpa Alta y Xochimilco.

El Programa Estratégico Forestal del DF 2006-2025, elaborado por la Comisión Nacional Forestal (Conafor) establece que los bosques de oyamel han sido los más afectados.

La lluvia ácida es característica de atmósferas contaminadas como la del DF, se forma de la combinación entre contaminantes gaseosos y vapor de agua.

Ernesto Urquiaga explicó que naturalmente el agua es ligeramente ácida debido al dióxido de carbono que se encuentra en el aire. Pero cuando el dióxido de azufre (SO2) y los óxidos de nitrógeno (NOx) reaccionan con la humedad de la atmósfera se forma ácido sulfúrico (H2SO4) y ácido nítrico (HNO3).

Ambas sustancias destruyen ecosistemas forestales, dañan los cultivos y deterioran el espacio urbano.

El especialista dice que la lluvia ácida, aún en pequeñas cantidades, depositada en cuerpos de agua como ríos, lagos y lagunas ocasiona la muerte de peces y de otros organismos acuáticos.

Aunque aún no están comprobados sus efectos directos en la salud humana, existen riesgos para la población debido a que el agua contaminada se infiltra al subsuelo para recargar los mantos acuíferos, este líquido después es extraído para el consumo de las personas.

La Secretaría de Medio Ambiente asegura que por mínima que sea la variación en el pH del agua es suficiente para romper el equilibrio de los ecosistemas.

La experiencia en otros países

Estados Unidos ha documentado que la lluvia ácida dañó las montañas Apalaches, en donde la disminución del calcio provocó la reducción en poblaciones de algunos tipos de aves de 1.7% por año entre 1966 y 1999.

En los bosques de Alemania, un trabajo realizado en 1995 mostró que más de la mitad de los árboles de los bosques del poniente tenían declinación debido a la precipitación ácida, a la deficiencia de magnesio en el suelo y a los efectos de otros contaminantes del aire.

 

En Suecia, en los últimos 30 años sus lagos presentaron aumento de acidez de hasta 150 veces por lo que el gobierno vierte miles de toneladas de cal por año para neutralizar los efectos de la acidez; sin embargo, el problema persiste.

La lluvia ácida afecta también las construcciones, principalmente de piedra caliza. Las más representativas son la Catedral de St. Paul en Londres, el Taj Majal en la India, el Coliseo en Roma y la Acrópolis en Grecia.

Sistema de Monitoreo

El Sistema de Monitoreo Atmosférico de la SMA establece que entre 2002 y 2005 disminuyó la acidez y sólo algunas de las estaciones de monitoreo localizadas en el sur y poniente de la ciudad registraron la presencia de lluvia ácida.

Desde 2006 volvió a elevarse por la combustión de las gasolinas.

Ernesto Urquiaga destacó que en la ciudad de México faltan estudios que determinen la afectación real generada por la acidez de las precipitaciones, así como estrategias para prevenir sus impactos.

Alejandro Soto Romero, gerente regional de Conafor para el DF, consideró que en primer lugar debe establecerse la extensión actual del suelo de conservación y de las zonas urbanas, porque este dato aún se desconoce.

Agregó que aunque las cifras oficiales señalan que 59% del territorio de la ciudad es de áreas naturales, el crecimiento poblacional ha reducido significativamente este espacio. Entre las acciones prioritarias, insistió, se requiere crear un programa forestal que garantice la conservación de los ecosistemas y analizar el levantamiento de la veda que existe en la ciudad para nuevas plantaciones.

 



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